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Pensamiento Masonico

El triple filtro de Sócrates

El triple filtro de Sócrates

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

– ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

– Espera un minuto –replicó Sócrates–. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

– ¿Triple filtro?

– Correcto –continuó Sócrates–. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

– No –dijo el hombre–, realmente solo escuché sobre eso y...

– Bien –dijo Sócrates–. Entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, por el contrario...

– Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro el filtro de la utilidad: ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, la verdad que no.

– Bien –concluyó Sócrates–, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

En la masoneria como en todas las congregaciones humanas siempre crece el espontaneo germen de los chismes, este tipo de comentarios la mayoria de las veces realizados sin mala intencion en un principio, pueden ser capitalizados por los rencores y los resentimientos latentes en los escuchas,  en este escrito Socrates conciente de su imperfeccion, no se permite el riesgo de caer en tentacion y decide no recibir estos comentarios.

Desconfia de quien te habla mal de los demas,  mas tarde lo hara de ti.

Unicornio.

DESIDERATA

Camina plácido entre el ruido y la prisa
y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.
En cuanto sea posible y sin rendirte,
mantén buenas relaciones con todas las personas.
Enuncia tu verdad de una manera serena y clara
y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante,
también ellos tienen su propia historia.
Esquiva a las personas ruidosas y agresivas,
ya que son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado,
pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.

Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.
Mantén el interés en tu propia carrera
por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro
en el fortuito cambiar de los tiempos.
Sé cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños,
mas no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe.
Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales.
La vida esta llena de heroísmo.
Sé sincero contigo mismo, en especial no finjas el afecto
Y no seas cínico en el amor,
pues en medio de todas las arideces y desengaños,
es perenne como la hierba.

Acata dócilmente el consejo de los años
abandonando con donaire las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu,
para que te proteja en las adversidades repentinas.
Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sobre una sana disciplina, se benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo.
No menos que las plantas y las estrellas,
tienes derecho a existir.
Y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.

Por eso debes estar en paz con Dios
cualquiera que sea tu idea de El.
Y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.
Sé cauto, ¡esfuérzate por ser feliz!

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Desiderata = palabra latina que significa "cosas que se desean"
Fue escrito en 1927 por Max Ehrmann (1872-1945), abogado y filósofo de Harvard y publicado en 1948, después de su muerte, por su viuda, en el libro "Los poemas de Max Ehrman".
En 1956, el reverendo Kates, pastor de la iglesia de San Pablo en Baltimore (Maryland), incluyó el texto en una colección de poemas de su congregación.

Alguien cambió la fecha del poema unos 200 años al decir erróneamente que el poema se encontró en una inscripción fechada en 1692 grabada en una tumba de la antigua Iglesia de San Pablo de Baltimore. El año 1692 es el año en que se fundó la iglesia y no tiene nada que ver con la fecha de creación del poema.

GARDEL MASÓN; Litigio en torno a un finísimo ataúd

GARDEL MASÓN; Litigio en torno a un finísimo ataúd

De "El Colombiano" de Medellín
Por   Juan José Hoyos

La historia me la contó el negro Hernán Caro hace unos años en un bar de Junín adonde él va con sus amigos, todos los días, a hablar de tangos y a tomar café.
En la pared del fondo hay un solo cuadro: un retrato del cantante Carlos Gardel.
El negro me dijo que cuando Gardel murió en el aeródromo de Las Playas, el 24 de junio de 1935, hubo un litigio en torno a su ataúd, un cajón finísimo de madera comprado por encargo de la Paramount Pictures, la empresa productora de sus últimas películas.
El mejor ataúd que había ese día en las funerarias de Medellín.
La historia del litigio, bella y desconocida, fue rescatada del olvido por el periodista argentino Roberto Cassinelli, de la revista "Cantando", de Buenos Aires.
La revista lo envió a Medellín para preparar una edición especial sobre Gardel que se publicó en Buenos Aires el 27 de junio de 1961.
El reportero argentino fue recibido por Hernán Caro, Francisco Yoni, Hernán Restrepo Duque, Leonardo Alzate, Armando Duval y Saúl de Jesús Montoya Moreno.
Ellos lo ayudaron a buscar los rastros de los últimos días de Gardel en Medellín.
Cassinelli habló con músicos, periodistas, cantantes, productores de discos, toreros y gente de la radio para tratar de reconstruir día a día el itinerario del cantante en 1935.
Yo creo que logró su propósito, con contadas excepciones, como el episodio de la noche en que Gardel visitó con sus amigos un prostíbulo del entonces elegante barrio Lovaina.
Un maestro masón me dijo que el litigio tiene que ver con una Logia ya casi olvidada, tal vez la antigua Logia "Iris del Aburrá".
A esa sociedad secreta pertenecían varios personajes ilustres de nuestra ciudad, entre ellos el barítono italiano Roberto Ughetti.
Él había llegado a Colombia con la compañía de zarzuelas de Marina Ughetti, después de una gira de más de quince años por ciudades de España, África y América.
Cuando ocurrió el accidente en el que murió Gardel, la compañía estaba de gira en Medellín.

Entre los personajes que entrevistó el cronista estaba Marina Ughetti, hermana de Roberto, el barítono que pertenecía a la Logia.
En 1961, Marina ya estaba dedicada a la radio y había perdido la memoria casi por completo.
Por eso Cassinelli decidió hablar con su esposo, Roberto Crespo.
Él no pudo encontrar los papeles que guardaba sobre el caso Gardel, pero le reveló que su muerte imprevista y la de sus acompañantes, en Medellín, creó un problema que nadie esperaba: el de su velación y sus funerales.
Cuando le preguntaron quién se había encargado del asunto, Roberto Crespo contestó: "Gardel y sus acompañantes no tenían parientes o amigos que pudieran hacerse cargo inmediato de las cosas, salvo sus propios empresarios y un núcleo de artistas y personas importantes.
Excluyéndome a mí de la lista, puedo mencionar a don Jorge Isaza, de la empresa Cine Colombia; mi cuñado, Roberto Ughetti, y Fernando Morales, pertenecientes a la masonería colombiana".
Ellos sabían que Gardel pertenecía a una Logia y estaban celebrando la fiesta más sagrada de la Hermandad: la del 24 de junio, el día de San Juan Bautista, ¡el mismo día en que murió Gardel!
En un comienzo, Cassinelli no comprendió por qué era importante el papel de la masonería en la velación y los funerales de Gardel.
Crespo le explicó que la gestión del grupo masón para sepultar los restos de un Compañero en una ciudad tan católica como Medellín generó algunos problemas.
"¿Eso significa que Gardel??" preguntó, muy intrigado, Cassinelli.
"¡Era masón!" le contestó Roberto Crespo.
Luego le contó los pormenores de la historia.
"La primera medida nuestra se limitó a conseguir un lugar para instalar la capilla ardiente, donde velar los restos de Carlos Gardel y sus compañeros.
La generosa actitud del canónigo Enrique Uribe, párroco de La Metropolitana, basílica mayor de Medellín, zanjó las dificultades iniciales al ofrecer una casa quinta deshabitada, de su propiedad, ubicada en la Avenida de la Quebrada Arriba, entre Junín y el Puente Baltasar Ochoa". En 1961, la casa ya no existía.
Sólo quedaba un extenso solar donde se levantaban varios almacenes.
Crespo dice que la casa donde velaron a Gardel estaba situada en el mismo lugar de la mueblería Codilux.
"La antigua casa tenía una reja negra y una amplia puerta de dos hojas.
Un largo camino bordeado de césped y canteros florecidos conducía a una escalinata de mármol de pocos peldaños, distante de la calle una veintena de metros.
En las dos amplias salas se instalaron los ataúdes. El de Gardel se cambió posteriormente por encargo de la Paramount, tarea que cumplió su representante en Colombia", Hablando del sepelio del cantante, Crespo recordó que empezó alrededor de las diez de la mañana del martes 25 de junio.
"Antes de salir se realizó una curiosa ceremonia sobre el ataúd de Gardel.
Un grupo de masones rodeó el féretro y se procedió a dar unos golpes sobre la tapa.
Luego se inició la marcha hacia la iglesia de La Candelaria.
Fue larga, fatigosa, imponente. Cuando el ataúd de Gardel fue introducido en el atrio de la
Catedral en el Parque de Berrío, el pueblo católico participó de las exequias y media hora más tarde, después de diversas conversaciones, el grupo masón consiguió que se desalojara la iglesia de católicos para poder rendir ellos las correspondientes honras fúnebres al extinto Albañil de la secta que obedece al Gran Arquitecto y que practica la hermandad y la caridad".

En ese momento, mientras hablaba con Crespo, el periodista recordó unas palabras del torero Horacio Cano -"Canito"-, quien también lo acompañó recorriendo la ciudad: "Tuve la sensación de algo que pude ratificar durante la velación de sus restos, apenas trece días después".
Cano no le quiso decir ni una palabra más.
Roberto Crespo continuó con su relato: "A las 11:30 se pudo colocar el féretro sobre la carroza y se encaminó el cortejo hacia el Cementerio de San Pedro, por la Carrera Bolívar.  La última morada está en esa calle, entre Lovaina y Lima, a una distancia aproximada de dos kilómetros de la Iglesia de La Candelaria".
En el cementerio hubo otros problemas.
"Era inevitable -dijo Roberto Crespo-. No se pudo soldar el revestimiento metálico del ataúd de Gardel al llegar a la bóveda, pues el público era impresionante y no queríamos que ese acto tuviera trascendencia".
Los masones no dejaron el problema sin resolver.
"De ninguna manera. Nos retiramos del Cementerio, pero regresamos en la noche para retirar el cajón del nicho y soldar todo su contorno".
No se pudo evitar que parte del público nos acompañara, incluso el fotógrafo Obando, que registró ese instante.
Una foto notable, pues me ha permitido rememorar cosas ya olvidadas".
Meses después, por petición de la Paramount Pictures, el ataúd con los restos de Gardel fue sacado de la bóveda.
Don Luis Gómez Tirado, por encargo de la empresa "Expreso Antioquia", lo llevó en un largo y penoso viaje de varios días -a lomo de mula, en carro y en tren- hasta Buenaventura.
A lo largo del camino, los restos fueron velados de nuevo por la gente y hubo marchas de antorchas en varios municipios, como Caramanta y Supía, que duraron desde la medianoche hasta las primeras luces del alba.
Los restos de Gardel fueron recibidos en el puerto por Armando Defino y fueron llevados en barco hasta Nueva York, donde hubo un gran funeral organizado por la Paramount.
Finalmente, después de otro largo desfile fúnebre, fueron a parar al viejo Cementerio de La Chacarita, en Buenos Aires.
Solamente ahí terminó en paz este litigio en torno a su finísimo ataúd.

La vejez

La vejez

María Félix

No le tengo miedo a ser vieja, le tengo miedo a algo que va mucho más allá de la vejez: el derrumbe interior.

No les tengo miedo a las canas ni a las arrugas, sino a la falta de interés por la vida.

No tengo miedo a que me caigan encima los años, sino a caerme yo, a desmoronarme

La honestidad

Se cuenta que allá para el año 250 a.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la hija respondió:

- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz."

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fín, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.

Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.

Aquella bella joven – la del vaso vacío - sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe explicó:
- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.

Si para vencer, estuviera en juego tu Honestidad, entonces pierde. Así, serás siempre un Vencedor.


Cortesia:  QH:. Susana Garro

Disputas y rivalidades sobre los masones

Ciro A. Quiroz Otero

Su gran acogida secreta en Colombia se debe, en parte, a la difusión de una extraña versión que un obispo criollo de misa y olla hacía sobre ellos.

Según él, los martes a la hora trece los masones se reunían en forma clandestina en los subterráneos de una vieja casona y allí, bajo la rigidez de sus enigmáticos ritos, previa selección, tres gatos negros de diferentes edades, de menor a mayor, eran degollados. Vertida su sangre en pesadas copas de oro, uno por uno y según sus grados, bebían los hermanos en señal de perpetua fidelidad a la orden.

Con el tiempo, los feligreses dejaron de creer en la fantasía del prelado, ante la evidencia de la carencia de tantos gatos negros. Sin embargo, cuando se habla de masonería, el misterio ronda de tal modo que ni aún los masones se toman el trabajo de aclarar o confirmar lo que sobre ellos se diga, limitándose solo a definirse como obreros filosóficos del pensamiento y la libertad.

Se dice que son muchos los sucesos que pertenecen al reino del secreto de la masonería, sobre lo cual la oralidad aviva la información que deliberadamente no es consignada en sus actas. Por ejemplo: que encubrían las ‘joyas’ que Barreiro envió a Bolívar inmediatamente concluyó la batalla de Boyacá; qué llevó a Bolívar a prestar juramento en el Monte Sacro, cuya difusión le valió el liderazgo para su campaña en la causa de la libertad americana, en la que siendo reconocido como el mayor entre sus iguales contó con la ayuda de Petión y la solidaridad de los ingleses, unidos por lo del rito escocés ‘Antiguo y Aceptado’, y de los franceses que pusieron al lado suyo a Soublette; más aún, qué desencadenó el no menos misterioso hecho de su muerte en extrema pobreza, abandonado por los suyos, después de la llamada conspiración septembrina, por la que ordenó el fusilamiento de Padilla con toda su cámara, sabiendo que la intención no era matarlo sino llamarlo "al orden", por ser la masonería contraria a todas las formas de autoritarismo, puesto que la ligaban unos mismos principios con unos mismos tribunales especiales y preferentes en su interior, a lo cual con anterioridad y por convicción debían someterse. Serían acaso miembros de la logia Filológica de Bogotá, fundada el 8 de mayo de 1828.

En los registros de la logia Estrella del Tequendama se lee cómo un día, ante el repetido e indigno remate de esclavos, el 12 de marzo de 1851, el venerable de esa logia ordenó al hospitalario tomar el dinero acumulado en el "saco de pobres" y que se trasladara al jardín de Cándido (plaza de los periodistas) para comprar en la subasta a los negros que allí estaban en remate. Así lo hizo y al ganar la adjudicación, al correrse la escritura, se preguntó a título de quién debía hacerse; el hospitalario contestó: "a nombre de la libertad". Así quedaron libres los esclavos, sin que nadie se percatara que se trataba de un acto altruista y discreto de masonería.

La incógnita acude en busca de respuesta sin explicar por qué un hombre de la talla de Jorge Eliécer Gaitán, habiendo querido ser masón, no obtuvo el voto de confianza de quienes lo investigaron ni la fiabilidad de los miembros para ser admitido en la prestigiosa y centenaria Logia Veritas Vinci, del oriente de Bogotá, cuando su hermano Miguel Ángel era parte de la fraternidad.

Todos estos hechos que solo la masonería podría explicar van quedando en el transcurso de tiempo y espacio que avanzan "sin pausa pero sin prisa", refundidos "en la noche de los tiempos" como "verdad sabida y buena fe guardada", como concepto temporal de la verdadera historia, sin que "profanos", o sea los de afuera, sepan lo que ocurre en las "tenidas" o trabajos de sus templos.

Nadie sabe con precisión cómo y por qué Eduardo Santos, miembro de la logia Estrella del Tequendama, valiéndose de su amigo y fraterno Roberto Liévano, trajo 17 científicos extranjeros, sin importar su credo, para fortalecer la ciencia y la academia, al finalizar la Segunda Guerra, cuyos descendientes son hoy connotados ciudadanos dentro de la política y la burocracia nacional, ignorando estos por quién, por qué y cómo vinieron sus progenitores a Colombia.

Lo cierto es que sobre la masonería en Colombia mucho se dice y poco se sabe, solo que la Iglesia, por detestarla tanto, ha constituido su mayor medio de propagación.

Aunque el Vaticano la haya excomulgado en 16 bulas, muchos clérigos han pertenecido a sus talleres desde el presbítero Andersom, autor de la constitución masónica de 1717, hasta oscuros miembros del banco Ambrosiano, en la época de Juan XXIII, y cuánto pudieron influir en ese papa, lo que podría servir de justificado fundamento a la conocida frase de Enrique Santos Montejo, ‘Caliban’, cuando excomulgado por el obispo de Tunja por masón se limitó a decir: "de eso no hablo sino con cardenales hacia arriba".

Los masones, que alegan un origen anterior al cristianismo, se fundamentan en la geometría y se aconductan en los instrumentos de trabajo de los obreros de la construcción, operan según el funcionalismo arquitectónico del templo del Rey Salomón con sus jerarquías; se conforman con decir que son "hombres libres y de buenas costumbres" creyentes en la existencia de una fuerza superior a la cual llaman "Gran Arquitecto", que en la privacidad de cada quien se designa con el nombre que quiera.

Ni culto, ni creencia, la masonería carece de dogmas, tampoco se acoge a doctrinas. En sus templos no hay espacio para Satanás, por estar dedicados por entero al culto de razón, virtud y ciencia; podría ser un método para la inteligencia, resorte de tolerante voluntad y reflexión donde no se requiere la presencia de gatos negros para elucubrar sobre la estructura de la lógica inmersa en el todo y los esquemas abstractos de la razón; hoy más discreta que secreta.

Tan discretos como tolerantes universalmente, ante el riesgo que corría la Universidad de Georgetown, si salían de allí los jesuitas por disputas con ellos, los masones convinieron en que el águila que decora el escudo de la academia tenga en la garra derecha la cruz y en la izquierda la escuadra y el compás; por algo será.

El Tiempo - Junio 7 de 2006

EL FUTBOL COMO ESCUELA DE CIUDADANÍA

EL FUTBOL COMO ESCUELA DE CIUDADANÍA

Iván Herrera Michel. 33°

No ha existido una institución privada, ni mucho menos un deporte, en toda la historia de la humanidad, que haya alcanzado el grado de organización e implantación de la que hace gala el fútbol moderno.  Para comprobarlo, solo tenemos que observar que la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) posee más naciones vinculadas que la Organización de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

Ni siquiera el Decálogo de Moisés se aplica en más países que las reglas de la FIFA, ni tampoco las doctrinas de los cristianos, musulmanes y judíos, sumados, se practican en más naciones y por más personas que las reglas del fútbol moderno. 

Se discute mucho sobre los antecedentes del fútbol en antiguas civilizaciones de distintos continentes, que van desde la azteca hasta la china, pasando por los celtas y los egipcios.  

Sin embargo, se da por sentado que el fútbol actual nace en la segunda mitad del siglo XIX en Londres, en un local Masónico localizado en la calle Queen Elizabeth N° 11.  De la Masonería pareciera que recoge el espíritu universalista de igualdad y fraternidad sin distingos de nacionalidad, raza, ideología, religión ni genero.  De la dirección en donde se reunieron inicialmente se tomaría el número de 11 jugadores, que aún hoy lo distingue de su pariente más cercano, el Rugby, que cuenta con 15.

Al parecer, entre los aficionados al Rugby de aquella época se fue generando una crítica a la innecesaria violencia de que hacían gala los jugadores en cada partido.  La  censura más fuerte provenía del alumnado de la Universidad de Cambridge que pedían que se abolieran las zancadillas y las patadas a las piernas del contrario.

En desarrollo de este malestar, el ocho de diciembre de 1863, se reunieron los Representantes de un grupo de once clubes interesados en organizar formalmente una Liga de Fútbol, en la "Freemasons Tavern" para crear la primera Asociación de esta disciplina.  La reunión contó con la participación de la Universidad de Cambridge y selló la separación definitiva del fútbol y el Rugby cuando los defensores de este último deporte, que eran minoría, abandonaron el recinto disgustados.  De ahí en adelante la nueva forma de fútbol no violento se propagaría por el planeta.

Desde entonces, el carácter de punto de encuentro social del fútbol se observa en las graderías.  Sin disminuir un ápice los contenidos identitarios ni el sentido de pertenencia del aficionado, se ve conversar a los aficionados relajadamente con su vecino de silla, y celebrar cualquiera que sea el resultado el intercambio de camisetas de los jugadores al final de la contienda.  Esta práctica es el homenaje más reiterado, masivo y público que se hace al valor de la tolerancia en la sociedad.

Por lo tanto, los desmanes de los pendencieros seguidores del irlandés Edward Hooligan solo parecen representar a modernos sectores marginales, que canalizan enfermedades sociales que nada tienen que ver con el deporte.    

Los medios de prensa, aun dentro del sesgo de su parcialización, vehiculizan un permanente llamado a la paz y a la concordia.  Tres veces al día, siete días a la semana, cuatro semanas al mes, doce meses al año.  El lenguaje de los comentaristas, en medio de sus querencias, se dirige por igual a todas las clases sociales, dentro de una fusión de elementos culturales diversos, que en otros contextos son difíciles de conciliar.

El aficionado no descrimina:  aplaude por igual al negro Pelé, que al rubio Cruiff, o al  mestizo Maradona; respeta por igual al jugador católico que se persigna al entrar a la cancha que al evangélico que ora a Cristo después de anotar un gol y al que baila; no le importa si la jugada vistosa la realiza un comunista ruso, un capitalista americano, un socialdemócrata escandinavo, o un tercermundista de Camerún; tampoco le importa si el jugador viene de las clases más desfavorecidas de la sociedad o si nació en una familia rica.  Estas diferencias no son importantes al momento de aplaudir.

El aficionado es un demócrata contestatario.  Expresa abiertamente y sin reservas su opinión con una gran capacidad de crítica.  No importa si no está de acuerdo con el Director Técnico o el Presidente del Club de su preferencia, por que entiende que el espectáculo es un bien público y sus dirigentes son servidores de una función que se le ha encargado y de la cual no son dueños.  Los títulos de propiedad les son indiferentes, por que entiende que hay cosas que no se privatizan.

Es por eso, que los estadios de fútbol, pese a las Barras Bravas que todos lamentan, son hoy por hoy una estupenda escuela de ciudadanía y un fenómeno contrahegémonico.  Y para resaltar la cultura democrática, en ellos se llega hasta lo carnavalesco en el afán de participar en la experiencia colectiva.

En el fútbol también se observa la mayor amplitud de horizontes de las nuevas generaciones.  Es común oír a un niño de 11 años afirmar que "en Colombia es hincha del Junior de Barranquilla, en América del Boca Junior de Argentina y en el mundo del Real Madrid de España", mientras que su amigo de la misma edad le sostiene altivo que, en ese mismo orden, los equipos de su preferencia son el "Nacional de Medellín, el Colocolo de Chile y el Galatasaray de Turquía", y ambos admiran por igual al Pibe Valderrama, a Ronaldiño, Zamorano, Maradona y Pelé.  Y ni hablar de Zidane y  David Beckam.

El fútbol como negocio, asimismo, incorpora la industria corporativa (Cocacola, Kodak, 3M, Toyota, Varta), que hace su agosto cuando vehiculiza su marketing a través de este deporte hacia al consumidor de clase media, aprovechándose del trabajo de unos jugadores (¿trabajadores?) que son en su mayor parte originarios de las clases más desfavorecidas de la sociedad.   También le sirve este deporte a quienes quieren aparecer en los diarios con fama prestada.  Es decir, que el fútbol incluso funciona como un reflejo del mundo moderno.

Viendo lo anterior, no es sorprendente que el fútbol haya entrado a Colombia por el Río Magdalena, y que su primera escala haya sido en Barranquilla.  La sociedad Barranquillera de principios del siglo XX estaba ya globalizada a partir del contacto permanente, cultural y económico, con colonias europeas, norteamericanas, chinas, árabes, etc., ya que la ciudad creció con un activo espíritu de puerto marítimo abierto al mundo.

Por otra parte, y dado que las estructuras culturales y los patrones sociológicos dependen de los contenidos locales, al igual que existe una experiencia brasileña del fútbol, distinta de la inglesa, la japonesa o la argentina, por ejemplo; en el ámbito nacional colombiano existen diferencias visibles en las formas como se vive el fútbol en Medellín, Santa Marta, Bogotá, Cali, Cartagena, Bucaramanga, Barranquilla, Ibagué, etc. 

En cada sitio, el fútbol cuenta con unos rasgos, una semiología y un imaginario, muy propios de la forma en que se formó su ciudadanía, y en consecuencia una oportunidad para la inclusión social.

Alocución pronunciada por el Sr. Jacques Chirac

Presidente de la República Francesa,
Con motivo 275º  aniversario de la Orden Masónica en Francia,
Palacio del Elyseo, lunes 23 de junio de 2003

Grandes Maestros, Señoras, Señores,

Me siento feliz de recibir hoy a los representantes de una tradición filosófica que tomó una parte importante, en Francia y en el mundo, en la elaboración y en la difusión de las ideas republicanas.

Hay historias que contribuyen a forjar la historia, acontecimientos que hacen avanzar la causa de la libertad. La creación, en 1728, de la primera logia francesa es uno de ellos.

Al recibirles hoy, he deseado rendir homenaje al papel cívico de sus sociedades de pensamiento. Un papel activo en defensa y reafirmación de los principios republicanos, un papel de vigilancia y reflexión.

Este aniversario es también para ustedes una ocasión para dar una idea exacta de la Francmasonería, más allá de los tópicos y los prejuicios.

Inscriben su compromiso en la herencia de la Ilustración. Luces de la razón, la tolerancia y la solidaridad humana, luces de la libertad, la libertad absoluta de conciencia, la libertad de dudar, porque la duda es motor de progreso. Una libertad que resume bien el tríptico: "causar y no imponer, sugerir sin declarar, preguntar más que responder". Resumidamente, la verdadera libertad del hombre liberado tanto de las pasiones como de los yugos sociales.

Alain Bauer, cuya iniciativa de reunirlos hoy aquí saludo, explicó el nacimiento de la Masonería en Francia a las puertas del siglo XVIII, con esta bonita fórmula: "es el pueblo de la Enciclopedia que intenta convertirse en el de las Luces". Nacido en los espasmos de las guerras civiles y religiosas inglesas, el ideal Masónico, el de Isaac Newton, soñaba substituir  los dogmatismos por el debate sobre el progreso científico, aflojar la presión, romper las rigideces, para instaurar un espacio de libertad, fuera de los tabúes y reglas de su tiempo.

Esta historia, estas convicciones, la Francmasonería puede asumirlas con orgullo. Fundan su compromiso. Señalan sus tradiciones. Tres siglos han pasado y sus trabajos siguen realizándose en la libertad, la denegación de las certezas, la apertura internacional, buscando siempre la indispensable serenidad en la cual debe llevarse a cabo la reflexión, lejos de la agitación del mundo.

Su fidelidad a las tradiciones, su compromiso al servicio del hombre, la Francmasonería los pagó ampliamente, perseguida por todos los totalitarismos.

Las horas negras de la ocupación nazi la marcaron penosamente. A partir de agosto de 1940, se promulgaba una legislación antimasónica. Las Obediencias se disolvían, sus ocupados locales, sus devastados Templos, sus destruidos archivos, sus colecciones robadas. Se denunció a los Francmasones y sus nombres fueron proporcionados al invasor nazi. Muchos entre ellos fueron deportados y encontraron la muerte en los campos de concentración. Nunca en su historia, la Francmasonería francesa, que siempre se había desarrollado en el mayor respeto a las instituciones y las leyes, había tenido que sufrir tal desencadenamiento de violencia y odio.

Esta animadversión no puede explicarse sino por el indefectible compromiso de los Francmasones hacia la República. Ellos ayudaron a nacer a La República, extendiendo las ideas de razón y progreso. La velaron cuando era frágil o atacada. La alimentaron con su exigencia y con su reflexión.  Todavía hoy están en la primer fila de sus partidarios.

Los siglos XVIII y XIX, fueron naturalmente de combate contra el autoritarismo.

En las tabernas de sus orígenes, contribuyeron a difundir los valores que gestaron la Revolución francesa y que promulgan la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En el gran impulso de 1848, militan a favor de las libertades políticas y sindicales, la libertad de prensa, la libertad de asociación y la abolición de la esclavitud.

Después de haber contribuido a hacer nacer la III República, son numerosos los que se comprometen en la Liga de los Derechos humanos, para que triunfe la inocencia del Capitán Dreyfus.  Algunos años antes, habían preparado, de una forma y ardientemente constante la ley de 1882, ley capital para la República, que creaba una enseñanza primaria obligatoria, laica y gratuita.  Con la misma firmeza, el mismo entusiasmo, apoyan la ley de 1901, que garantiza la libertad de asociación, luego la de 1905, que separa las iglesias y el Estado.

La lucha por la laicidad debe mucho a su compromiso. Combate que sigue estando siempre de actualidad. Combate por la tolerancia y por una fraternidad basada en el respeto del otro y que no se detiene ante las diferencias,  los orígenes, las religiones.

Con el paso del tiempo, a medida que se había arraigado la República, que se impusieron los valores universales que defiende, la Francmasonería francesa supo atraer a mujeres y a hombres comprometidos en la vida social y representativos de Francia en toda su diversidad.

No hay cuestión, en relación con el progreso humano, que los Francmasones no hayan abordado. Recientemente, individualmente o de manera colectiva, se implicaron en los debates sobre el lugar de la mujer en nuestra vida pública, sobre la bioética, la recepción y el lugar de los minusválidos, el futuro de la escuela, la construcción europea, el desarrollo sostenible, la universalización, la diversidad cultural, la cuestión del choque demográfico y la adaptación necesaria de la sociedad francesa y sus estructuras.

Parece que los francmasones tienen marcado en el corazón la exigencia humanista, están en los primeros puestos de la lucha contra el racismo, el antisemitismo y la xenofobia, contra las discriminaciones y contra la violencia.


Señoras y Señores,

Este aniversario que los reúne, significa un compromiso renovado por el futuro, por nuevos progresos y otras libertades.

Hoy, quiero saludar su acción que desempeñó un papel tan esencial en el arraigo del ideal republicano en Francia. Al recibirles a todos, deseo darles prueba del respeto de la Nación para lo que son y para lo que  hicieron.

Gracias.