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Pensamiento Masonico

PLEGARIA POR EL IMBECIL

Giovanny Papini

Dejad que mane de mi corazón de lobo sentimental una oración que varias veces ha subido hasta mis labios durante estos días.  No podría vivir tranquilo ni un días mas si no saliera de mi, precisamente de mi un acto de contrición, una publica prueba de afecto: ¡ Dejad que por lo menos una vez, rece por todos los imbéciles del mundo!


Cuando os contemplo reunidos en las calles, los bares, los teatros o en los tranvías, se apodera de mi una ternura grande e invencible y tengo que reprimir la tentación de echaros los brazos al cuello y de besaros las manos.  En aquellos momentos mi compasión es realmente infinita y debo esconderla bajo la mas brutal dureza para no humillaros mas de lo necesario.


Cuando pienso en lo que os falta y os faltara durante toda la vida, en las emociones que no sentís, en las verdades que no aferráis, en la belleza que se os escapa y en el valor que os falta, yo, que no tengo las lagrimas fáciles, tendría, en serio, ganas de llorar.  Pasan por el mundo sin penetrar en el alma de vuestras mujeres, ni en la de vuestros compañeros y ni aun en la vuestra, en vuestra infinitamente pequeña alma.  Yo se que cuatro, cinco, diez ideas os bastan para toda la vida, para todos los usos cotidianos, para el día y  la noche, para  la amante y el peluquero, para hablar o escribir y que en vuestro cerebro, sin ventanas por el lado del cielo, no entran sino las verdades comunes a los demás.


Yo se con matemática certidumbre, que veis con el pensamiento y los ojos de otros y que admiráis solo aquello a lo que los demás pusieron el sello de la fama.


A mi que me importa si os reís antes que los demás de este amor puro platónico.  Sois necesarios a la humanidad y a nosotros mismo los que tenemos un poco de inteligencia que tenemos necesidad de vosotros y de vuestra desaprobación.  Habéis naufragado para que nosotros pudiéramos emerger; os rebajáis para que podamos subir.  Permitidme que siga rezando por vuestra alma, imbéciles convencidos e innumerables.


No hay ninguna ley que prohíba tener piedad de los felices.  Y vosotros, imbéciles de mi alma, sois felices, tremendamente felices.  Tanto que tiemblo por vuestra vida futura, porque no se prometió el cielo a los felices de la tierra.


Permitidme pues, que rece por vosotros, imbéciles precioso y deseables. Celebro y alabo al Señor para que os dé lo que pedís y para que vuestros deseos sean escuchados sin dilación.  Todos menos uno: que vuestra Imbecilidad se transforme en Inteligencia.  En tal caso os volveríais parecidos a mi y por eso seríais mis rivales y adversarios.  Tal como ahora sois me parecéis perfectos.  Elevamos una plegaria por vuestra perpetua conservación: Continuad, seguid, insistid, obstináis en la imbecilidad ¡ No traiciones vuestro destino y nuestra esperanza!...  Amen.

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1 comentario

carlos mario hernandes -

tengo ke hacer un ensayo de esto para el 16 de septiembre y mi novia hermosa publico este mensaje por hacerme gastar plata en internet
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