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Pensamiento Masonico

VIGENCIA DE LA MASONERÍA

VIGENCIA DE LA MASONERÍA

Tomado del blog: COLECTANEA MASONICA


Antes de entrar en el meollo de la cuestión, quisiera matizar los términos mismos del título del tema previsto para hoy que, como sabéis, es: LA VIGENCIA DE LA FRANCMASONERÍA. Me interesa sobre todo distinguir el concepto de VIGENCIA del de ACTUALIDAD. Lo que voy a intentar argumentar esta tarde, es que la institución masónica conserva todo su vigor y potencialidad para ser una propuesta cultural y por lo tanto social, entre otras muchas, que ofrece al individuo y a la sociedad unas herramientas conceptuales, un marco de valores, unas disciplinas y unos métodos que pueden ayudar a afrontar los problemas que tiene planteados la humanidad, y más específicamente nuestra sociedad occidental, cuando mira al horizonte de su futuro.


Pero si me preguntan si la Masonería está “de actualidad”, pues evidentemente: ¡NO! La Masonería no es una moda, ni está de moda, y su propio método, estructura y objeto son ajenos a este concepto. El vigor de la Masonería no le viene otorgado por el interés que las masas puedan dedicarle sino por la validez de sus métodos en la resolución de las raíces de los problemas.

El tema es oportuno por dos razones:

Una, porque, cada vez que nos manifestamos al público, ya sea directamente, como en este caso, o a través de los medios de comunicación, las preguntas más recurrentes son: “¿La Masonería tiene algún sentido hoy en día? ¿No ha quedado obsoleta con esos ritos antiguos, esos collares y esos mandiles? ¿Qué papel puede jugar la Masonería en el mundo que se nos viene encima? ¿No están ya conseguidos los objetivos de Libertad, Igualdad y Fraternidad en la sociedad actual? Bueno, quizás esta última pregunta, hoy nadie se atrevería a formularla en estos términos ¡porque a la vista está que no es así!

Dos, porque solemos referirnos a la Masonería Universal como a una institución. En las sociedades de larga e in-interrumpida tradición masónica, los ciudadanos saben ubicarla, implícita o explícitamente, entre las demás instituciones sociales que componen su superestructura y donde se asientan sus fuentes de valores más fundamentales. Es decir, saben qué valores e ideas defienden y promueven y qué otros no, porque hay una huella histórica que lo testimonia. Pero en España, durante más de cuarenta años la Masonería no ha tenido cabida. Se ha creado un vacío institucional que ha sido ocupado parcialmente por otras. Además, la secuela dejada en el imaginario colectivo por el anti-masonismo salvaje practicado desde el Estado, está haciendo especialmente ardua la tarea de reconstrucción de la Masonería en nuestro suelo.

Ahora que vuelve a constituirse en opción no basta con que se legalice y se abran algunos talleres para que los ciudadanos de nuestro país, súbitamente, recuperen la memoria. Entre otras cosas, porque no son los mismos de aquella época. Los españoles de hoy, aunque adjudiquen irracionalmente un valor a la Masonería, sencillamente, no saben lo que es ésta, ni para qué sirve.

En la GLSE, hace ya varios años que nos hemos dado cuenta de que el desarrollo de nuestra institución en España debe pasar por una recuperación de lo que yo llamaría “la normalidad masónica”. Este proceso de “re-naturalización” nos ha llevado a emprender diferentes campañas de comunicación con la pretensión de deshacer los clichés de oscurantismo, secretismo y complotismo, y al mismo tiempo dejar claros ciertos mensajes en la sociedad española acerca de nosotros y que resumo de la siguiente forma:

1. La Francmasonería es una organización que está a la altura de las exigencias éticas de una sociedad moderna y en la que la mujer trabaja en pie de igualdad con el varón. 2. La Francmasonería tiene un pasado de dignidad del que debemos estar orgullosos y por el que tenemos derecho a una recuperación de nuestro honor, manchado desde el Estado. 3. Los intereses de la Francmasonería se vuelcan, simultáneamente, hacia la construcción del individuo y hacia la construcción de la sociedad.

¡Resumiendo! Nosotros venimos diciendo: “¡Aquí estamos!” y la sociedad nos interpela: “¡Bienvenidos!... ¿Y que pintáis en esta fiesta/guerra?”

¡Pues bien, esa es la pregunta a la que queremos dar respuesta, hoy!

Para cumplir con nuestro propósito os propongo el siguiente plan: En un primer apartado vamos a describir este fenómeno que es la Masonería, resaltando aquellos aspectos que son particularmente significativos, desde lo que constitutivamente es, para argumentar su vigencia. En un segundo término vamos a entrar de lleno en el desarrollo de la argumentación de la misma, limitándonos a las razones ontológicas.

Vamos pues con el primer objetivo: ¿QUÉ ES LA MASONERÍA?

Si bien la divisa de la Masonería es L.I.F. su objetivo operativo, su rol institucional es mucho más amplio y complejo. Para no andarme por las ramas voy a leeros lo que dice la Constitución de la Gran Logia Simbólica Española en su artículo primero:

“La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral, y por el perfeccionamiento espiritual, intelectual y social de toda la humanidad. Tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto de los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Considerando que las concepciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo rechaza cualquier afirmación dogmática. Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Cada Francmasón interpretará la invocación al Gran Arquitecto del Universo según le dicte su conciencia con el mayor respeto hacia las diferentes interpretaciones y hacia los Hermanos que las sustentan.”

De forma parecida se expresan la casi totalidad de las Obediencias masónicas en el mundo, y que resumo así: compromiso con la humanidad, con toda. Compromiso con el individuo.

No cabe duda, pues que el propósito de la Masonería es la consecución de una humanidad feliz en términos espirituales y materiales. Pero al mismo tiempo es consciente que ninguna sociedad puede alcanzar la felicidad si no está construida para que quepan todos sus individuos y que estos puedan encontrar en ella las posibilidades para su desarrollo; es decir: una sociedad a la medida del individuo. Si no sabemos cuales son las determinaciones íntimas de la naturaleza humana, cuales son sus requisitos para ser feliz, si no sabemos que quiere decir “desarrollo”, difícilmente podremos diseñar la sociedad ideal. Por eso la estrategia que emplea la Masonería, en un primer tramo de su recorrido, para alcanzar su objetivo es centrar su atención en el conocimiento de la arquitectura íntima del ser humano, manteniendo este en un primer plano sin perder de vista el fondo del cuadro, es decir , la sociedad y tras ella la Naturaleza. En el conflicto individuo/sociedad radican los principales problemas que el ser humano ha venido arrostrando a lo largo de su historia. El Hombre es un producto social y la sociedad es una colección de Hombres. Esta co-implicación, esta ambigüedad, que como veremos se manifiesta existencialmente, es la que intenta resolver el método Masónico con el bagaje de su tradición.

Atendiendo pues a este propósito, voy a intentar una aproximación a la Masonería describiéndola como 1) un filosofar, 2) un método y 3) un compromiso.

Primero: UN FILOSOFAR.

Si, como decía Krause, la ocupación de la Masonería es atender a lo que es común a todos los seres humanos en cuanto que puro y completo Hombre, yo me voy a permitir ahondar en esta línea de razonamiento.

Si bien es difícil definir lo esencial del ser humano en una sola frase, podemos señalar como uno de los fundamentos de su existencia el pensar. Como decía Husserl, el pensar es, esencialmente, pensar que se piensa a sí mismo. En la libertad que nos viene dada por esta estructura del pensar radican las conquistas que el hombre puede llevar a cabo en distintas esferas. En el terreno ético y personal, la posibilidad de que podamos adueñarnos de nuestros propios valores y de asir el destino individual se asienta también en el comprender el “a priori” de los modelos en los que se basa la misma comprensión. Asimismo, dentro de la esfera política y social, el desarrollo de una ética y de unos criterios propios son los verdaderos cimientos de una democracia y de una sociedad participativa.

Nuestra democracia, especialmente, necesita individuos capaces de obligar a la clase política, mediante una crítica sólida, a volver la mirada hacia la realidad e intereses genuinos de la sociedad. Éste es un trabajo que sólo puede ser el fruto de un pensamiento crítico, verdaderamente comprometido con lo humano y con la contundencia suficiente como para crear hábitos y tradición.

La filosofía, por su parte, es, justamente, la ciencia del “a priori”. Porque a la comprensión del hombre le resulta abierto el “a priori”, podemos decir de él que es, en cierto modo, constitutivamente filósofo. Claro que ello no nos autoriza en ningún momento a suponer que podemos prescindir de la filosofía como ciencia con la esperanza de que nuestra constitutiva condición de filósofos más la mera yuxtaposición de experiencias vividas serán suficientes para nutrir nuestro pensamiento. Pero es en este rasgo constitutivo en el que se fundamenta la Masonería para intentar cultivar la integralidad del Hombre que somos y por eso la Masonería tiene necesariamente que ser un filosofar.

La Masonería apuesta, pues, por una sociedad de individuos capaces de hacerse a sí mismos y de apropiarse de sus valores éticos y morales. Todo su método se fundamenta en la provocación de este encuentro con sí mismo, con su ser, que debe necesariamente expresarse en términos de libertad y de autodeterminación.

Los talleres masónicos suelen ser foros de debates de carácter ético-filosóficos, que ponen a prueba el grado de validez de las ideas de cada uno, su capacidad para defenderlas, mejorarlas y ejercer la tolerancia como cualidad indispensable para la convivencia.

Cuanto más compleja es la sociedad más necesario se hace este ejercicio, más profundo debe ser el análisis ético de las nuevas circunstancias que los acontecimientos van conformando porque estos son cada vez más profusos e interrelacionados, es decir, más complejos y más co-implicados. O el individuo se capacita en la construcción de su propia ética y de su propia interpretación del mundo para tomar sus propias decisiones, o tendrá que utilizar la ética de otros y la interpretación de otros. Serán otros los que te piensen.

Segundo: EL MÉTODO.

Es un método en cuanto que se proponen unas pautas que si son practicadas tal como el propio método lo especifica conducirá al individuo, en un alarde de LIBERTAD, a la toma de posesión de sí mismo. Este método es lo que convierte a la Masonería en una TRADICIÓN INICIÁTICA. Estas pautas son, fundamentalmente, unos ritos, unas disciplinas de conducta y, sobre todo, un lenguaje propio y específico para pensar adecuadamente acerca de nuestra esencia y de nuestro ser, y que recogen la experiencia acumulada a lo largo de la historia en la tarea específica de devenir HOMBRE, con mayúsculas.

Al que se inicia en Masonería se le dan, nada más entrar, dos encargos que van a constituir sus tareas principales: CONSTRÚYETE A TI MISMO (Pule tu piedra, Lo que tu haces te hace), y CONÓCETE A TI MISMO (la famosa fórmula del VITRIOL). Y se le dice: “esto solo puedes lograrlo 1) con el concurso de los demás, 2) aprendiendo a interpretar los símbolos y 3) adoptando una actitud productiva-constructiva”.

El lenguaje iniciático es, pues, simbólico, sus ritos son discursos simbólicos y alegóricos que representan una guía para adentrarnos en un mundo interior. Cuando en el mundo exterior queremos desplazarnos a una calle de nuestra ciudad que no conocemos nos guiamos por un mapa que nos conduce con precisión a nuestro destino. El mundo interior se caracteriza porque todos sus contenidos son subjetivos y experimentales, es decir, todo lo contrario del objetivable mundo exterior.

El primero esta poblado de sensaciones, emociones, ideas, creencias, seguridades, deseos, proyectos, miedos, complejos, etc. Sin embargo esta aparente selva tiene una estructura y una dinámica que pueden ser gestionadas. Todo progreso en esta gestión se pondrá de manifiesto en un progreso en la gestión de ese otro mundo exterior, aunque sólo sea en términos de comprensión: Si me comprendo mejor a mí mismo, comprendo mejor al otro. Pero el lenguaje utilizado en ese mundo interior es uno muy peculiar: el SIMBÓLICO. El ritual es pues ese discurso simbólico vivido que nuestro mundo subjetivo es capaz de reconocer por estar escrito en su “lengua materna”.

El modo habitual y primario en que se encuentra el ser humano en el mundo es el de la cotidianidad. Su introducción a este mundo se ha hecho concienzudamente desde su más tierna infancia. Después, a través de iniciaciones más o menos explícitas se le ha preparado para afrontar cada una de las etapas de la vida: el Bautismo, la escuela, la pubertad, la Comunión, la Universidad, el mundo laboral, el matrimonio, los hijos, etc. A nuevas etapas de maduración, nuevas herramientas, nuevas obligaciones también… Pero todas estas iniciaciones lo preparaban para enfundarse en el mundo, para acomodarse, para acoplarse, para “solucionarse” en él. En esta necesaria acomodación corre el riesgo de quedarse petrificado.

Muchos, en un momento determinado de sus vidas, se sorprenden a sí-mismos huyendo hacia el mundo, distraídos de sí-mismos, y sienten la apremiante necesidad de volver a casa, a la morada interior, de abandonar al Minotauro que los tiene prisioneros en su cotidianidad. Pero hay un laberinto que franquear. Las soluciones son tan variadas como los individuos. ¡Quien tuviera a mano, entonces, un de esos hilos de Ariadna…!

La Tradición Iniciática es ese “Hilo de Ariadna”, una solución más para empezar este viaje de vuelta a la casa donde el Hombre esencial se encuentra con su ser. Acaso no podríamos intentar una primera definición de esta Tradición diciendo que es el conjunto de conocimientos y pautas, recogidos durante toda la historia de la humanidad con el propósito específico de producir ese encuentro del individuo con su ser en su más auténtica originalidad, de “descotidianizarnos”.

Todos los elementos simbólicos de nuestro método masónico conducen a este fin, nos muestran el camino, nos dosifican el esfuerzo, nos gradúan los obstáculos. Pero estos símbolos requieren una exégesis hermenéutica porque la Vía Iniciática y la Hermenéutica persiguen el mismo fin: el desvelamiento de lo que hay de sagrado, de verdad, de auténtico, en nosotros, en los demás y en los entes que nos rodean. LA VIA INICIÁTICA ES HERMENÉUSIS VIVIDA.

Tercero: UN COMPROMISO.

Compromiso por cuanto que la masonería no es un simple laboratorio de especulación, si no que la transformación que se opera en el individuo desemboca en una asunción de responsabilidad primero consigo mismo y después con el mundo. Este compromiso se concreta en tres finalidades que podríamos llamar: la finalidad constructiva, la finalidad educativa y la finalidad ética.

1.- Finalidad constructiva:

Es característico que cualquier actividad profesional desarrolle un argot que le es propio y con el cual puede abordar su trabajo con la precisión y matización que este requiere y que el simple repertorio léxico común no permite. También es característico que este vocabulario profesional lo utilice para interpretar y expresar otros ámbitos de la vida estableciendo analogías y metáforas entre un universo semántico y otro. Esto es lo que le ocurre al masón cuando inscribe toda su panoplia de principios, valores, métodos y fines en lo que podríamos llamar LA METÁFORA DE LA CONSTRUCCIÓN.

Así, para el masón, la vida es una construcción en un escenario en el que asume un doble trabajo edificativo: por una parte, una construcción interna, por otra parte, una construcción externa.

Para el trabajo de construcción interna parte de un principio fundamental de la tradición gremial: LO QUE TU HACES, TE HACE, que viene a completar el otro principio de la tradición iniciática: CONOCETE A TI MISMO. De estos dos principios se deriva toda una declaración ontológica que podríamos resumir así: PROGRESA-CONOCIÉNDOTE (progresar es conocerse), TRABAJANDO-PRODUCIENDO (uno se conoce trabajando y trabajar no es sólo ocuparse, es rendir un producto), PARA SER TÚ MISMO (Progresa trabajando, para ser tú mismo; o dicho de otra forma: Conócete produciendo, para ser tú mismo).

Para el trabajo de construcción externa, el masón parte también de una evidencia que le demuestra cotidianamente su quehacer profesional: LA COORDINACIÓN DE LOS ESFUERZOS PARA EL FIN PRODUCTIVO COMÚN. La sociedad es pues una suma de aportes. Esto obliga a convenir, pactar, mediar, entenderse... en definitiva civilizarse. La dinámica del pillaje, del botín, del aprovechamiento del producto del otro o el abuso de la naturaleza no es admisible, desde esta perspectiva.

Así mismo, este compromiso con una actitud constructiva sitúa el concepto de libertad en su justa medida, entendiéndolo no solo como la posibilidad de elegir entre lo ya dado, como una libertad de consumo, sino como la capacidad para construirnos nuestras nuevas alternativas. La originalidad buscada, pues, no es el escoger la manera en qué queremos estar sino un escoger qué queremos ser, que queremos producir, cómo queremos producirnos, qué don de nosotros mismos queremos brindar a la posteridad. Es una cuestión que se inscribe en el tiempo aunque se manifieste en el espacio.

Y de esta manera de concebir al individuo y a la humanidad se derivan los tres principios emblemáticos de la Masonería: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

Así pues, como vemos, el compromiso masónico esta íntimamente ligado al concepto de construcción.

2.- Finalidad educativa:

Otro aspecto fundamental del compromiso masónico es el educativo. La cultura y el conocimiento son los únicos agentes capaces de liberar al individuo del determinismo de sus condicionamientos, incluso de aquellos que la propia cultura puede “ensemillar”. Por eso la Masonería se constituye en espacio docente para sus miembros, aplicando una pedagogía que le es propia y que denota un gran conocimiento de la naturaleza y la psicología humanas. Por eso también la Masonería es fundamentalmente TRADICIÓN, y tradición implica transmisión.

Este particular método de enseñanza es el que queda recogido en un concepto que se ha venido repitiendo a lo largo de esta exposición y que no es otro que el de la INICIACIÓN. Una iniciación es una experiencia real por la que pasa un individuo, en la que se le hace entrega de las herramientas necesarias para acometer una concreta etapa de maduración en su evolución natural como ser humano. Esa maduración implicará el aprendizaje del manejo de dichas herramientas y la asunción de la responsabilidad que conlleva su uso.

Una finalidad fundamental de la masonería es educar a la persona y hacerla mejor. Ofreciéndole elementos de reflexión, incitándola a la investigación, al estudio y a desarrollar su capacidad crítica y proporcionándole escenarios de convivencia en los que tiene que poner a prueba sus virtudes humanas. Este particular método de enseñanza se distribuye en tres grados o etapas conocidos como GRADO DE APRENDIZ, GRADO DE COMPAÑERO y GRADO DE MAESTRO.

Podríamos afirmar que la masonería es una escuela. No solamente una escuela de lo culto, donde se utiliza la razón y se cultiva el conocimiento culto, sino también, una escuela de lo oculto, oculto en el sentido fenomenológico, de aquello que las apariencias y la cotidianidad no permiten nunca ver. En definitiva: una escuela iniciática.

Este compromiso con la enseñanza es la razón por la cual la Masonería, o si se prefiere el ideal masónico, tuvo mucho que ver con la difusión de ciertas ideologías más o menos conexas con el mundo de la educación, como la escuela moderna de Ferrer y Guardia, con la Institución Libre de Enseñanza, con la escuela única, con los librepensadores, con el laicismo de la enseñanza... ya que una de las máximas preocupaciones de la Masonería ha sido siempre todo lo relacionado con la formación del hombre en sus distintas etapas de la vida.

3.- Finalidad ética:

Otra idea fuerza que sintetiza un tercer aspecto del compromiso masónico dentro de nuestra tradición es la definición que damos de una logia como CENTRO DE LA UNIÓN, aspecto que recoge las Constituciones de Anderson.

El origen de todas las persecuciones y desconfianzas que ha padecido la masonería, tanto por parte de la Iglesia como por parte de ciertas monarquías y de todos los regímenes totalitarios (Cuba es una excepción) es que se practica y se busca en las logias una convivencia fraternal y mutuamente enriquecedora entre diferentes sensibilidades y perspectivas, religiosas, políticas, étnicas, etc.

La Masonería se fundamenta en un marco de valores comunes. Como dice Javier Otaola, esos valores actúan como “una "matriz de sentido", a partir de la cual cada masón construye su propia perspectiva de sentido. Se presenta a sí misma como un meta-sistema, para permitir el pluralismo de sistemas en su interior, para constituirse en un centro de unión entre "constructores" que llegan a la logia desde horizontes diferentes, con sus propios referentes, para permitir el dialogo y la comunicación entre quienes de otro modo permanecerían incomunicados.”

Este objetivo de reunir lo disperso, de entendernos con el diferente, constituye la esencia misma del método masónico. Esto obliga a un continuo cuestionamiento de nuestros propios posicionamientos y buscar las claves éticas que permitan la mejor expresión de todos sin perder de vista el objetivo constructivo común.

Hay que decir que en esta finalidad se encuentra la verdadera piedra de toque del sistema. Convertirse en un espacio de REFLEXIÓN ETICA es la máxima aspiración que puede alimentar una logia y el mejor ejemplo de sociabilidad que pueda experimentar un masón.

La laicidad preconizada por la Masonería en el ámbito político no es más que la extensión de este principio de convivencia.

Pero por Ética no solo debemos entender el ejercicio de reflexión aplicado a la valoración de las conductas humanas. También es la búsqueda de aquello que quiero ser-y-hacer que mejor le va a la forma en que mejor me reconozco a mí mismo. Descubrir si soy un peral o un membrillo o un naranjo, o si sólo soy chopo que cultivan otros por mi madera.

Abordemos ahora el segundo objetivo de nuestra charla: ¿CUALES SON LAS RAZONES DE LA VIGENCIA DE LA MASONERÍA? Voy a basar mi argumentación en tres razones:

Primera razón:

LA MASONERÍA ES VIGENTE PORQUE LA ARQUITECTURA ONTOLÓGICA DEL SER HUMANO HA SIDO, ES Y SEGUIRÁ SIENDO SIEMPRE LA MISMA.

Del Hombre se dice que es un animal “RACIONAL”. De esta tradicional, escueta y criticada definición darwinista de lo que somos, se pueden extraer varias conclusiones. Pero la característica de la racionalidad que ahora me interesa destacar es la de la COMPRENSIÓN. A partir del momento en que, en el curso de la evolución de las especies, aparece sobre la Tierra ese fenómeno nuevo que es la REFLEXIÓN, el ente que la exhibe se llama a sí mismo Hombre. Por la propia constitución misma de esta reflexión, a ese Hombre, lo hemos visto antes, le surge una nueva necesidad básica: COMPRENDER. No comprender no es un problema para el animal que llevamos dentro, pero sí lo es para el Hombre que somos encima. Este Hombre se siente mal si no comprende y se gratifica íntimamente cuando comprende.

Pero ¿que quiere decir COMPRENDER? ¿Es sencillamente identificar y reconocer los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor? Creo que a este comprender le faltaría un requisito para convertirlo en una comprensión existenciaria. Yo lo llamaría a este requisito, EL SENTIDO. La necesidad de comprender, además de responder a una repugnancia natural a la incoherencia, nos empuja a buscar la coherencia de nuestro sí-mismo consigo mismo, con los otros y con el mundo. Comprender es hallar el sentido, el papel que juegan todos los fenómenos puestos en permanente relación conmigo mismo, lo que nos llevará a un descubrir sistemas en lugar de simplemente ver cosas.

¿Y porqué es relevante la cuestión del sentido? Pues porque el fundamento del ser humano estriba en la POSIBILIDAD (madre de la LIBERTAD) que el ejercicio de la reflexión le ha otorgado ya para siempre jamás. Y dado que es un ser que anda siempre en la posibilidad se tiene que preocupar muy mucho de que significan las cosas para él. ¡Vaya faena que nos ha hecho la reflexión… nos ha convertido en un SER-PRE-OCUPADO! Y en el centro de esta preocupación ¡LA MUERTE!

Es conveniente tener claro que la cuestión del sentido sólo tiene sentido para el Hombre. Pero para él, el sentido es la incógnita que tiene que despejar en esta ecuación de la vida; tanto es así que comprender algo es comprender-el-sentido de algo, porque eso equivale a COMPRENDERSE A SÍ-MISMO.

El ser humano es un ser-en-el-mundo, mundo al que se enfrenta y del que depende. Ser humano, cuya permanente y primera tarea es su consustancial “pre-ocupación” por ser-ya-siempre, por culpa de esta reflexión, un ser que se contempla a sí-mismo frente al mundo con su precariedad a cuestas. En este “PRE” de su ocupación, de su cuidado, se halla la raíz de su ontológica necesidad de asirse en su más genuina originalidad que en cada momento YA ES, y para eso tiene que preguntarse por el sentido de las cosas.

Esto es precisamente lo que intenta lograr la Masonería: 1) dar sentido a la Vida, 2) adueñarnos de nuestra originalidad y 3) resolver el tema de la Muerte.

Segunda razón:

LA MASONERÍA ES VIGENTE PORQUE LA VIDA EN EL MUNDO, ENTRE LOS DEMÁS, HA DETERMINADO, DETERMINA Y DETERMINARÁ SIEMPRE, UNA ESPECÍFICA Y PERMANENTE PROBLEMÁTICA CUYA RESOLUCIÓN DEBE AFRONTAR EL SER HUMANO EN SU PROCESO DE MADURACIÓN.

Aquí, sólo me voy a referir a dos ejes principales de esta problemática: El primero: LA COMPLEJIDAD DE NUESTRAS MOTIVACIONES

El Hombre, como cualquier otro animal, depende para su supervivencia de una específica actividad para la que dispone de una energía vital y unas pautas de comportamiento ensayadas y aprendidas, o simplemente heredadas genéticamente. Se sabe que aquellos grupos de homínidos que supieron convivir en mayor número, tuvieron más éxito; pero la razón de este éxito no ha consistido tanto en la cantidad de individuos como en la complejidad de las interacciones sociales, creciente en progresión geométrica respecto de la cantidad, y que estas, mutatis mutandi, dieron origen a lo que de manera general llamamos razón.

Para poder manipular tal complejidad, se desarrolla simultáneamente un lenguaje que permite intercambiar información e integrar a la prole mediante un proceso de aprendizaje llamado socialización. Este proceso de socialización no sólo implica el aprendizaje del lenguaje, conlleva además, ante cada una de las experiencias de aprendizaje, una respuesta afectiva propia, aunque modulada fuertemente por los educadores o el grupo social con quien se viva dicha experiencia. El lenguaje nos permite tanto la identificación de los fenómenos que nos hacen frente en el mundo, como la identificación de los estados internos y referirnos a ellos, en una especie de auto-conversación.

En este proceso socializador, y como para rematar la complejidad de la situación, además de un lenguaje y de una modulación de nuestra vida afectiva, se nos inculca un preciso código moral consistente en un efectivo sistema de auto-gratificación /auto-castigo para ajustar nuestra conducta a lo socialmente conveniente.

Pero la cosa no termina aquí, porque tras el aprendizaje viene el uso y, tras este, los hábitos. Hábitos que nos proporcionan virtudes y vicios, estrategias, preferencias, voluntad, autocontrol para gestionar nuestros hábitos,…

Seguramente, si me hubiera limitado a decir que el ser humano es muy complejo y que ni él mismo conoce las verdaderas razones profundas de su conducta, todos habríamos estado de acuerdo. Pero he creído oportuno aportar a la discusión los materiales que producen tal complejidad para dejar bien claro que, tras la emergente conducta del individuo que se manifiesta en palabras y actos, se esconde un verdadero laberinto de intenciones que interesa investigar (interpretar).

El segundo eje: LA COMPLEJIDAD DEL MUNDO: LA PROFANIDAD

A esta complejidad de nuestra estructura motivacional se añade otra aún más difícil de desentrañar: la de la cultura social que nos acoge y nos integra. Tres aspectos quisiera considerar aquí:

En primer lugar hay que destacar la enorme complejidad de nuestro sistema de interacciones sociales, frente a la relativamente manejable relación con las cosas. Lo verdaderamente complicado es tratar con el “otro”, y prueba de ello es que las ciencias físicas han avanzado muchísimo más que las humanas. ¿Por qué interesa resaltar esto? Pues porque conviene darnos cuenta de que el principal caudal de actos comunicativos humanos se produce para gestionar esta convivencia con los otros. Los científicos han hallado una correlación entre el tamaño del cerebro y la complejidad social de las comunidades animales, es decir la capacidad de establecer alianzas, de simular, de reconocer, entre los semejantes, a los amigos de los enemigos., etc. En la vida social, ponerse en el lugar del otro es poder anticipar sus movimientos, o sea, interpretar al otro, y esto significa poder ¡todo un prodigio de elaboraciones mentales!

Un segundo factor a tener en cuenta es el poder encubridor de lo cotidiano. La repetición, el hábito, el placer de hacer lo que ya se sabe hacer y reconocerse en ello, la tendencia a la imitación, la búsqueda de la aprobación social, terminan condicionando la conducta a elementos superficiales de la situación y la razón primaria y originaria que tales actos pudieran tener quedan velados, encubiertos para el actor, si es que alguna vez llegó a tener alguna justificación clara para ellos.

Pero, no sólo es el individuo quien se olvida de la razón primaria de sus actos; también la sociedad, la cultura, el lenguaje por lo tanto, se aleja de sus motivos originarios, haciendo más difícil aún la recuperación del origen que ahora ya, inevitablemente, debe pasar por un trabajo previo de deconstrucción. Para tomarnos el asunto con un poco de humor y distender el ambiente, reproduzco aquí aquella historieta que ya circuló por la red y que ilustra bastante bien lo que quiero decir:

“Psicología social y psicología del aprendizaje. Experimento. 1. Se meten 20 monos en una habitación cerrada. 2. Se cuelga un plátano del techo y se coloca una escalera para poder alcanzarlo, asegurándose de que no exista ningún otro modo de alcanzar el plátano que no sea subiendo por la escalera. 3. Se instala un sistema que haga caer una lluvia de agua helada en toda la habitación cuando un mono empiece a subir la escalera. 4. Se demuestra empíricamente que los monos aprenden rápido que no es posible subir la escalera evitando el sistema de agua helada. 5. Desconectamos el sistema de agua helada. 6. Reemplazamos uno de los 20 monos por uno nuevo. Inmediatamente intentará subir la escalera para alcanzar el plátano y, sin entender por qué, será hinchado a hostias por los demás. 7. Reemplazamos ahora uno de los viejos monos por otro nuevo. Este será hinchado a hostias también y el mono introducido justo antes que el será precisamente el que más fuerte le pegue. 8. Continuamos el proceso hasta cambiar los 20 monos originales y que queden únicamente monos nuevos. 9. Ahora ninguno intentará subir la escalera y, más aún, si por cualquier razón a alguno se le ocurre pensarlo, éste será inmediatamente masacrado por el resto de los monos; y lo peor es que será sin motivo alguno y sin que ninguno de los monos tenga la menor idea del porqué de la paliza. Y así, queridos amigos, es como nace la "cultura", y su más excelsa expresión: la Tradición.”

Fin de la historieta

Y así deambulamos, confortablemente perdidos en una maraña de costumbres, por este azaroso mundo, intentando comunicarnos con un lenguaje que no significa lo mismo para todos; con unas metas que no sabemos muy bien si responden a las frustraciones de nuestros padres, a las propias nuestras, o a las de la sociedad “bien-pensante” que tiene la manía de querer prefabricarnos la vida; sintiendo vergüenzas y remordimientos que no tendríamos que sentir; ahogándonos en nuestras habladurías y en la acelerada obsolescencia del mundo que se nos ofrece, pero que nos dispensan de asumir la tremenda responsabilidad de nuestro propio proyecto. En fin, el Hombre, un ser perdido del sí-mismo, de su êthos, enajenándose en el mundo.

Una aclaración se impone para justificar el despectivo tratamiento dado a esta inclinación natural del Hombre a sumirse en el mundo. En realidad sólo se trata de una argucia retórica para hacer más evidente la otra inclinación, igual de natural, aunque más oculta y sin embargo más primaria, de buscar su coherencia interna, de autodeterminarse, de elegir su destino. Para el cultivo de esta otra inclinación también va a hallar en el mundo y en los otros, las herramientas, las ayudas y los materiales necesarios. Esta inclinación sería tan susceptible de caricaturización como la primera. Lo que en este punto quiero expresar es que no se trata de oponer un vil mundo consumista y reclamativo en el que el Hombre se pierde, frente a un mundo interior o divino, mágico, verdadero a fuerza de subjetivo, en el que el Hombre se encuentra consigo mismo. Más bien se trata de evidenciar las dos actitudes básicas que el Hombre puede ejercer, estando en el mundo, porque en ellas radica la consustancial ambigüedad del ser humano. Ambigüedad que, por otra parte, se retroalimenta interiormente con una dialéctica constante entre esos dos polos en tensión, produciendo como resultado la trama de la vida humana.

En nuestro universo masónico estos conceptos equivaldrían a los de Mundo Profano y Mundo Sagrado (Templo). Nuestros ritos nos enseñan que debemos complementar estos dos mundos en una unidad de vida; así es como debemos entender que la recomendación, al finalizar la tenida, de continuar en el mundo profano el trabajo que hemos empezado en el templo; o la otra de dejar los metales fuera del templo para recogerlos a la salida.

Así pues, en esta segunda razón, dos complejidades que se alimentan mutuamente porque la una es reflejo de la otra. Dos complejidades que no podemos evitar, sean cuales sean los modos de vida y culturas reinantes y frente a las cuales es lícito que el Hombre reaccione intentando gestionarlas.

Esto es precisamente lo que procura la Masonería a través de dos propuestas prácticas. Primera, desarrollando toda una pedagogía del silencio para que nuestro ser emerja del fondo de nosotros mismos y no quede oculto por el ruido. De esta manera, las raíces de nuestras motivaciones quedan más evidentes como emergencias volitivas de esa originalidad buscada que nosotros llamamos piedra o secreto, y que, poco a poco va perfilándose. Segunda, con la práctica de una hermenéutica de los símbolos para pasar a una hermenéutica de la Vida.

Tercera razón:

LA MASONERÍA ES MÁS NECESARIA QUE NUNCA PORQUE LOS RETOS QUE TIENE ANTE SÍ LA HUMANIDAD NO TIENEN PARANGÓN CON SITUACIONES ANTERIORES Y POR LO TANTO EL DEBATE ÉTICO TIENE QUE REPLANTEARSE MÁS QUE NUNCA EN TÉRMINOS DE UNIVERSALIDAD.

Pienso que el mundo de nuestros días viene determinado por cuatro líneas de acontecimientos que interactúan entre sí, y que se desarrollan con una gran autonomía respecto de las voluntades políticas o de los intereses generales. Son como grandes jinetes cuya figura aún anda definiéndose entre apocalíptica o caballeresca. Me refiero al crecimiento demográfico, el deterioro ecológico, el vertiginoso desarrollo tecnológico y la globalización. El régimen de cambios sociales, de mentalidades, de hábitos, de gustos y formas de vida, es tan acelerado que en pocas décadas tendremos instalada sobre la faz de la tierra una civilización que tendrá muy pocos parecidos con lo que hoy conocemos.

Y, sin embargo, el humano del mañana tendrá la misma estructura ontológica que el de hoy, y todo lo que será mañana se encuentra contenido en las posibilidades que hoy ya tiene ante sí. Todo dependerá de su sabiduría para escoger aquellas posibilidades que lo conduzcan a una vida con mayores oportunidades para la felicidad y menores tasas de sufrimiento. Para ello deberá centrar su desarrollo, como individuo y como grupo, en tres habilidades humanas, y en ellas radican nuestras propuestas de trabajo:

1) una creatividad que permita emprender el desarrollo integral y sostenible de los pueblos, DE TODOS LOS PUEBLOS.

2) una capacidad negociadora y mediadora que permita alcanzar acuerdos hacia nuevos sistemas éticos de aceptación universal y

3) una solidaridad inquebrantable con la vida.

Creo que si sabemos sobre-izarnos sobre estas potencialidades humanas conseguiremos transfigurar a nuestros jinetes apocalípticos en buenos aurigas que tiren del carro del progreso.

Para el masón, estas propuestas no son más que la extensión de su propio método de trabajo y de los valores sobre los que este se asienta: solidaridad, trabajo, libertad para construirse.

Este modelo de convivencia que es una Logia constituida en CENTRO DE UNION nos puede servir de inspiración para orientar la construcción de una sociedad que, protegiendo el florecimiento y respeto de las diferencias garantice que ninguna de ellas se erija en predominante y se adjudique privilegios. En definitiva estoy hablando de una sociedad LAICA entendiendo la laicidad, no como una práctica anticlerical (con la que desgraciadamente se confunde a menudo) sino como una definición normativa de alcance universal donde todo aquello que sea constitutivamente valido para el ser humano, incluido el cultivo del sentimiento religioso, cada uno en su forma y medida, sea respetado e incluso protegido.

En un mundo que corre hacia una globalización brutal, donde la multi-culturalidad será probablemente uno de los factores que más transforme el tono de nuestra vida cotidiana, pienso que la capacidad mediadora que subyace en el método masónico cobra una especial vigencia que no podemos permitirnos desdeñar en un escenario tan explosivo como el que estamos viviendo, en el cual, si la masonería pretende mantener su vocación mundialista es evidente que tendrá que seguir trabajando en pos de la instauración de valores transculturales que todos los protagonistas puedan aceptar de partida, y esto deberá pasar obligatoriamente por un ejercicio de mediación cultural que lleve implícito la revisión de nuestras creencias más profundas y de nuestros apriorismos más ocultos. copyrigth. (c) José Luis Cobos

 

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5 comentarios

arturo sanchez gomez -

no creo que la masoneria este vigente,en la actualidad,soy de mexico y la historia marca que la masoneria participo en la lucha de independencia de 1810,en las leyes de reforma,en la revolucion mexicana,pero actualmente dados los sucesos en mexico en estos ultimos 10 años,la masoneria esta soterrada ,escondida aliada con la derecha y con la iglesia,no tiene fe en sus ideales por amor a la humanidad.

JOSE MARIA CORTES RODRIGUEZ -

PRIMERO MIS FELICITACIONES A UNA SITUACION DEL PRESENTE, POR OTRO LADO ESTOY DE ACUERDO CON LO EXPUESTO, Y DEBEMOS DIFUNDIRLO.UN TAF
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R. Díaz -

La filosofía masónica es muy interesante, lamentablemente existen muchos pseudo-masones quienes actúan con mucha incoherencia.

Daniel Hundskopf -

Gran visita de su linda pagina Web os saludo Frat:. y felicito.
Daniel Hundskopf
p:.V:.M:. J:.P:.L:. Cosmos
al Or:. de Neuchâtel Suiza

Luis -

Si realmente sois librepensadores, os puedo indicar un blog que dice otra cosa sobre la masoneria, es:

www.masoneeria-mi-experiencia.blogspot.com

Salu2.
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