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Pensamiento Masonico

DISCURSO del Gran Maestro Jean-Michel QUILLARDET en AUSCHWITZ

DISCURSO del Gran Maestro Jean-Michel QUILLARDET en AUSCHWITZ

18 de Febrero de 2007

Horror e innominable.
Noche y niebla. Memoria y vigilancia.
Comprometerse, resistir, combatir.
Gimamos y esperemos.

Sobre esta tierra, en lo sucesivo portadora del grito universal, del mártir incomparable, del trágico inmemorial, pienso primero en estas mujeres, estos niños, estos hombres arrancados de su destino, de su dignidad, de su humanidad, y tan quebrantados, rotos, torturados, violados, flameados, por otros hombres.

Este grito, esta herida y esta falta de humanidad son los nuestros. Sus lágrimas son las nuestras. Sus muertos son los nuestros. Su coraje es en lo sucesivo nuestro ejemplo.

Cómo olvidar la cara de este niño amedrentado y aislado, separado de su padre y su madre, esta mirada que implora ternura, caricias y besos y que recibe sólo golpes, equivocados y muertos y de quien la luz viva chispeante de estos jóvenes ojos entonces es recubierto con inmundicias del oscurantismo bestial.

Todos estos niños son los nuestros y a los que ellos lloran, lloro también la parte de humanidad que tantos hombres enterraron y sepultaron bajo su inmensa cobardía.

Pienso en estas mujeres, en marcha, en marcha todavía bajo los ladridos de los perros, los cadáveres ya, en por muy bellas sin embargo. Estos cuerpos hundidos, esta feminidad magullada, estas almas manchadas. Soy esta mujer, y su memoria se imprimirá, para la eternidad, en el fondo de mi corazón.

Pienso en estos hombres, metidos en rediles como bestias, humillados, asesinados, en la figura terrible de estos huesos demacrados que se adelantan hacia la muerte, dignos, estos hombres, estas mujeres, estos niños, las víctimas del crimen más grande contra la humanidad jamás cometido.

Estos hombres, estas mujeres, estos niños, pequeñas figuras debilitadas y deshumanizadas y sin embargo hoy, testigos de su propia grandeza, reenviándonos nuestras memorias de tan noble y resplandeciente humanidad.

Pienso también en todos aquellos que por espíritu de sistema, por voluntad, por falta de coraje, por costumbre permitieron que ocurriera. Sí, todos estos Prefectos de Francia que firmaron Decretos de redada o de Deportación, como si firman Órdenes de vertedero, algunas aumentadas, sin que se les pida nada, "con los niños".

Sí, todos estos franceses valientes, policías o gendarmes, que no vacilaron sin estado de alma que ejecutaron las órdenes porque eran las órdenes. Sí, todos estos franceses que miraban pasar los convoys y los trenes sin decir nada.

Sí, a estos Oficiales nazis y refinados del ejército, sin duda, que después inmoralmente podían sin estremecerse jugar a ser Mozart sobre su piano con mujeres y niños.

Terrible Lección: sí los hombres fueron capaces de esto. Sí los hombres fueron capaces de lo peor.

Es el espejo de nuestra iniciación: miremos nuestras caras, el peor enemigo del hombre es el mismo, el peor enemigo de la humanidad, es la humanidad misma.

Estamos aquí para acordarnos de que aqui perecieron hombres, mujeres, niños judíos, y que perecieron con sufrimientos atroces. Estamos aquí para recordar al torturado, al ajusticiado.

Será lo sucesivo para siempre, cualesquiera que sean nuestras identidades, nuestras creencias, nuestras singularidades, nuestra mirada, nuestra memoria, nuestra Historia.

La inmensidad del crimen, del inconcebible verdugo, hacen, evidentemente, irrisorio, parcial y parcelario nuestro deber de decir, de gritar, de denunciar.

Por eso hay que unir nuestras fuerzas, nuestras diferencias para abrir los ojos del mundo y terminar el tiempo de los criados de la muerte, los enamorados del odio, los necrófagos de la esperanza.

Sin duda la historia conoció antes de Auschwitz tantas atrocidades y crímenes en masa, y pienso aquí en la trata de esclavos negros así como en el genocidio Armenio.

Pero el shoah sobrepasó todo lo que el mundo había conocido de barbarie. El descubrimiento del universo de los campos de concentración, la puesta en ejecución del exterminio industrial, planificado, organizado al servicio de una ideología puramente antisemita, racista y xenófoba, demostró una extensión impensable del crimen.

La barbarie Nazi tiene esto de ejemplar respecto a la Historia, que quería negar, descalificar, erradicar al judío de la Humanidad, y después el gitano, el homosexual, el miembro de la Resistencia, el diferente… Primo Levi lo había comprendido bien, no pudo sobrevivir, de una parte, al hecho de que el hombre sea capaz de tanto odio pero también a la memoria de los y las que perecieron, oliendo que era imposible para él continuar viviendo mientras que había sobrevivido.

Su gesto expresa entonces la victoria brillante de la emoción incomparable de la división del humano tan echado en cara a los verdugos sanguinarios. Escuchemos a Primo Levi responder la cuestión: ¿cómo explica el odio antisemita?: "Posiblemente que lo que pasó no puede ser comprendido, y hasta no debe ser comprendido en la medida en que comprender, casi es justificar. Ningún hombre normal jamás podrá identificarse con Hitler, con Himmler, con Goebbels, con Eichmann, con tantos otros todavía. Esto nos desvía y nos reconforta al mismo tiempo porque es posiblemente deseable que lo que dijeron - y también, por desgracia, lo que hicieron - no nos sea comprensible jamás. Son palabras y acciones no humanas, o más bien antihumanas, sin reseñas históricas precedentes y dónde se podría con gran pena comparar con los episodios más crueles de la lucha biológica por la existencia. Si la guerra puede tener una proximidad con este género de luchas, Auschwitz no tiene que ver nada con la guerra, no constituye una etapa, no es una forma exagerada. La guerra es una realidad terrible que existe desde hace tiempo: es lamentable, pero está en nosotros, tiene su propia racionalidad, la comprendemos. Pero en el odio Nazi no hay nada racional: es un odio que no está en nosotros, que es extraño para el hombre, es un fruto venenoso nacido de la cepa funesta del fascismo… No podemos comprenderla; pero debemos y podemos comprender de donde se deriva y mantenernos en guardia. Si comprenderla es imposible, conocerla es necesario… "

En efecto, si se piensa en este crimen, en sus otros crímenes de masas, de genocidios perpetuados en el curso de nuestra Historia, y si se reflexiona para saber donde situarlos en nuestra Memoria, no encuentro ningún lugar.

Simplemente quiero decir que esto no es parte de lo humano y sin embargo, paradoja trágica, son otros hombres quienes abandonaron así su parte de humanidad.

Si estamos reunidos aquí, es también para decir, simplemente, tranquilamente, claramente: no perdonemos. No puede haber aquí perdón. No al perdón.

No se trata de odio. Primo Levi responde: "el odio es bastante extraño para mi temperamento. Me parece un sentimiento bestial y grosero " y como eco Vladimir Jankelevitch escribió: "perdonar esto sería eliminar a los que ya se quería que no existieran más, y que su voz esté definitivamente perdida. "

Perdonar, eso sería olvidar. Y nuestro papel, para nosotros que conocemos la importancia del tiempo y constituimos y reconstituimos, siempre, esta cadena de eslabones reunidos, es llevar nuestro ideal allende las contingencias del mundo, ante los estados precarios de los Hombres.

Francmasones, Francmasonas, Humanistas, Universalistas, a la vez actores y testigos de la Historia, tomemos un poco esta tierra, un poco de esta memoria, un poco de este sufrimiento para reunir y confundirnos, humildemente, con esta humanidad, con esta condición humana de la que cada hombre debe ser únicamente responsable pero que a su vez es esencialmente responsable.

Este viaje hacia el infierno nos emociona profundamente y a la vez nos llena de tristeza y de rebelión pero, sacando de nosotros la inmensa grandeza de todos los deportados, con ellos, para ellos, nos marchamos de nuevo con nuestras convicciones todavía más fuertes: " ¡nunca más esto!"

Escuchemos el discurso del Premio Nobel de la Literatura del 2002, el escritor húngaro, antiguo deportado, Imre Kertesz:

"En el Holocausto descubrí la condición humana, el término de una gran aventura dónde los europeos llegaron al cabo de dos mil años de cultura y de moral. Ahora, hay que reflexionar e ir más lejos. El problema de Auschwitz no es saber si hay que tirar una línea o no, si debemos guardarlo en la memoria o más bien ponerlo en el cajón apropiado de la Historia, si hacer erigir monumentos a los millones de víctimas y cual debe ser este monumento. El problema verdadero de Auschwitz es que se hizo, y con la voluntad mejor o peor del mundo, no podemos cambiar nada de esto… La sola posibilidad de sobrevivir, de conservar fuerzas creadoras es descubrir este punto cero. ¿Por qué esta lucidez no sería fértil? … "

¿Cómo podemos pensar después de Auschwitz? ¿Cómo todavía podemos ser felices después de Auschwitz? ¿Cómo todavía podemos ser un hombre en pié después de Auschwitz?

Y sin embargo estos matarifes, estos asesinos, primero quisieron eliminar toda la experiencia de la Europa de las Luces, quisieron acabar con este viejo humanismo, esta idea cierta del hombre para la cual combatimos tanto, la violaron para hacerla perder así al hombre todo el sentido y el peso de su ser, de su vida, sus sentimientos y sus felicidades.

¿Pero el tiempo de los bárbaros no está volviendo? ¿En Ruanda, en Darfour, los atentados ciegos y sin piedad? ¿ Todavía no entendemos aquí y allí, los resabios subterráneos que todavía no se atreven a salir al descubierto, antisemitas, este olor característico de este viejo fantasma, de este viejo mito asentado del antisemitismo?

¿Entendemos que es vulgar, estúpido y peligroso, clamar alto y fuerte que hay que aniquilar el Estado Israelí y su pueblo?

La bestia inmunda, este monstruo frío, que como en la novela de Kafka, se acuesta, se despliega y todavía se despliega y como se asfixia y muy rápidamente se ahoga; esta bestia inmunda siempre está dispuesta a renacer.

¿No veis, amigos, el vuelo negro del cuervo sobre nuestras planicies?.

¿Amigos, no veis en el cielo negro, estas manos rojas de sangre estrangular nuestras palomas?

¿No escucháis, amigos, este rumor de los que no hablaron bajo la tortura y sobre todo de quiénes hablaron?

Escuchad la voz de los que dijeron no y los que combatieron y los que, finalmente, vencieron la barbarie.

Aquí señalamos con un signo imborrable, con un signo que resonará todavía con todas sus fuerzas a lo largo de nuestra Historia, la memoria y lo que pasó aquí, pero este signo nos llama a levantarnos, a acordarnos para llevar la esperanza de un mundo mejor.

Esta luz que nos viene de siglos pasados, debemos transmitirla para siempre, para reencontrar la sonrisa de los niños, la fuerza, la sabiduría y la belleza de las Mujeres y de los Hombres de la libertad, la igualdad y la Fraternidad.

André Verdet escribió entre el 30 de abril y 12 de mayo de 1944 aquí en Auschwitz estos versos: "Aun cuando todos los seres que amo vengan para morir Habrían muerto los que me dejaron a solas. Así como habría muerto para siempre tan hormigueante la tierra. Aun cuando apagados los astros y hogares. Y de ti de mi amor la eternidad Si la noche de las noches aplastaba al mundo De su pámpano tupido de las tinieblas heladas. Aun cuando más un soplo de vida Excepto el mío más solitario que la noche Y más amenazado todavía. Aun cuando irremediable el armazón continue Entonces en este universo petrificado mis labios forjarían con oro el nombre de una aurora nueva… "

Sí, Tierra de la noche, tierra de miseria, pero tierra de esperanza y de Luz. Nacimos para decir tu nombre, para pelear por ti, para llevarte con todos tus muertos, con los niños, y los recién nacidos de tus muertos, nacimos para llevarte y decir entonces: combatamos por la esperanza cueste lo que cueste.

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