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Pensamiento Masonico

El poder

Al hablar de poder me refiero a poder como autoridad. Hablo de la autoridad que ejercemos, unas personas sobre otras. De la autoridad, como concepto de relación interpersonal, que va más allá del poder institucional, legal, económico, social o político.

Yo creo que todos tenemos una cierta dosis de poder. El poder, la autoridad, no depende tanto de la persona que lo ejerce como de la actitud que los que tiene enfrente adoptan ante quien lo ejerce. Así, en un extremo estarían los se abrogan el poder y los serviles que se lo reconocen y en el otro los que tienen poder porque se lo damos los demás y no lo ejercen, aunque pudieran. Y entre estos dos extremos hay infinidad de matices.

No es malo tener poder, lo que es malo es el uso que de él hacemos. Yo tengo poder sobre mis hijos, la opinión que yo tenga de ellos es tan importante para ellos que puedo influir en sus vidas de una forma muy sutil o muy zafia, y también puedo ser consciente de este poder que ellos me otorgan y no hacer uso de él, pues se convertiría en abuso. Y del ejercicio que yo haga de ese poder que me otorga el ser su padre o madre, se desprenderá la posibilidad de ganarme su respeto y, por lo tanto, la autoridad sobre ellos, o que lo pierda irremisiblemente.

Hay muchas personas que tienen poder sobre mí. No me refiero a las que pueden decidir sobre mi presente o mi futuro, sino a aquellas de las que me importa su opinión, su cariño, su aprobación. Probablemente muchas de estas personas ignoren la autoridad que yo les otorgo, pero la tienen desde mi consentimiento y la perderán en el momento en que me demuestren que no son dignas de ella, porque usen de ese poder o abusen de su autoridad sobre mí.

La tiranía del débil se manifiesta de múltiples maneras. No olvidemos que hay formas muy sutiles de ejercer el chantaje y la coacción. El trabajo personal consiste en discernir cuándo ha llegado el momento de no ceder a la imposición, al atropello al que intentan someternos. Primero por respeto a nosotros mismos y segundo por rechazo a la dominación ajena.

El dominio sobre nosotros mismos, en definitiva, lo debemos ejercer nosotros y solamente así podremos seguir respetándonos. La raíz de todo ello está en la ausencia de libertad por parte de quien se siente oprimido o acosado. Libertad a la que se ha renunciado o no ha sabido trabajar.

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