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Pensamiento Masonico

Antiguos Documentos de la Masonería; El Autor y su Obra

Antiguos Documentos de la Masonería   - Mario Morales Charris
El Autor y su Obra
En 1596, en Edimburgo, Escocia, una Logia de constructores independientes, decidió un día incorporar a sus reuniones al primer no constructor de quien se tenga noticia haya sido admitido en un gremio de arquitectos. No era un extraño para los miembros del grupo. Era una persona relacionada con el trabajo que se hacía, de tal forma que se pensó que sus opiniones podían contribuir funcionalmente al objeto social del grupo, que no era otro que el de la construcción de edificios. Tampoco entró en igualdad de condiciones con los otros. Se le llamó "Masón Aceptado", y esta calidad era un equivalente a lo que hoy llamamos "Miembro Honorario".
Con esta decisión singular comenzó un cambio en la Masonería, inicialmente imposible de prever en sus consecuencias, pero que a la postre salvó a la Orden de una desaparición casi segura, tal como ocurrió con muchos otros gremios de oficio: surgió el germen de la Masonería Especulativa, que llevó a que a lo largo del siguiente siglo algunos perseguidos por delitos políticos y otros "conspiretas", como diríamos hoy, se refugiaran en su seno. Basta con imaginar un poco, en beneficio de la exposición, lo que implicaría hoy que esa cabañita que llamaban Logia, anexa a la construcción de un nuevo edificio, sirviera de refugio, o caleta, para las reuniones de los intelectuales de izquierda, y/o los que quieren que el gobierno en ejercicio se caiga. La policía los busca, los gobernantes los persiguen y gran parte de la sociedad no está de acuerdo con sus ideas y procederes, pero ellos allí, por alguna razón legal estarían a salvo de allanamientos, operativos, etc.
 
Naturalmente, en esas reuniones no se hablaba de reforma agraria, ni de la redistribución del ingreso y la propiedad privada, que ahora propone hasta la Iglesia Católica, ni del proletariado obrero, ni de las masas campesinas. Al fin y al cabo, todavía faltaban casi dos siglos para que Marx escribiera El Capital, casi tres para que los Bolcheviques se tomaran el poder en Rusia, Mao hiciera la Revolución Cultural en China, y casi cuatro para el asalto de Fidel Castro al Cuartel Moncada, la Guerra Fría, el Foquismo del Che Guevara; y para que la Conferencia Episcopal de Medellín de 1968, en desarrollo de la apertura a los nuevos tiempos (Aggiornamento) del Concilio Vaticano Segundo, aprobara la Opción Preferencial por los Pobres que dio lugar a la Teología de la Liberación, que a su vez produjo unos que otros desmanes revolucionarios y un Malletazo desde Roma que dejó a los lideres de ese movimiento practicando "Votos de Silencio". Y lo que es aún más ininteligible para los economistas: nadie –absolutamente nadie– había oído hablar de un tal Keynes, y mucho menos de una lectura monetarista de la inflación y el empleo.
 
Naturalmente, en esas reuniones no se hablaba de reforma agraria, ni de la redistribución del ingreso y la propiedad privada, que ahora propone hasta la Iglesia Católica, ni del proletariado obrero, ni de las masas campesinas. Al fin y al cabo, todavía faltaban casi dos siglos para que Marx escribiera El Capital, casi tres para que los Bolcheviques se tomaran el poder en Rusia, Mao hiciera la Revolución Cultural en China, y casi cuatro para el asalto de Fidel Castro al Cuartel Moncada, la Guerra Fría, el Foquismo del Che Guevara; y para que la Conferencia Episcopal de Medellín de 1968, en desarrollo de la apertura a los nuevos tiempos (Aggiornamento) del Concilio Vaticano Segundo, aprobara la Opción Preferencial por los Pobres que dio lugar a la Teología de la Liberación, que a su vez produjo unos que otros desmanes revolucionarios y un Malletazo desde Roma que dejó a los lideres de ese movimiento practicando "Votos de Silencio". Y lo que es aún más ininteligible para los economistas: nadie –absolutamente nadie– había oído hablar de un tal Keynes, y mucho menos de una lectura monetarista de la inflación y el empleo.
 
En aquellas Logias, un miembro protegido de la acción policiva del trono y del altar, recomienda a otro, y este a otro más, y así sucesivamente, hasta que surgieron problemas con los albañiles, que seguramente no querían oír hablar de autonomía personal, ni del discurso del Método de Descartes, ni de racionalismo, ni de Locke, y a los que además les intranquilizaba que se hablara mal del Rey, y del Papa y Obispo de turno.
 
Ellos eran gente afable, de vida sencilla y honorable, que se ganaban la vida honradamente, gozaban de buen prestigio en la sociedad y no querían problemas con la autoridad del Rey ni con la Iglesia Católica que desde hacia siglos había sido su principal cliente y fuente de ingreso.
 
Nadie los hubiera convencido –y hasta se hubieran reído– si les contaban que un Masón gringo de apellido Mckey iba a sostener dos siglos más tarde (con mucho éxito, dicho sea de paso) que desde la antigüedad existía un funcionario que se titulaba Gran Maestro, que en las Logias nunca se habían aceptado mujeres, y que los Landmarks eran 25. Se hubieran burlado de nuestro candor histórico y hubieran tratado de loco a Mckey.
 
Posteriormente, la dinámica de los tiempos llevó a la creación de Logias integradas exclusivamente por aquellos nuevos "Masones Aceptados", en las que no participaron los constructores. Ahí terminamos de nacer los Masones Especulativos y se salvo la Masonería. Ya que de haberse continuado con la cómoda supervivencia de la tradición, las escuelas y Universidades de Arquitectura, sobre todo las de Milán, les hubieran hecho perder importancia, como en efecto sucedió, al no haber la necesidad de afiliarse a una Logia para construir edificios, fueran estos religiosos, civiles o militares.
 
Una nueva y peculiar circunstancia daría el impulso definitivo a la Masonería moderna y la salvaría de la extinción. En Londres, en 1717, se da un caso sui generis. Uno de esos "Masones Especulativos", el Duque de Wharton encarga a un religioso que no era Masón, James Anderson, la redacción de una constitución para una nueva organización Masónica que había concebido, bajo el título de Gran Logia y la dirección de un funcionario, que nunca había existido en la Masonería, denominado Gran Maestro. Esta propuesta consistía en la federación de tres grupos (Logias) que se reunían en tabernas a hacer lo que siempre se ha hecho en las tabernas: consumir licor y comer en abundancia, sin mayor actividad intelectual ni, mucho menos, relación con el gremio de constructores.
 
En desarrollo de lo encargado, Anderson busca la ayuda de su yerno Teófilo Desaguliers, que tampoco era Masón, y redacta las célebres Constituciones de Anderson, tanto las de 1723 como las reformas que a ellas se hicieron en 1738. Pese a su nacimiento exótico, este cuerpo normativo se considera punto de partida de la doctrina y el derecho Masónico moderno.
 
Lo malo del caso, es que Anderson y/o Desaguliers se dedicaron a recopilar reglamentos anteriores de las Logias, tanto Operativas como Especulativas, y destruyó los que llegaron a sus manos. Sin embargo, les sobrevivieron los suficientes como para distinguir entre lo que era antiguo y lo que era novedad. Este libro es la prueba reina de la manipulación histórica.
 
Los documentos que el Gran Maestro de la Gran Logia del Norte de Colombia, Mario Morales Chárris, pone ahora a disposición del estudio veraz de nuestras fuentes historiográficas, son el resultado de sus disciplinas intelectuales colocadas a disposición del análisis de la evolución institucional Masónica, y una necesaria advertencia acerca del cuidado que debemos tener al consultar nuestra extensa bibliografía.
 
La larga trayectoria Masónica de Mario Morales Ch., alcanza ya los 25 años desde que el 15 de febrero de 1980 se iniciara en la Logia Triple Alianza N° 2, jurisdiccionada a la Gran Logia Nacional de Colombia. Allí recibió los tres primeros grados simbólicos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y posteriormente en la Logia de Perfección Atlántico N° 2, que funcionaba en el tercer piso del mismo edificio, el cuarto Grado 4°. Con el paso del tiempo, atraído por el ambiente intelectual y académico que se vivía en la Gran Logia del Norte de Colombia, se afilió a ella en el año 1996, a través de la Logia Amistad N° 4, de la que fue elegido Venerable Maestro en 1999. Luego resultó electo Diputado Gran Maestro de la Gran Logia del Norte de Colombia en el año 2002, y para coronar su carrera simbólica, Gran Maestro en 2003. Cargo desde el que ahora nos sorprende con la compilación sistemática y ordenada de Documentos Masónicos anteriores a 1717.
 
En la Franja filosófica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, su actividad ha sido también febril. Dentro de la Jurisdicción del Supremo Consejo del Grado 33 Para Colombia, fundado en 1833, ha sido, en el Valle de Barranquilla, presidente de la Logia de Perfección Atlántico N° 2, y tres veces Presidente del Soberano Capítulo Rosacruz En el Delta N° 5, que es el cuerpo Masónico, en actividad, más antiguo de Barranquilla.
 
Y ahí no para su contribución a la Orden. Representó con honores a la Masonería Colombiana en el Coloquio y Asamblea General de CLIPSAS, que se celebró en la Isla de Guadalupe, Departamento de Ultramar de Francia en el Caribe. Igualmente lo hizo este año en Santiago de Chile. Se ha desempeñado con brillantez en el comité de redacción de la revista PLANCHA MASÓNICA y la revista Humanista EL MISIONERO, desde donde brinda sus luces ilustradas a través de interesantes ensayos que siempre son leído con atención.
 
Además de lo anterior, Mario Morales Chárris es economista de la Universidad del Atlántico y candidato a Magister en Proyectos de Desarrollo Social de la Universidad del Norte. Igualmente se ha desempeñado como profesor universitario en las universidades Atlántico, Autónoma del Caribe, Corporación Universitaria de la Costa, Del Norte y en la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). A la par ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Atlántico en dos oportunidades, Vicerrector Administrativo y de Bienestar, y Rector Encargado. Sin contar que en lo público ocupó el cargo de Secretario de Educación y Diputado del Departamento del Atlántico, en donde se distinguió por su fervorosa lucha por la educación pública universal y gratuita.
 
Su ritmo de trabajo lo ha llevado a ser colaborador de los periódicos EL HERALDO y LA LIBERTAD de la ciudad de Barranquilla, participante destacado en concursos de historia, autor de un libro sobre análisis financiero y autor de varios cursos universitarios.
 
Y si lo anterior no fuera suficiente, no sabemos como, pero aún tiene tiempo para mantener una de las colecciones privadas de numismática más importante de la Costa Norte Colombiana, y su familia, conformada por su esposa Gloria y tres hijos, nunca se han quejado porque no les dedique tiempo. Sus días deben tener por lo menos 35 horas.
 
De tal forma que la aplicación al trabajo, el rigor académico del autor de este libro y su intención intelectual de destacar los documentos que conformaron el caldo de cultivo medieval y renacentista en que creció, se reprodujo y evolucionó la Masonería se constituye en uno de los más importante aportes a la literatura especializada de la Orden que se halla hecho en Colombia.
 
Que así sea.
 
Iván Herrera Michel. 33°
Ex Gran Maestro 

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