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Pensamiento Masonico

LA FÁBULA DEL BOLUDO

LA FÁBULA DEL BOLUDO

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas sedivertian con el boludo del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia,que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas.Diariamente algunos hombres llamaban al boludo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 40 reales y otra de menor tamaño, pero de 200 reales.Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan boludo,vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

- La primera: Quien parece boludo, no siempre lo es.
- La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos boludos de la historia?
- La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

Pero la conclusión más interesante es: podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

"El verdadero hombre inteligente
es el que aparenta ser boludo,
delante de un boludo que
aparenta ser inteligente"

ELOGIO DE LA DIFICULTAD

ESTANISLAO ZULETA


Cuando en 1980, el autor  recibe el título de  Doctor Honoris Causa en Sicología , de la Universidad del Valle, responde al homenaje con esta conferencia.

 

La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos,  sin lucha,  sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto, también sin carencias y sin deseos: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.

Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, si no fuera porque  constituyen el modelo de nuestros propósitos y de nuestros anhelos en la vida práctica.

Aquí mismo, en los proyectos de la existencia  cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas.

Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en  última instancia un retorno al huevo.

En lugar de desear una sociedad en la que sea  realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa salacuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.

Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso; nuestro pecado es que  anhelamos regresar a él.

Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia  - por la desgracia -  de alguna revelación.

El estudio de la vida social y personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro, la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procuran su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada, o bien  máscaras de malignos propósitos.

En lugar de discutir un razonamiento, se le reduce a un juicio de pertenencia al otro  - y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo - , o se da un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la Razón, que consiste en la petición de un fundamento último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a  “la causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.

Ahora sabemos por una amarga experiencia que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad, no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra.

Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular  - todos lo son -  como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.

El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por participación, separan un interior bueno  - el grupo -  y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y en un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad.

Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.

Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto. No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales.

Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor,  el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas.

Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia puede disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa.

No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca, porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra.

Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia, las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como  algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la Promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y  se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.

Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo negativamente; lo que sucede entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico.

Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista, que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.


Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente, sin caer en la interpretación paranoide  de la lucha.

Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquella sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosana del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.

Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica; es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios, y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él.

En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aun los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura.

Él es así: yo me vi obligado. El cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que un  síntoma de sus particularidades, de su raza, de su sexo, de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los  resultados.

Y cuando de este modo nos empeñamos en  ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.

La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta, no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario, que tenemos suficiente confianza en la superioridad de las causas que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.

En el carnaval de miseria y derroche propio del capitalismo tardío, se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocan a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.

Dostoyewski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van no sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común, se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido.

Dostoyewski entendió hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades, porque nos evitan la angustia de la razón.

Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el sicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios, que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres, que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes, que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.

Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:

“ También esta noche,
Tierra permaneciste firme.
Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor.
Y alientas otra vez en mí, la aspiración
de luchar sin descanso por una
altísima existencia “

LA INGENUIDAD DE UNA SOCIEDAD DISCRETA

Luis Alfonso Mejía E. M:.M:.

Ya en 1920 el Profano Luis Tejada hablaba de que la Masonería no es una sociedad secreta. Comparando lo que le decía un masón con lo que había aprendido de su abuelita, se dio cuenta de que ésta estaba equivocada y de que los masones no son más que un grupo que busca el bien de la humanidad, como lo busca también la Sociedad  "San Vicente de Paúl". Cuando llegó a esa conclusión, dice Tejada, se desilusionó de los masones.

Como si mejor hubiera sido quemar curas, asesinar vírgenes y alimentarse de lactantes asados al carbón, el profano en mención (hoy en el Occidente Eterno) y muchos profanos de hoy dicen que la Masonería, por no conspirar contra lo establecido, ha perdido todo su atractivo. Por eso prefieren militar en partidos políticos y en movimientos religiosos (de extrema derecha unos, de extrema izquierda otros),  todos ellos exigentes en cuanto a militancia se refiere.

Siendo el secreto un síntoma fiel de militancia, las sociedades más católicas han aprovechado esa característica para anatemizar a los Masones. Pero el anatema no necesariamente responde a la conspiración misma; y en nuestro caso particular, no puede responder a ésta pues nuestra Masonería no ha conspirado (han conspirado, sí, algunos masones; pero también lo han hecho algunos comunistas, algunos conservadores y, quién lo creyera, algunos católicos). El anatema, pues, se ha decretado sólo contra el síntoma. Y como la Masonería, por principios, no puede ser una militancia (a nadie se le ocurre que pueda haber una militancia de librepensadores),  sin conspiración, sin militancia y sin  síntoma pierde todo  atractivo para los profanos.

Son muchos los masones que dicen que la Masonería es una "Sociedad Discreta", no "secreta". Pero los que lo afirman, ¿se han puesto a pensar en lo que eso significa?  La palabra "secreto" tiene un prestigio un tanto morboso que atrae a los que optan por la libertad (después de todo, la sociedad no acepta que sus miembros busquen la libertad; por eso tenemos que buscarla en secreto, no "en discreto"). En cambio la palabra "discreto" es poco clara. Aunque el diccionario dice que "discreción" significa "sensatez, prudencia y tacto para obrar", cuando se aplica  para referirse a la masonería adquiere matices ambiguos que disminuyen su atractivo. ¿Es la Masonería, entonces, una institución sensata, prudente y con tacto para obrar? Si es así, ¿en qué consiste su obrar?  Si su obrar no es conspirar sino ejercer la beneficencia, esta será, necesario es decirlo, discreta; y el sentido de esa frase nos dota, dolorosamente, de un bajo perfil: una beneficencia discreta (como la que hacemos, comparada con la que ejercen algunas organizaciones seudo-masónicas exclusivamente filantrópicas) nos convierte, inmediatamente, en rotarios subdesarrollados; y ningún profano va a querer pertenecer a un  grupo así, existiendo los rotarios desarrollados.

Nuestro error ha consistido en aceptarnos como institución de beneficencia. Por nuestro afán de figurar, hemos abandonado el frente que por herencia nos corresponde; y no nos damos cuenta de que el púlpito cada día adquiere más autoridad en el corazón de la sociedad toda. Si como institución  de beneficencia el actuar de la Masonería es discreto, más nos valiera, por dignidad, seguir actuando en secreto. Y si el actuar de la Masonería llegara ser conspiración, el término "secreto" sería más adecuado (más atractivo) y nuestro actuar tendría que ser, ahora sí,  totalmente discreto.

Ya he dicho en varios escritos que  la Masonería debe ser una fábrica de valores. Y  siempre he soñado con una verdadera conspiración masónica. Si aceptáramos que los cambios de la sociedad son posibles  sólo porque los hombres libres deciden perseguir un ideal, y si adoptáramos el compromiso de generar valores para el futuro de nuestra nación, el trabajo de la masonería colombiana podría llegar a ser la construcción activa de una realidad abstracta que se  sembrara en los cerebros de los ciudadanos de este país. En otros términos, sería una conspiración ética de largo alcance y a largo plazo. Y como esa realidad axiológica surgiría del consenso entre masones, el proyecto de introducir  en la sociedad nuestro producto tendría que ser secreto pues, por tratarse de un cambio en las tradiciones, produciría pavor en los sectores más conservadores de la comunidad.

Si emprendiéramos esa tarea seguiríamos trabajando, como dijo Tejada, por el bien de la humanidad. Pero lo más atractivo sería que, finalmente, podríamos tener una organización con identidad propia que no se confundiera con los Leones, ni con los Rotarios, no con la Sociedad  San Vicente de Paúl; si emprendiéramos esa tarea tendríamos que actuar muy discretamente, pues la misma nos obligaría a salirnos de de las tradiciones de nuestra sociedad; y si emprendiéramos esa tarea no sería necesaria otra militancia y tendríamos, por fin, una verdadera sociedad secreta con una verdadera conspiración.

LA VERDADERA DEUDA EXTERNA

Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002). Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea, el Cacique Guaicaípuro Cuatemoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo:


Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.


Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace muchos miles de años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.


Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.


El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.


El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.


El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.


Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.


¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.


¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!


¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos americanos!


¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.


Yo, Guaicaiputo Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan "MARSHALLTESUMA", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.


Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?.


Deploramos decir que no.


En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.


En lo financiero, no pueden cancelar el capital que se llevaron, ni independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.


Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrar a nuestros hermanos europeos las tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.


Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.


Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.


Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.


Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.


Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc dio su conferencia ante la reunión de JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA, no sabía que estaba exponiendo una tesis de Derecho Internacional para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA, ahora solo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el reclamo ante los Tribunales Internacionales.

***

PLEGARIA POR EL IMBECIL

Giovanny Papini

Dejad que mane de mi corazón de lobo sentimental una oración que varias veces ha subido hasta mis labios durante estos días.  No podría vivir tranquilo ni un días mas si no saliera de mi, precisamente de mi un acto de contrición, una publica prueba de afecto: ¡ Dejad que por lo menos una vez, rece por todos los imbéciles del mundo!


Cuando os contemplo reunidos en las calles, los bares, los teatros o en los tranvías, se apodera de mi una ternura grande e invencible y tengo que reprimir la tentación de echaros los brazos al cuello y de besaros las manos.  En aquellos momentos mi compasión es realmente infinita y debo esconderla bajo la mas brutal dureza para no humillaros mas de lo necesario.


Cuando pienso en lo que os falta y os faltara durante toda la vida, en las emociones que no sentís, en las verdades que no aferráis, en la belleza que se os escapa y en el valor que os falta, yo, que no tengo las lagrimas fáciles, tendría, en serio, ganas de llorar.  Pasan por el mundo sin penetrar en el alma de vuestras mujeres, ni en la de vuestros compañeros y ni aun en la vuestra, en vuestra infinitamente pequeña alma.  Yo se que cuatro, cinco, diez ideas os bastan para toda la vida, para todos los usos cotidianos, para el día y  la noche, para  la amante y el peluquero, para hablar o escribir y que en vuestro cerebro, sin ventanas por el lado del cielo, no entran sino las verdades comunes a los demás.


Yo se con matemática certidumbre, que veis con el pensamiento y los ojos de otros y que admiráis solo aquello a lo que los demás pusieron el sello de la fama.


A mi que me importa si os reís antes que los demás de este amor puro platónico.  Sois necesarios a la humanidad y a nosotros mismo los que tenemos un poco de inteligencia que tenemos necesidad de vosotros y de vuestra desaprobación.  Habéis naufragado para que nosotros pudiéramos emerger; os rebajáis para que podamos subir.  Permitidme que siga rezando por vuestra alma, imbéciles convencidos e innumerables.


No hay ninguna ley que prohíba tener piedad de los felices.  Y vosotros, imbéciles de mi alma, sois felices, tremendamente felices.  Tanto que tiemblo por vuestra vida futura, porque no se prometió el cielo a los felices de la tierra.


Permitidme pues, que rece por vosotros, imbéciles precioso y deseables. Celebro y alabo al Señor para que os dé lo que pedís y para que vuestros deseos sean escuchados sin dilación.  Todos menos uno: que vuestra Imbecilidad se transforme en Inteligencia.  En tal caso os volveríais parecidos a mi y por eso seríais mis rivales y adversarios.  Tal como ahora sois me parecéis perfectos.  Elevamos una plegaria por vuestra perpetua conservación: Continuad, seguid, insistid, obstináis en la imbecilidad ¡ No traiciones vuestro destino y nuestra esperanza!...  Amen.

LA MASONERÍA Y SU CONCEPCIÓN DEL HOMBRE

JOSÉ MORALES MANCHEGO MM:.

El Mundo Antiguo produjo un filósofo llamado Diógenes de Sínope (413-327 A. C.), crítico ingenioso y mordaz de las costumbres y las creencias de su tiempo, pero más conocido por sus excentricidades. Según la historia Diógenes caminaba por las calles de Atenas a plena Luz del día llevando una lámpara encendida y afirmando que buscaba un hombre.  Sus amigos no entendían su extravagancia, puesto que la plaza pública de Atenas estaba repleta de hombres y él buscando un hombre.  Entonces Diógenes les explicó: “Hay muchos hombres, pero muy pocos viven como hombres”. En otras palabras: Diógenes buscaba un hombre probo, íntegro, recto, incorruptible.  Un hombre que no sólo hablara de virtud, sino que la practicara.


Por su parte la Masonería, independientemente de la cantidad de variantes que se han presentado en el decurso de su historia, también se ocupa de buscar hombres en el sentido lato de la palabra.   En la Gran Logia del Norte de Colombia, con sede en Barranquilla, por ejemplo,  la Masonería adogmática y progresista le da, a cada iniciado, la luz de su antorcha para que en su propio ser trate de encontrar al verdadero hombre, tallando lo que metafóricamente se llama la Piedra Bruta, acto que se ejecuta conociéndose y perfeccionándose a sí mismo, para mostrarle a la humanidad el camino de su regeneración. Este proceso se lleva a cabo mediante el trabajo constante y la perseverancia en el estudio, valores que deben proyectar al masón hacia la buena acción social.  De ahí que en el primer grado se le diga al aprendiz: “El hombre tiene para consigo mismo el deber de estudiar, de instruirse, de procurar su desarrollo físico, moral e intelectual”.   Luego, en el segundo grado, se reafirma esa idea con las siguientes palabras: “…la Masonería tiene por único fin hacer al hombre instruido, bueno y valeroso…”.  En el tercer grado la sentencia es lapidaria: “…entre nosotros nada valen y para nada sirven quienes no estudian, piensan, meditan y analizan”.


En el Grado IV  se exalta el privilegio de la razón, como la facultad que le sirve al hombre para alejarse y defenderse de los prejuicios ancestrales, de la superstición y del fanatismo, y se definen los derechos y el cumplimiento del deber, considerando esto último como Ley Masónica inflexible, tan exigente como una necesidad, y tan imperativo como el destino.  En este mismo grado se recuerda: “… que la vida es corta y que tenemos misiones que cumplir”.


En el Grado IX la Masonería asevera: “… así como el Sol con su luz material libra al Universo de las tinieblas en que le envuelve la oscuridad de la noche, nosotros con el fanal de la Ciencia y la Virtud le libramos de la ambición, que con su falaz hipocresía extiende  sobre él el negro manto de la ignorancia”.


En el Grado XVIII se aclara: “Nosotros tenemos “Fe” en la ciencia que ha de traer la perfectibilidad: el bienestar humano. Más adelante se agrega: “…nuestra Caridad no tiene límites, y su beneficio es eterno.  Es la educación que perfecciona al hombre, haciéndole la verdadera imagen del Creador”… “Tal es nuestra  “Caridad”: enseñar al ignorante para que la justicia y el amor recíproco reinen en el universo”.


Y como si esto fuera poco, en el Grado XXX  se rinde homenaje “a la gloria inmortal de los que fueron hombres”. En ese mismo grado se llama hombre “… al que, libre de las preocupaciones de la infancia, sigue los dictados de la Razón, no es esclavo ni opresor, está resuelto a marchar con paso firme por el sendero de la verdad, y ningún poder ni consideración humana le harán cometer una bajeza.”  Más adelante se dice sin tapujos: “El hombre instruido es libre, por más que duela a los astutos y ambiciosos”.


Para no ser tan prolijo en el análisis de otros textos, también  fundamentales de la Orden, bástame con afirmar que la concepción del hombre que propone la Masonería se basa en que el iniciado tiene que construirse a sí mismo con base en el trabajo y el estudio, buscando la perfección individual, la cual jamás podrá alcanzarse, “…pues, como bien sabéis, en lo humano no cabe la perfección”.  Para la Masonería el hombre debe todo lo que tiene y todo lo que es a su trabajo, tanto físico como intelectual.  Por eso para esta Augusta Institución, el que estudia, el que descubre, el que inventa, el que produce y el que crea son hombres y mujeres dignos de admiración.  Para la Orden, el pensador y el investigador van de la mano del creador.


Ahora bien, en los actuales momentos en el mundo no masónico hay un afán por el saber.  Los centros de educación se multiplican.  La gente se está dando cuenta que el conocimiento abre nuevas perspectivas, tanto laborales como intelectuales y sociales.  Pero es importante anotar que los títulos no bastan para lograr el desarrollo humano.  Todos sabemos que la indelicadeza con el tesoro público y la corrupción administrativa no son obras de simples analfabetos.  Es más, el “doctor” sin los valores éticos y morales es una amenaza para la sociedad, para la estabilidad de las instituciones republicanas y para la permanencia del género humano sobre la faz de la Tierra.  De ahí que las entidades educativas deben empeñarse en formar hombres que  no sólo dominen la ciencia, sino que sean modelos de virtudes. En ese sentido, la Masonería propone una educación laica, que garantice una verdadera libertad de conciencia, para que la humanidad marche hacia una moral sin dogmas y pueda superar “la minoría de edad”, según la expresión kantiana, iluminada por la intelligenttia surgida del portentoso avance de las ciencias.


Llegados a este punto, no es indispensable ser tan perspicaz para saber que Colombia y el mundo, en la encrucijada en que se encuentran, necesitan hombres y mujeres fecundos en la virtud, con capacidad para dirigir, para gobernar, para dialogar, y que a la vez sean honrados, amantes de la justicia, de la paz y de la libertad.  El verdadero hombre necesita estudiar y tener una formación humanística.  Pero no basta con que tenga un cúmulo de conocimientos.  También es importante que se meta en el corazón que todos los hombres debemos vivir como una gran familia, bajo el mismo cielo que nos cubre y el mismo sol que nos alumbra.


El verdadero hombre sabe que todos somos producto de la historia y que a cada momento estamos forjando una página de la gesta cotidiana.  Por eso el masón se empeña en afrontar la aventura de la vida con razón, coherencia y dignidad.


El verdadero hombre sabe que el conocimiento debe ser sólo para el beneficio  de la humanidad.  Por tal razón asume el compromiso de impedir que la ciencia sea utilizada por los inescrupulosos o por la mano criminal.  De ahí que un verdadero masón debe ser un ser de alma grande, que en su trasegar por la vida sienta veneración por los hallazgos de la ciencia y por las elaboraciones del arte y el humanismo.  Siempre tendrá presente que la historia lo juzgará por lo que haga.  Por eso debe trabajar para darle buenos frutos a la sociedad; debe respetar a su familia y a su patria, y jamás olvidará que es mejor morir antes que deshonrarlas


MM:. Resp:. Y Ben:. Log:. Barranquilla 1-8-1
Gran Logia del Norte de Colombia

MASONERÍA Y FILOSOFÍA; UNA APROXIMACIÓN AL TEMA

Iván Herrera Michel. 33º

Es un hecho incontrovertible el que la Masonería es un fenómeno plural que ha abarcado - y abarca - diferentes respuestas a la actitud interrogativa que define el accionar filosófico.   Y aunque el tema es muy complejo podemos intentar una primera aproximación para iniciar el debate de  la siguiente manera. 

Cada época se refiere a sus propios paradigmas, y estos, a su vez, surgen de la evolución de los correspondientes a la anterior fase.  Es decir, para no salirnos del tema, que ni en la Masonería ni en la filosofía existe la generación espontánea.

La Masonería moderna se inició como un fenómeno sociológico del siglo XVIII, netamente europeo, en el que, por lo tanto, brillaron por su ausencia las filosofías amerindias, la filosofía árabe preislámica, las filosofías del África subsahariana, la filosofía mística del Tibet, y la filosofía japonesa, para citar tan solo unos cuantos ejemplos. 

Aunque debe aclararse, en honor a la verdad, que desde entonces algunas concepciones Masónicas han ido incorporando estas formas de pensamiento tradicional a su quehacer Logial, junto con la Cábala, los discursos dionisíacos, los de la herencia de los Misterios de Isis y Osiris del antiguo Egipto, los de Orfeo y Eleusis de Grecia, los de los alquimistas, los de los pitagóricos, los de los Rosacruces, los de los teósofos, los de los espiritistas, los de la Nueva Era, etcétera. 

En este orden de ideas, los diferentes linajes ideológicos en que se divide la Orden discrepan en que algunos ofrecen respuestas dogmáticas a las preguntas filosóficas, otros consideran más importante las respuestas racionales, y algunos más poseen un marco conceptual en el que conviven dogmas cristianos y raciocinios aristotélicos.

De cualquier manera, cuando la Masonería moderna nace, lo hace inmersa en el ambiente burgués del Reino Unido, en el cual las afirmaciones que se hacían desde las ciencias experimentales desafiaban los discursos religiosos dominantes en los que la filosofía y la teología marchaban de la mano, y las religiones cristianas legitimaban el derecho a gobernar.

En este escenario, la táctica inicial de los Masones precursores consistió en utilizar los privilegios de las antiguas Logias Operativas para amparar el estudio de los "principios fundamentales de la naturaleza", prohibiendo al mismo tiempo las discusiones sobre teología y asuntos de estado, lo cual, en esos momentos, era una decisión políticamente correcta.

Pero como la Masonería surge a lomo de caballo de la Modernidad, los rasgos fuertes de la filosofía del humanismo, tales como la secularización del conocimiento, el fortalecimiento de la ciencia y el impulso del librepensamiento también la afectaron en gran medida, resultando en consecuencia que una rama de la Masonería puso el acento de sus reflexiones en la dignidad intrínseca del hombre y  en su valor social.

También es un hecho innegable, el que la Masonería emana de un ambiente  cristiano que gravitaba sustancialmente sobre el legado de las dos más importantes escuelas filosóficas y teológicas de la edad media, a saber:

1) La Patrística: Esta escuela de pensamiento se da entre los siglos IV y VIII de nuestra era. En ella los pensadores - San Agustín de Hipona entre otros -  concilian la idea de la existencia de un alma planteada por Platón con los dogmas cristianos; y

2) La Escolástica: Que es un movimiento que se presenta del siglo XI al XV de nuestra era, y tiene como eje central las tesis de Santo Tomás de Aquino, quien retoma el pensamiento racional aristotélico y lo incorpora a la teología cristiana abriendo la discusión entre fe y razón como manifestaciones de un mismo dios, conceptos que en caso de contradecirse deben priorizar lo que predique la fe.  

De ahí, que cuando se designa a un Pastor anglicano, y a otro presbiteriano, para redactar la base normativa de la Orden, el ascendiente cristiano se volvió un imperativo categórico que ha llegado hasta nuestros días, aunque con el tiempo también perdió influencia en algunas ramas de la Masonería.  En especial, las que pasaron por el tamiz de la filosofía del humanismo en Francia.   

Es decir, que la base sociológica europea del siglo XVIII unida a la nueva libertad para pensar del humanismo, común en la Filosofía y en la Masonería, propicia la pluralidad de inclinaciones filosóficas que observamos en la actualidad. 

Por ejemplo: Algunas Grandes Logias exigen a sus miembros que deben creer en la inmortalidad del alma, y esto es una clara herencia de la filosofía "Dualista" de Platón que divide al hombre en cuerpo y alma.    

Otras Obediencias precisan la creencia en un ser supremo o en un creador del universo, que es, a su vez, una herencia común del judaísmo, el islamismo y el cristianismo.  Y otras no lo hacen, separando la filosofía de la teología en sus Logias.

Y el tema no es lineal, ya que podemos encontrar en nuestros Talleres elementos provenientes de diferentes fuentes.  Por ejemplo, Grandes Logias fuertemente racionalistas dan un significado cualitativo a los números tres, cinco, siete, etc., lo cual no es ni más ni menos que una concepción Pitagórica alejada de toda racionalidad empírica o experimental, pero que entre nosotros son símbolos que poseen una función constructiva. 

Por otra parte, algunas Masonerías consideran que temas como los de la moral, la ética, etc., son relativos al observador y solo toman con firmeza aquellos conocimientos que han sido sometidos al tamiz de la experiencia verificable.  Otras Masonerías basan sus sistemas de valores en asuntos como los de la fe, las creencias, las percepciones extrasensoriales, el misticismo, los conceptos metafísicos, la espiritualidad, las tradiciones hebreas, etc.

Podemos encontrar en nuestros discursos Masónicos coincidencias con los trabajos de Kant, Hegel, Marx, Krausser, entre otros pensadores del siglo XIX; inclusive, los textos de Darwin y los antropólogos aportan nuevas direcciones a las discusiones sobre las cosas que estamos dispuestos a aceptar.  Ocuparnos de cada tópico en particular excedería los limites de este escrito que solo intenta una aproximación a las principales escuelas filosóficas que han influido a la Orden.

De todos modos, en cuanto se refiere al siglo XX, y al margen de aquellas Masonerías que buscan una experiencia mística en sus miembros o mantienen una posición filosófica derivada de la conciliación del mundo griego con los contenidos bíblicos, un observador desprevenido notaría con facilidad que el discurso Masónico liberal de hoy comparte especulaciones con por lo menos las siguientes escuelas filosóficas, por su preocupación por temas tales como la libertad, la voluntad, el pensamiento crítico y la filosofía de la ciencia, etc., que son conceptos básicos bastantes trajinados en amplios sectores de la Orden Masónica desde el siglo XVIII:

1)  Existencialismo: Resalta el rol decisivo de la existencia, la libertad y la elección individual basado en el pensamiento del filosofo francés del siglo XVII Blas Pascal, en cuanto afirmaba que "una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la humanidad representa una forma de orgullo".  Sus principales cultores en el siglo XX fueron Søren Kierkegaard, Federico Nietzsche, Martín Heidegger y Jean-Paul Sartre;

2) Estructuralismo: en este movimiento filosófico el lenguaje es clave.  Surgió en Francia en el año 1955 cuando el antropólogo Claude Lévi-Strauss publicó un articulo con el título de "El estudio estructural del mito: Un mito", en donde afirmaba que el mito "como el resto del lenguaje, está formado por unidades constituyentes que deben ser identificadas, aisladas y relacionadas con una amplia red de significados". 

Entre los principales pensadores de esta escuela se destaca el historiador Michel Foucault, quien se propuso resaltar el que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian de acuerdo al momento histórico y a la cultura.  Foucault propone que el hombre desarrolle una ética individual en la que cada uno lleve su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla;

Por su parte, y dentro de la escuela estructuralista el sicoanalista Jacques Lacan, sostuvo con énfasis que "el dominio del lenguaje de los otros es el núcleo de la alienación psicológica";

3) Posmodernidad: Esta corriente filosófica se acostumbra a datar a partir de 1970, y cuenta entre sus pensadores a nombres de la talla del español Fernando Savater, el francés Jean- François Lyotard, el rumano Emil Cioran, el italiano Gianni Vattimo, etc.  Ellos estiman que esta última versión de la filosofía, con todo y su carga de desencanto y revisión de la modernidad y el humanismo, no es sino es una reedición actualizada de los viejos sofistas griegos que sostenían puntos de vista filosóficos mucho más amplios que los de una escuela en particular, y desestimaban con un gran sentido crítico a quienes sostenían verdades absolutas y/o oficiales; y

4)  Otros Filósofos: Vale la pena también, mencionar los trabajos relacionados con el estudio de la voluntad adelantados por Arthur Schopenhauer, los de la crítica al idealismo de Bertrand Russell, y los de la filosofía de la ciencia de Karl Popper, ya que de sus ideas se encuentran claras referencias entre los Masones. 

 


CONCLUSIÓNES PERSONALES:


A grandes rasgos, la Masonería es una construcción humanista levantada sobre el terreno cristiano de la Europa renacentista, con el fin inicial de separar la filosofía y la ciencia de la teología.

En su expansión, la Masonería, dada su virtud de punto de encuentro de personas de diferentes opiniones, puso en contacto a las más variadas escuelas del pensar filosófico en distintas medidas y de acuerdo a la inclinación personal de los miembros de cada Gran Logia.

La relación entre la Masonería y la filosofía siempre ha sido la de un compartir ideológico y es incuestionable que desde el siglo XVIII muchas Logias han servido de caja de resonancia para el éxito social de muchas ideas filosóficas.  Y en la actualidad, la calidad de Taller de opinión y/o de centro de reflexión de la Masonería progresista sigue llevando a la Orden la influencia de las nuevas especulaciones filosóficas.

No obstante, la perdida actual de vigencia del Humanismo y de la moral basada en dogmas está haciendo languidecer a muchas Grandes Logias que en el pasado fueron muy activas y tuvieron una gran membresía.  Mientras tanto, otras Masonerías están apareciendo o fortaleciéndose con una lectura no prejuiciada de las tradiciones, la doctrina, el simbolismo y los grandes documentos de la Orden.

De ahí, que el reto actual de la Masonería con miras a su supervivencia sea  el de mantener la competitividad ideológica en el mundo de hoy.

 

Septiembre 21 de 2006 (e:. v:.)

La piedra en bruto

La piedra en bruto

En la tenida pasada, al entrar a mi madre logia, tropecé con este grotesco y feo pedrusco que llamamos Piedra Bruta y que adorna mí columna. Con burla di la vuelta y le dije: " Perdón piedra bruta" con asombro escuché que me contestó: " No hay de qué Masón bruto ". Picado, me regresé y le dije: ¡ Ah! ¿ Conque hablas también? . " Si, me dijo, hablo y lo más importante, pienso lo que digo ", pena me da ver que hermanos como tú, me tienen en tan poca estima pasan y pasan sin siquiera darme una mirada compasiva o tan solo un gesto amable. Esto me irrita porque me doy cuenta cuan pocos comprenden la grandeza que encierro dentro de mi significación.

Aquí como me ves, no fui siempre lo que soy; vengo de los picachos, de las alturas; donde podía ver el Sol antes que nadie y de cuando tu vivías en la penumbra, yo aún podía disfrutar de sus suaves destellos. Yo aspiraba el aire puro y fresco, y cuando el huracán rugía a ti te causaba espanto: Yo simplemente reía y mi mole enhiesta, firme y segura recortaba con mi perfil perfecto el infinito azul del horizonte. En temporadas las transformaciones atmosféricas depositaban en mí sus copos blancos que me hacían parecer más pura y blanca y al coronar mis sienes me sentía orgullosa de recibir la ofrenda del espacio.

Después las hacia resbalar por mí pendiente transformada en cascada clara y cristalina, donde el Sol adornaba su luz Arcoiris. A mi altura solo los Cóndores llegaban y era agradable ver a mis plantas como; Arrodilladas ante mi grandeza, la inmensa esmeralda del valle bordada de lentejuelas de mil colores. Los ríos, los animales, las flores no hacían más que poner un marco elegante a mi belleza.

Mí orgullo llegó a tal extremo a cegarme que me creí invencible, inaccesible, eterna. Pero cuán equivocada estaba, un día el universo como queriendo demostrar mi error, desató sobre mí sus furias y mandó sobre el rayo que con su luz cegó mis ojos y al terrible impacto volé en mil pedazos.

Me precipité en abismo y a medida que rodaba más pequeña me hacia, y rodando y rodando fui descendiendo hasta quedar al fondo del barranco.

Lloré de rabia al verme en la infinita impotencia, cuando los elementos deformaron más y más en mí, otra época de orgullosa elegancia. Así permanecí no sé cuánto tiempo hasta que al igual que otras piedras compañeras mías de infortunio nos transportaron.

Y volvió a renacer en mí la esperanza, pensé que quizás me pondrían en el lugar que por mí alcurnia me pertenecía. " Seré ahora un monumento " - Pensaba - Con mi concurso simbolizaré la justicia y en las manos de un artífice con mí cuerpo formaré el corazón duro e inflexible de la razón; o quizás la venda que representa la imparcialidad de todos sus juicios.

Tal vez formaré parte del monumento a la Patria y eternizaré con mi presencia las glorias de un pueblo. Me gustaría ser la corona de Laureles que ciña la sien del patriota o quizás, porqué no, seré parte integrante del monumento a la madre para que las generaciones venideras vean, que con mi cooperación, se inmortalice el amor más puro y más grande que existe . . . Con que cariño acogería la idea de ser el brazo de la madre que envuelve al niño en eterna caricia . . . O los ojos que con dulzura al tierno retoño mira, o las lágrimas que las madres a raudales vierten ante las ingratitudes de los malos hijos . . . Eso habría querido ser, después de ser grande, seguir siéndolo ya que no en tamaño si en espíritu, en esencia.

Cuántas y cuántas ilusiones me hice, cuántos deseos de altura y grandeza, en cambio aquí me tienes, tan dura y fea como en el barranco, tan grotesca que causo pena y si no me escupen es porque ni de eso tengo forma. ¿ No habrá algún artífice que me transforme y me dé vida? . . . Sólo he servido para representarte, para que veas en mí tus imperfecciones, tus vicios, y tu ignorancia, soy ahora ejemplo del mal. Y sin embargo, a veces me avergüenzo que me comparen con alguno de ustedes.

Poco tienes de verme, yo en cambio he visto tantos y tantos que por aquí entran, que hasta he perdido la cuenta . . . Y me pregunto: ¿ Dónde están ahora tantos Masones que aquí vinieron a jurar fraternidad, lealtad, amor, a esta augusta institución? . . . ¿ A dónde están tantos masones que aquí se iniciaron? No lo sé ni me lo explico . . . sólo sé que salieron para nunca volver y que andarán por ahí diciendo: " Soy Maestro Masón ". Y esto me da pena y lástima, no por la Masonería, sino por ellos que no fueron capaces de ver más allá de sus narices; Porque ilusos creyeron que la masonería es feria de vanidades, cuando que mejor debieron haber luchado por encontrar la inmensa belleza que encierra esta luz y esta verdad . . .

A ustedes los aprendices, los he estado observando; y no creo que tu seas diferente que aquellos y por eso deseo aconsejarte.

Te he visto cuando lees tus buriles, tembloroso, tanto que casi se te doblan las rodillas del miedo. Y te pregunto, ¿ Miedo a qué o a quién? ¿ Tienes acaso, miedo de ti mismo? , Pero en cambio cuando escuchas el aplauso de tus hermanos, te vienes a tu puesto ancho y gordo. Te inflas como pavorreal y si pudieras verte como te veo, no eres más que un pobre monicongo. De reojo te miro en tu puesto y casi revientas de satisfacción ante las alabanzas. Y eso es muy malo, no debe subírsete a la cabeza lo que tu supones un éxito, porque puedes caer en el error de sentirte superior, cuando no eres más que un insignificante aprendiz.

Y lo seguirás siendo siempre. Serénate y analiza y sé prudente en tus actos y humilde en tus afirmaciones, se sincero contigo mismo, para que puedas serlo con los demás y sobre todas las cosas conócete a ti mismo. Practica tus teorías, sé bueno, caritativo, honrado, estudioso, ayuda a tu logia a tus hermanos, no seas masón de pico, es decir, teórico.

La virtud, el honor, la lealtad, no se adquieren macheteando liturgias. Ahora te felicitan porque te dan alientos para seguir adelante, y tus primicias justo es que las festejen, no porque valgan la pena, sino más bien para darte ánimo para seguir luchando, y al estudiar, mejorando.

Tu debes saber que cada día mejoras y que a medida que pase el tiempo estás obligado a superarte. ¿ Te has fijado en la inmensa dicha que le causa a una madre cuando su niño de tierna edad, dice sus primeras palabras? ¿ No te has puesto a observar cómo festeja y anima a la madre cuando por primera vez el hijo de sus entrañas dice BU . . . BU. ? Con qué caricias, con qué mimos se le trata cuando se da cuenta que empieza a germinar el fruto de sus más caros anhelos. Pero ahora imagínate el efecto que le causaría a tu madre que a tu edad lo único que sabes decir es BU, BU.

Espero que me entiendas lo que digo, que comprendas, no te envanezcas, acepta los aplausos como un aliciente en bien de tu propia superación, y no te enquistes, escucha bien lo que te digo, no te detengas nunca, cuando te hallas trazado una senda a seguir.

La Masonería es grande, muy grande, a donde sólo llegan pocos y a donde la maledicencia y la mediocridad se pierden en el torbellino obscuro de la nada.

Para terminar, quiero pedirte un favor. No me digas Piedra Bruta, soy Piedra en Bruto, que es distinto.

Me disponía a contestar cuando a golpe de mállete oí a mi Venerable Maestro que dijo: "SILENCIO HERMANOS MÍOS ESTAMOS EN LOGIA" . . .

Me quedé callado, pero pensando en la infinita verdad que representa esta humilde y fea Piedra en Bruto.

Aclaraciones sobre la autoria

Recibido con firma del  QH Pascual De Jesús Briones;   de autoria del QH  Q:. H:. RAUL SANCHEZ SANCHEZ Rectificado por el QH ISSA MOUSSA DARGAM  issakmoussad@hotmail.com   www.fraternidad.org.ve