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Pensamiento Masonico

LA RELIGION CATOLICA Y LA MASONERIA

Por Cesar A. Pain Sr.

LA IGLESIA Y EL ESTADO

Desde los albores de la humanidad, la Iglesia y el Estado, han caminado siempre de la mano. Los primeros gobiernos fueron de carácter e índole religioso y se consideró que los que tenían de alguna forma el contacto con el Supremo Hacedor eran los llamados a dirigir a los pueblos.
Conforme el hombre dejó de ser cazador y se fue convirtiendo en sedentario, al poder sobrevivir sin la ayuda indispensable que le proporcionaba la caza, al tener un incipiente conocimiento de agricultura, que le permitía mantenerse en un mismo sitio durante todo el año, se tuvo que considerar como resolver una serie de problemas, que escapaban al poder de los sacerdotes satisfacerlos, sin tener por ello que dejar su primigenia labor, que era ser los intérpretes de la voluntad suprema.
Con estos antecedentes nace el gobierno civil, para cubrir las necesidades de seguridad, orden, derechos y obligaciones; así, incipientemente, comienza a formularse, por experiencias propias de la vida, los códigos o constituciones que regirían a esos grupos de comunidades o regiones.
Por miles de años la Iglesia y el Estado formaron una "dupla" que se protegía mutuamente. Sin embargo, conforme el mundo siguió su proceso evolutivo, comenzaron a separarse, insignificantemente al principio, pero como lógica consecuencia al seguir este rompimiento, se dieron cuenta que necesariamente tenían que tener un vínculo de unión para mantener el control de la población, convirtiéndose en una clase "elite", que de esa forma logró mantener un control sobre dicho proceso evolutivo, que detuvo el avance de la civilizacion y la hizo pasar por los oscuros años de la Edad Media.
Es así que refiriéndonos específicamente a la cultura occidental y sólo parte de la oriental, que abarcó el desarrollo de la doctrina de Cristo, y que es lo importante para nosotros, los acontecimientos que siguieron desde el siglo IV, en que la Iglesia Católica se convierte en la religión oficial del Imperio Romano, ya en franco período de decadencia al inicio de la Edad Media, con el desarrollo del Renacimiento y el avance hasta nuestros días, analizaremos su comportamiento y la relación que necesariamente tiene con la Orden Masónica.
RELACION IGLESIA-ESTADO
CARLOMAGNO EMPERADOR DEL SACRO IMPERIO ROMANO Y PAPA LEON III Y EL ESTADO VATICANO
Cuando la Iglesia de Oriente estaba a punto de caer bajo el yugo del poder musulmán, ésta le pide la ayuda a su hermana la Iglesia de Occidente. Con esta acción despertó las ambiciones de querer formar nuevamente una sola acrisolada y unida Iglesia bajo la autoridad de Roma. De esta forma se incia el proceso que daría un nuevo llamado a la fé y que robustecería el poder del Papa, con la creación de los Estados Papales y la monarquia absolutista, manteniéndola unida hasta el siglo XVI, en que se produce la Reforma de Martín Lutero, el nacimiento de la Iglesia Anglicana en Inglaterra y el comienzo de los movimientos libertarios, que desde el triunfo de la Revolución Francesa iniciaron el término de la monarquía.
Carlomagno fue el primer rey francés que llevo el nombre de Carlos y fue el fundador de la dinastía Carolingia , que duró desde el año 800, en que fue coronado emperador, hasta 1806 en que con la coronación de Napoleón como emperador el título desapareció.
Carlomagno, rey de los Galos (768-814), era simplemente uno de los muchos reyes que gobernaban las diferentes regiones en que estaba dividida Europa. Esa era precisamente la gran diferencia con la Edad Antigua, en que el Imperio Romano había conquistado casi toda Europa, los países del Mediterraneo e impuso la ley y el orden mediante la implementación del primer Código Civil. Así, la pax romana mantuvo el orden durante casi 1000 años.
Con la caída del Imperio de Occidente solo quedaba el Imperio de Oriente, convertido en el Imperio Bizantino, que gobernaba la parte sur de Italia, Sicilia, Turquía y el Medio Oriente. Este mantenía todos esos territorios bajo una misma ley, y el orden se mantenía en un área muy grande, existiendo por ello estabilidad de gobierno.
En Europa todo era diferente, la proliferación de pequeños reinos mantenía convulsionada toda la región, con continuas guerras y diferencias de criterios, haciendo que la supervivencia fuera verdaderamente milagrosa. Sin embargo, con la toma del poder del Reino Galo, Carlomagno inició una serie de conquistas que lo llevaron a formar un solo reino que se extendía sobre toda Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza, Servio-Croacia, parte de Polonia. Y tenía además algunos reinos vasallos hacia Europa oriental.
La extensión de su reino y la defensa que efectuara del Papa Adriano I, quien fuera acusado de herejía por algunos de los Nobles interesados en poner en el trono pontificio a alguien no vínculado a Carlomagno, además que la implantación de una educación a todo nivel y a la forma como se comenzó a implantar el orden y la justicia en forma igualitaria en toda la extensión del reino, no convenía a los intereses de aquellos que se vieron afectados con el crecimiento del reino de Carlomagno.
Devino también en que se reinstalara nuevamente el título de Emperador Romano, con el agregado de Sacro ¨SACRUM ROMANUM IMPERIUM¨, (Emperador del Sacro Imperio Romano), defensor de la fé y del Papa.
Al fallecer Adriano I, le sigue el Papa Leon III, quien el año 800 corona a Carlomagno como Emperador del Sacro Imperio Romano.
Ahora bien, el Papa, desde la partición del Imperio Romano entre Occidente y Oriente, quedó como la única autoridad reconocida en el Occidente, sobre todo porque confiaron en él cuando fueron atacados por los bárbaros. De esa forma, los Papas siguieron gobernando Roma, ciudad que no representaba ya el centro de poder de la antiguedad, fueron testigos de la partición en que se encontraba Europa hasta la llegada de Carlomagno.
A este rey, con todas las aptitudes que poseen los grandes hombres como Julio César o Alejandro el Grande, su intuición seguramente le hizo comprender que unido con la Iglesia podría llegar a ser el supremo regidor de los destinos del Imperio de Occidente. Con esto en mente ayuda primeramente a Adriano I a salir airoso del juicio público que se le abre por hereje, del mismo que sale exonerado. También prevee que para tener una presencia dentro de la política de esa época y como una barrera de contención con el Imperio de Bizancio, le concede territorios que abarcan casi un tercio de Italia, desde la Región Romañola en el Adriático, cruzando la Península, hasta la parte de Umbría. De esa forma nacen los Estados Papales, o los Estados de la Iglesia.
Con esta propiedad creada especificamente para el Papa, nace un incipiente poder político militar, por cuanto la fuerza moral no era suficiente para defender los territorios. Con los Estados Papales, nacen también los Papas guerreros, que tuvieron quizas su máxima expresión en Julio II, protector de las artes y especialmente de Miguel Angel, quien en su período termina la Capilla Sixtina.
Sin embargo, los linderos de los Estados Papales fueron variando con el tiempo y las circunstancias. Una de ellas fue en 1307, cuando el Papa Clemente V deja Roma para gobernar la Iglesia desde Avigñon, oportunidad que es aprovecha por sus enemigos para revolucionar la región y cortar sus límites.
A pesar de ese corto período en que la Iglesia gobierna fuera de Roma, los Estados Papales siguieron siendo protegidos por la monarquía y si bien es cierto que el título de Emperador del Sacro Imperio Romano pasó a poder de la monarquía alemana, ésta siempre fue protectora del Papa y sus intereses.
LA MASONERIA Y EL PAPADO
Los años de la edad media fueron pasando, con una fé renovada, efectuada por las Cruzadas, la evolución de la humanidad siguió adelante entrando en el Renacimiento, que significó un nuevo enfoque de las diversas escuelas filosóficas y un regreso hacia la educación, principalmente sobre las artes y el conocimiento.
Así, con el trabajo de Diderot y el desarrollo de su Enciclopedia, unió a libres pensadores como Voltaire, y a sociologos como Russeau, cuyo pensamiento y acciones fueron convulsionando las ideas mantenidas por siglos, y como lógica consecuencia se comenzó a poner en tela de juicio el que LOS REYES GOBERNABAN POR PODER DIVINO.
El poder infinito que tenían los reyes los mantuvo envueltos en un STATUS QUO, que no les permitió observar que el mundo estaba iniciando un cambio y que la monarquía se mantenía sobre bases fundamentales que se estaban convirtiendo en un anacronismo frente a los tiempos cambiantes que se avecinaban.
Esta falta de perspicacia en darse cuenta de la realidad y los nuevos pensamientos libertarios, sobre todo intelectuales y cientificos, pregonados por algunas instituciones como la masonería, en vez de servirles de aviso de cambio, se convirtieron en peligro inminente y la primera reación fue atacar frontalmente, en el frente que todavía encontraba un asidero legal, cual era la Fé.
Es indudable que todo aquel que se levantaba contra el gobierno del Rey lo hacía también contra la Iglesía, pues ESTADO-IGLESIA era un todo indivisible. En estas circunstancias, en el reinado de CLEMENTE XII, el 28 de Abril de 1738, a 32 años de la Independencia de Estados Unidos y a 68 años en que acabó el título de Emperador del Sacro Imperio Romano, se emite la Encíclica o Bula IN EMINENTE, que instituye la excomulgación de todos los católicos que pertenecían o pretendían ingresar a la sociedad secreta conocida como MASONERIA.
Entre los considerandos que expone la Bula, por ser considerados incriminatorios y contra los principios de la Iglesia:
"  Que los hombres pretendían legislar leyes para gobernarse a sí mismos.
"  Que pretendían que existiera una separación entre Estado e Iglesia.
"  Que se intrudujera la educación laica.

Fundamentos que hoy en día son la norma de gobierno de casi todos los países del mundo, pero que por esos tiempos eran sacrílegos y se les castigó con la peor de las condenas, ser arrojados del seno de la Iglesia.
A pesar de que la mayoría de los países conocidos ya habían logrado su libertad, quizás como consecuencia de la pérdida territorial de los Estados Papales, por el acuerdo de anexión de Umbría, en 1870, y como el Papa se negaba a reconocer el derecho de los italianos a tener su propio país, y a reconocerlo como gobierno legal de Italia, habría que agregar que dichos territorios prácticamente dividían Italia en dos. El Papa León XIII ve pasar el tiempo de su reinado enclaustrado en el Vaticano. Si bien el Gobierno Italiano le pasaba una pensión anual por la pérdida de sus territorios, éste mantenía su poder ecuménico sobre la Iglesia Católica, pero enclavado en su palacio alrededor de la Iglesia de San Pedro.
Este profundo cambio socio-político-económico debió ser analizado por la Curia Romana y particularmente por León XIII, y considerando que era la masonería la que seguía proclamando su lema de LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD con que triunfó la Revolución Francesa, que el principio del fín para el sistema monárquico y de la alianza ESTADO-IGLESIA, así como otros intereses escondidos que siempre han existido, en 1884 emite la Encíclica o Bula Papal, HUMANUM GENUS, que vuelve a excomulgar a los católicos que pertenecen a la Orden Masónica o aquellos que prentendan ingresar a ella.
La Encíclica condena a los masones por su posición liberal de defender la separación de la Iglesia Estado y por favorecer la anexión de los Estados Papales, para la creación de Italia como país.
Después de las dos Encíclicas o Bulas, existen otros cinco documentos de menor autoridad que confirman la excomunión a los masones, en todos ellos se les acusa de multitud de deformaciones de tipo religioso, no siempre demostradas, sino más bien concebidas por la creencia popular y que afirman que la masonería tiene por fín pernicioso el combatir a la Iglesia Católica, sus dogmas, sus principios y su organización.
Teniendo en consideración como base esas crencias y afirmaciones, es que la Iglesia los ha excomulgado oficialmente al incluirlos en el Derecho Canónico (cánon 2335), manteniendo hasta la fecha ese criterio y pareciera manifestarse latente el deseo de la Iglesia de reprimir a la masonería por considerarla una institución enemiga y peligrosa.
Pero conviene considerar serenamente y sin perjuicio, si en la actualidad es lo que tradicionalmente la Iglesia mantiene o si debido a los cambios históricos y evolutivos de la humanidad ha variado su línea de conducta con respecto a los masones.
Los siete documentos mencionados anteriormente datan de antes del 11 de Febrero de 1929, en que se firmó el Concordato de Letrán, que devuelve un Estado Papal, con territorio nominal, pero que le otorga un Estado de Derecho y que no existe documento alguno que renueve o actualize las penas a los católicos que pertenecen a la Orden.
Consecuentemente, podemos afirmar que esas Encíclicas y otros documentos, fueron dictados por una autoridad investida de carácter político-religioso y que al ser consideradas en cualquiera de sus formas, el Pontífice castigaba actuando como tal y además como Jefe de Estado.
Estas circunstancias hicieron que hubiera una ¨reacción¨ a la "acción" emprendida por la Iglesia y se declarara de alguna forma un sistema de defensa a la acusación de ser considerada la masonería y particularmente a sus miembros católicos, enemigos acérrimos, irreconciliables y antagónicos de ella.
En estas circunstancias, es bueno y justo reconocer que dicha enemistad se manifestó en las siguientes formas:
1.  Los masones respondían a la lucha (excomunión) con actitudes anti-religiosas.
2.  La Iglesia reactualizaba la excomunión divulgando las creencias populares acerca de los masones .
Sin embargo, todo parece indicar que esa fue una lucha del momento que se vivía, pues según se puede apreciar en las constituciones masónicas, no existe en ellas el fín constitucional implícito o explícito de combatir a la Iglesia Católica y no se puede negar que existieron algunas que de ¨motu propio¨ la enfrentaron, pero no por ello se puede considerar como un fín propio de la Orden Masónica.
Por otro lado, habría que considerar que desde que la Iglesia dejó de ser Estado temporal o territorial,. el enfrentamiento se debió a la evolución del espíritu libertario que tenían los pueblos del mundo contra una monarquía absolutista, anacrónica a los nuevos tiempos que el mundo cambiante iba desarrollando y que terminaron con la supuesta "designación divina de los Reyes" y que lógicamente era la pared opuesta del lema de la Orden LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD.
La relación del co-gobierno ESTADO-IGLESIA se terminó, pero no por ello ninguno de los dos ha desaparecido, simplemente cada uno ha tomado el lugar que le corresponde en el devenir histórico de la evolución de la humanidad.
El Gobierno se avoca a resolver los problemas propios de su constitución, esto es buscar la forma que todos tengan igualdad de derechos y cumplan con sus obligaciones. Dentro de las muchas filosofías de vida, algunas de ellas han pasado dejando una huella de dolor, muerte y destrucción, en la existencia de la humanidad, otras están en proceso de encontrar mejores caminos que lleven a una sociedad plena con felicidad y bienestar para todos.
La Iglesia, por otro lado, cumpliendo con su labor pastoral, por medio del Papa ha recobrado su papel rector de la moral y de la justicia social, buscando armonizar entre el materialismo consumista y la espiritualidad que debe existir como contención a un desenfreno que la libertad, convertida en libertinaje, puede llevar a la destrucción de la civilización como nosotros la conocemos.
Si la Iglesia ha marcado cambios sustantivos a partir del Concilio Vaticano II, debemos esperar que conceptos y órdenes como los que se mantienen en el Canón 2335, deben de ser enmendados o simplemente anulados sus efectos negativos. Este cánon, a la letra dice:
¨………incurren en excomunión LATAE SENTENTIAE, reservada a la Santa Sede los que dan su nombre a una Secta Masónica o a otras asociaciones de este género que maquinan contra la iglesia o las legítimas potestades civiles……¨
En sentido contradictorio debemos recalcar también que el Concilio Plenario Latinoaméricano, en su acuerto No.170, expresa que:
¨……..No todas las Logias se puede afirmar que sean impías y exhorta al episcopado asistente a que instruya al pueblo al respecto"
Sobre la Orden Masónica se han escrito, se escriben y seguramente se seguirán escribiendo infinidad de libros que hablan sobre supuestos ritos, declaraciones y juramentos que los masones deben cumplir, todos ellos dirigidos contra la Iglesia Católica. Sin embargo podemos afirmar y decir sin faltar a la verdad, lo siguiente:
l.- Los masones creen en Dios y en su Iglesia y exigen esa crencia para admitir a sus pos tulantes.
2.- La masonería ha preconizado en todo momento y defiende la tolerancia religiosa, la que sido promulgada por el Concilio Vaticano II, como criterio actual de la Iglesia.
3.- Es cierto que los masones se rigen por rituales y constituciones propias y que tienen reuniones secretas, pero en sitios conocidos por todos y cuya existencia esta debidamente registrada en el Registro de Asociaciónes, de carácter privado, con dirección y nombre de sus dirigentes. En consecuencia sus sitios de reunión son de conocimiento público.
4.- Que en ningún ritual, constitución, reglamento, se incluye una aptitud o gesto que pudiera interpretarse como hiriente u ofensivo a religión alguna.
5.- Las logias masónicas reunen en su seno a todos los hombres de buena voluntad, los mismos que necesariamente tienen que creer en un Ser Supremo, al que le llaman el Gran Arquitecto del Universo y que representa al Dios de cada uno de sus miembros.
6.- Que en la Orden Masónica, nunca se tratan temas referidos a politica partidista y religión en sus postulados o conceptos teológicos.
7.- Que ingresando al tercer milenio de la era cristiana, la orden masónica pone como ejemplo la tolerancia que practica entre todos los hombres al reunir en su seno hombres de variadas creencias religiosas, así como de todas las tendencias políticas, lugar donde las inconveniencias de las leyes profanas que los separan quedan milagrosamente sin efecto, cuando se reuen en paz y armonía en una logia masónica.
Hay que considerar, por otro lado, las acciones realmente extraordinarias que esta haciendo el Papa Juan Pablo II. En la visita a Lourdes, Francia el año pasado, pidió perdón por la matanza de San Bartolomé, el 28 de agosto de 1584, ocurrida en París, en que más de l00.000 protestantes fueron degollados, acción que fuera celebrada con un TE DEUM de acción de gracias por el Papa Gregorio XIII, en una demostración de una intolerancia sin precedente para el jefe de una Iglesia, contra gente que simplemente pensaba diferente.
En 1997, también el Papa, exoneró de toda culpa y retiró los cargos que se hicieron contra GALILIO GALILEI, en su calidad de científico, al afirmar que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no al revés como la Iglesia lo mantenía. Esta acción la hizo para reconocer la existencia de la CIENCIA en todos sus conceptos y dejar a la Iglesia en su papel pastoral, como siempre debió ser.
Este año, el Papa Juan Pablo II pidió disculpas al pueblo judío por el silencio que mantuvo la Iglesia Católica durante los años del genocidio en la 2da. Guerra Mundial.
Muchos se preguntarán ¿Qué importancia tiene ahora el pedir disculpas por hechos que ocurrieron tantos años atrás?. Habría que responder, que acciones como esas tienden a curar las heridas abiertas por acciones cuyos efectos se van trasmitiendo a través de los siglos y las mantienen latentes, haciendo imposible de cicatrizar en muchos casos, impidiento que nuevamente existan vínculos que unen, dejando que cada una de las partes tengan su lugar en nuestro mundo.
En medio de todos los problemas que enfrenta el mundo actual, es la intolerancia la que sigue causando los mayores conflictos y que deviene en muerte, sufrimiento, pobreza e incomprensión. Como masones, mantenemos que el remedio a muchos de las males de nuestra era se pueden solucionar empleando la Tolerancia, como medio, haciendo uso extensivo de una Libertad amplia bajo la Ley, con una Igualdad que brinde posibilidades para todos y demostrando la Fraternidad que como hijos del mismo Ser Supremo debemos mantener y ejercer.
Todos ello unido a una FE inquebrantable en nuestros ideales, con respeto y guardando los derechos de los demas, con la ESPERANZA de hacerlo realidad, conforme pongamos nuestro empeño y con CARIDAD para con todos los seres vivientes de nuestro mundo, quizás podamos encontrar expandiendo los sentimientos masónicos, que el paraíso se encuentra en nuestra propia realidad y que depende solo de nosotros el poderlo descubrirlo y vivirlo a plenitud.
El presente trabajo, se ha formulado con la más completa imparcialidad, teniendo en consideración los hechos históricos consignados en documentos de reconocida veracidad y manteniendo las verdades causa-efecto al efectuar un análisis que permita llegar a verdades concretas, considerando que es la única forma de brindar un juicio coherente a los hechos y, por supuesto, dejando a discreción de todos y cada uno de los que lean o escuchen este mensaje, la oportunidad para que busquen sus propias conclusiones, pues como masón, entiendo y respeto las ideas y creencias de todos y al exponer las mías solo lo hago con el afán de que sirvan como referencia o quizás acicate a impulsar el deseo de investigar y buscar la verdad o realidad que tiene cada ser humano.


Fuente: Revista "El heraldo Masonico"   Junio 1998

 

Imposibilidad de conciliar Fe Cristiana y Masonería

L'Osservatore Romano,

Reflexiones sobre la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Publicación de L'Osservatore Romano (1).
El 26 de noviembre de 1983 la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba una declaración sobre las asociaciones masónicas. Poco más de un año de su publicación puede ser útil ilustrar brevemente el significado de este documento.
Desde que la Iglesia comenzó a pronunciarse acerca de la Masonería, su juicio negativo sobre ésta ha estado inspirado en múltiples razones, prácticas y doctrinales. La Iglesia no ha juzgado a la Masonería solamente por ser responsable de actividad subversiva en contra suya, sino que desde los primeros documentos pontificios sobre la materia, en particular en la Encíclica Humanum genus de León XIII (20-4-1884), el Magisterio de la Iglesia ha denunciado en la Masonería ideas filosóficas y concepciones morales opuestas a la doctrina católica. Para León XIII se trataba esencialmente de un naturalismo racionalista, inspirador de sus planes y de sus actividades en contra de la Iglesia. En su carta al pueblo italiano Custodi (8-12-1892) escribía: "Recordemos que el cristianismo y la Masonería son esencialmente inconciliables, al punto de que inscribirse en una significa separarse del otro".
No se podía, por tanto, dejar de tomar en consideración las posiciones de la Masonería desde el punto de vista doctrinal, cuando en los años 1970-1980 la S. Congregación mantenía correspondencia con algunas conferencias episcopales particularmente interesadas en este problema, con motivo del diálogo sostenido entre personalidades católicas y representantes de algunas logias que se declaraban no hostiles o incluso favorables a la Iglesia.
Un estudio más a fondo ha llevado a la S. Congregación para la Doctrina de la Fe a reafirmarse en la convicción de la imposibilidad de fondo para conciliar los principios de la Masonería y los de la fe cristiana.
Prescindiendo, por lo tanto, de la consideración del comportamiento práctico de las diversas logias, de la hostilidad al menos en la confrontación con la Iglesia, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con su declaración del 26-11-83, ha intentado colocarse en el nivel más profundo y, por otra parte, esencial del problema: esto es, en el plano de la imposibilidad de conciliar los principios, y lo que ello significa en el plano de la fe y de sus exigencias morales.
Partiendo de este punto de vista doctrinal, en continuidad con la posición tradicional de la Iglesia -como lo testimonian los documentos de León XIII arriba citados-, se derivan seguidamente las necesarias consecuencias prácticas, que valen para todos aquellos fieles que eventualmente estuvieren inscritos en la Masonería.
En algunos sectores se ha dado por objetar, respecto de las afirmaciones sobre la imposibilidad de conciliar los principios, que sería esencial a la Masonería precisamente el hecho de no imponer ningún "principio", en el sentido de una posición filosófica o religiosa que sea obligatoria para todos sus miembros, sino por el contrario de acoger a todos, más allá de los límites de las diversas religiones y visiones del mundo, hombres de buena voluntad basados en valores humanos comprensibles y aceptados por todos.
La Masonería constituiría un punto de cohesión para todos aquellos que creen en el Arquitecto del universo y se sienten comprometidos en la lucha por aquellos ordenamientos morales fundamentales que están definidos por ejemplo en el decálogo; la Masonería no alejaría a nadie de su religión, sino por el contrario constituiría un incentivo para un mayor compromiso.
Los múltiples problemas históricos y filosóficos que se esconden en tales afirmaciones no pueden ser discutidos aquí. Después del Concilio Vaticano II ciertamente no es necesario subrayar que la Iglesia Católica alienta una colaboración entre todos los hombres de buena voluntad. Sin embargo, asociarse a la Masonería va evidentemente más allá de esta legítima colaboración y tiene un significado de mucha mayor relevancia y especificidad.
Antes que nada se debe recordar que la comunidad de los "Liberi Muratori" y sus obligaciones morales se presentan como un sistema progresivo de símbolos de carácter extremadamente impositivo. La rígida disciplina del secreto que allí domina refuerza a la postre el peso de la interacción de signos e ideas. Para los inscritos este clima reservado comporta, entre otras cosas, el riesgo de terminar siendo un instrumento de estrategias para ellos desconocidas.
Incluso si se afirma que el relativismo no se asume como un dogma, sin embargo se propone de hecho una concesión simbólica relativista, y por lo tanto el valor relativizante de tal comunidad moral-ritual, lejos de poder ser eliminado, resulta por el contrario determinante.
En tal contexto, las diversas comunidades religiosas a las que pertenecen los miembros de las logias no pueden ser consideradas sino como simples institucionalizaciones de un anillo más amplio e inasible. El valor de esta institucionalización se muestra, por tanto, inevitablemente relativo, respecto a esta verdad más amplia, la cual se manifiesta más fácilmente en la comunidad de la buena voluntad, esto es en la fraternidad masónica.
Aun así, para un cristiano católico no es posible vivir su relación con Dios de una manera doble, es decir, escindiéndola en una forma humanitario-supraconfesional y en una forma interior-cristiana. Éste no puede cultivar relaciones de dos tipos con Dios, ni expresar su relación con el Creador por medio de formas simbólicas de dos especies. Ello sería algo completamente distinto a aquella colaboración, que le es obvia, con todos aquellos que están comprometidos en la realización del bien, aunque partan de principios diversos. Por otro lado, un cristiano católico no puede al mismo tiempo participar de la plena comunión de la fraternidad cristiana y, por otra parte, mirar a su hermano cristiano, desde la perspectiva masónica, como a un "profano".
Incluso si, como ya se ha dicho, no hubiese una obligación explícita de profesar el relativismo como doctrina, aún así la fuerza relativizante de una tal fraternidad, por su misma lógica intrínseca, tiene en sí la capacidad de transformar la estructura del acto de fe de un modo tan radical que no sea aceptable por parte de un cristiano "que ama su fe" (León XIII).
Este trastorno en la estructura fundamental del acto de fe se da, además, usualmente de un modo suave y sin ser advertido: la sólida adhesión a la verdad de Dios, revelada en la Iglesia, se convierte en una simple pertenencia a una institución, considerada como una forma representativa particular junto con otras formas representativas, a su vez más o menos posibles y válidas, de cómo el ser humano se orienta hacia las realidades eternas.
La tentación de ir en esta dirección es hoy tanto más fuerte cuanto que ésta corresponde plenamente a ciertas convicciones predominantes en la mentalidad contemporánea. La opinión de que la verdad no puede ser conocida es característica de su crisis general.
Precisamente considerando todos estos elementos, la declaración de la S. Congregación afirma que la inscripción en la masonería "permanece prohibida por la Iglesia" y los fieles que se inscriben en ella "están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión".
Con esta última expresión, la S. Congregación indica a los fieles que tal inscripción constituye objetivamente un pecado grave y, precisando que los que se adhieren a una asociación Masónica no pueden acceder a la S. Comunión, quiere iluminar la conciencia de los fieles sobre una grave consecuencia a la que deben llegar en caso de adherirse a una logia masónica.
La S. Congregación declara, finalmente, que "no le compete a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas, con un juicio que implique la derogación de cuanto ha sido arriba establecido". Con este fin el texto hace también referencia a la declaración del 17 de febrero de 1981, que ya reservaba a la Sede Apostólica todo pronunciamiento sobre la naturaleza de estas asociaciones que implicase la derogación de la ley canónica entonces vigente (can. 2335).
Igualmente, el nuevo documento emitido por la S. Congregación para la Doctrina de la Fe en noviembre de 1983 expresa idénticas intenciones de reserva en relación a pronunciamientos que no coincidan con el juicio aquí formulado sobre la imposibilidad de conciliar los principios de la masonería con la fe católica, sobre la gravedad del acto de inscribirse en una logia y sobre la consecuencia que de ello se derive para el acceso a la Santa Comunión. Esta disposición indica que, no obstante la diversidad que pueda subsistir entre las obediencias masónicas, en particular en cuanto a su postura declarada hacia la Iglesia, la Sede Apostólica vuelve a encontrar en ellos principios comunes que piden una misma valoración por parte de todas autoridades eclesiásticas.
Al hacer esta declaración, la S. Congregación para la Doctrina de la Fe no ha pretendido desconocer los esfuerzos realizados por quienes, con la debida autorización de este dicasterio, han buscado establecer un diálogo con representantes de la Masonería. Pero, desde el momento en que existía la posibilidad de que se difundiese entre los fieles la errada opinión de que ahora ya era lícita la adhesión a una logia masónica, ha considerado como su deber hacer de su conocimiento el pensamiento auténtico de la Iglesia sobre este asunto y ponerlos en guardia ante una pertenencia incompatible con la fe católica.
En efecto, sólo Jesucristo es el Maestro de la Verdad y sólo en Él pueden los cristianos encontrar la luz y la fuerza para vivir según el designio de Dios, trabajando por el verdadero bien de sus hermanos.
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Notas
1. * L'Osservatore Romano, edición en italiano, 23 de febrero de 1985, p. 1. [Regresar]

MASONERIA Y OPUS DEI

Jorge Eliécer Salazar Avenia

REFERENCIA HISTORICA

El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de octubre de 1.928, aunque en ese momento solo se llamó la “Obra”. Su pretensión de denominarla “La Obra de Dios”- Opus Dei- sólo se concretó el 14 de febrero de 1.930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales y los pobres, y fue rapidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y económicas. Igualmente en 1.930, Escrivá acepta que el Opus está dirigido también a la mujer y dentro de su membrecía se abre una categoría especial para las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.

Desde 1.933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la misión de la Academia, además de impartir educación universitaria en Derecho y Arquitectura, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.

Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo combatiente contra la República Española y a favor del generalísimo Francisco Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de gobierno de la dictadura.

A comienzos de 1.940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1.943 a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes, convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de 1.940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby consiguió que el Vaticano diera la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto Secular. En 1.950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la obra. El Decreto aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.

En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.

A finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América Hispana del Opus Dei. Perú, Méjico, Venezuela, Guatemala, Chile, Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad Tobago, República Dominicana y Nicaragua, así como también Canadá y Estados Unidos, y en fin todos los países centro y sur americanos entran a formar parte de los objetivos de la obra de Escrivá de Balaguer. El mismo, o las más altas autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de 1.975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalado en el poder o muy cerca de él en los países Hispano Americanos.

Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del Opus Dei y después de ella.


MASONERIA E IGLESIA CATOLICA

A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia Católica, que ha sido perturbado por algunos sectores fundamentalistas en materia religiosa y de derecha en orientación política.
Rápidamente miremos cada uno de ellos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la Masonería con las Constituciones de 1.722 de los pastores Anderson y Desaguliers y es una centuria llena de zozobra y persecuciones contra la Orden Masónica. Realmente, fueron escasos los gobiernos y los estados que no prohibieran la masonería y las reuniones de masones. En realidad la Corte de Roma o la Santa Sede no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la masonería. En 1.735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1.736, el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1.737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1.738; María Teresa de Austria lo hará en 1.743; en Aviñón. París y Ginebra en 1.744; en 1.745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1.748; Carlos VII de Nápoles (futuro Carlos III de España) y su hermano Fernando VI de España en 1.741; en 1.763 los Magistrados de Danzintg; en 1.770 el Gobernador de la Isla de Madeira y los Gobiernos de Berna y Ginebra; en 1.784 el Príncipe de Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1.785, el Duque de Baden y el Emperador de Austria José II; en 1.794 el Emperador de Alemania Francisco II, el Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el emperador Ruso Pablo I; en 1,.798 se suma a los perseguidores Guillermo III de Prusia, éstos solo para citar los más conocidos. No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.

Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas de los Papas Clemente XII en 1.738 y Benedicto XIV en 1.751, así como en el Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1.739.

En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al Secreto riguroso con que los masones se protegían y al juramento que ellos hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los Estados, a toda asociación o grupo no autorizado por el Gobierno.

A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV agregaron el considerar a los masones y a sus reuniones como sospechosos de “herejía”, y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los masones admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los masones.

Esta drástica medida para combatir la masonería está claramente establecida en el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado el 14 de enero de 1.739, en el que se dice “que las reuniones masónicas eran no sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República, no usarían tantos vínculos secretos”. Una consecuencia inmediata y directa de este edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las viviendas de los masones.

Además, se dio también como resultado del mencionado edicto la creación del llamado delito de masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales, los masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito político.

Lo anterior explica porqué en ningún documento del Siglo XVII incluidas las bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohibe la masonería en cuanto a institución, sino “las reuniones de masones”, las cuales se señalan con nombres disímiles en la bula In eminenti del Papa Clemente XII, como son Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades, etc.

El segundo momento de las relaciones entre la masonería y la Iglesia Católica se va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las sociedades patrióticas y políticas, por un lado, y el impacto de la Revolución Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los soberanos absolutistas de la Europa del Congreso de Viena que no se resignaban a perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte de Roma.

Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a muchos masones e incluso sacerdotes católicos que se supo en ese momento pertenecían a la masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica. Este papel preponderante de la masonería en ese momento histórico creó dos situaciones diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran Bretaña y países nórdicos, la masonería adquirió prestigio social y tuvo presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la masonería en sus respectivos países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.

En cambio, en los países católicos los ideales de la masonería, confundidos e identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época una dura reacción contra la masonería, originada en la conocida unión del Trono y el Altar en defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina Europea fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar, Miranda, San Martín, Santander, etc.

De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento masonería - Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del denominado mito del complot masónico - revolucionario, difundido por el abate Barruel. Este famoso mito atribuyó a la masonería la creación de grupos de subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia católica, como la renombrada Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la Iglesia a los masones, evitando así que la Masonería Latina Europea pudiera, al igual que la Anglosajona evolucionar rápidamente en su crecimiento y desarrollo.

El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la condena contra los masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a la masonería como una “Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento de la iglesia y de los poderes del Estado”. En este sentido, se pronuncian la Constitución Ecclesian Christi de 1.821 promulgada por el Papa Pío VII y la Humanum Genus de 1.884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de mantener la confrontación con la masonería, se refirieron a ella en sus documentos y alocuciones, en más de 2.000 ocasiones.

En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia llegó inclusive a afirmar que la masonería atacaba “los derechos del poder sagrado y de la autoridad civil”, que “conspiraba contra la Iglesia y el poder civil”, que “atacaba a la iglesia y los poderes legítimos”. En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de la masonería “era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo”. Afirma también que “la secta masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturalistas” y que “mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica”.

Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento se le diera a la masonería un trato que llevó a la Orden masónica de los países latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.

El resultado final, ya en los albores del siglo XX, es que el Código de Derecho Canónico promulgado el 27 de mayo de 1.917, después de la muerte de León XIII, recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la masonería, especialmente las de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que “los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica”.

Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la masonería y la Iglesia católica cuando en 1.928 Josemaría Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.

En realidad de verdad, La Obra debió ser un propósito que tal vez se anidó en el ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1.909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en el primer decenio del siglo, alrededor del periódico El Debate perteneciente a la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde El Debate impulsaba de manera dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en 1.909 por el sacerdote jesuita Ayala tenía como fin “formar unas minorías escogidas, compuestas de hombres ‘apostólicos’ pertenecientes a las más variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de carácter religioso”; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la “Confederación Española de los Derechos Autónomos” partido político de carácter religioso.

Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto agregamos el momento histórico en que se da – al que nos hemos referido antes, es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó de manera sistemática a la masonería y a los masones. Situación que habrá de verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la masonería fue soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran mayoría de la Iglesia católica, especialmente sus más altas jerarquías lucharon a favor de las fuerzas de franco.

Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a generar otra de las características, ésta coincidente con la masonería, y fue la de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y educación, con postulados políticos muy diferentes a los de la masonería. Es decir, de alguna manera Josemaría Escrivá buscó formar una masonería para los sectores más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia católica.

Esta actitud del fundador del Opus Dei pretendió atraer también hacia La Obra y alejar de la masonería a los sectores más tolerantes del clero católico y de su feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei necesariamente tenía que producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en España, México y Brasil.

Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de referencia más importante es la celebración del Concilio Vaticano II (1.961-1.965), en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación entre la masonería y la Iglesia católica. En este sentido, los Obispos de Méjico, Monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet, junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava lideraron este acercamiento.

Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara fue el buen Papa Juán XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración:

“Señor y Gran Arquitecto:

“Nosotros nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón por la herejía en el curso de desconocer en nuestros hermanos masones como tus seguidores predilectos.

“Luchamos siempre contra el libre pensamiento, poruqe no habíamos comprendido que el primer deber de una religión, como afirmó El Concilio, consiste en reconocer hasta el derecho de no creer en Dios.

“Habíamos perseguido a aquéllos que dentro de la propia iglesia habíanse distanciado inscribiéndose en las Logias, despreciando todas las injurias y amenazas.

“Habíamos irreflexivamente acreditado que una señal de la cruz pudiese ser superior a tres puntos formando una pirámide.

“Por todo esto nos arrepentimos Señor y con tu perdón te rogamos nos hagas sentir que un compás sobre un nuevo altar puede significar tanto como nuestros viejos crucifijos. Amén.”

En el año de 1.974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de masonerías sin ánimo de enfrentamiento religioso con la Iglesia católica y reconocía por primera vez desde 1.738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos era entendible en medio de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta nueva situación, la Iglesia católica promulgó el 8 de enero de 1.983 un nuevo código de derecho canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay una referencia concreta a la masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal es el siguiente: “Aquéllos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la iglesia, serán castigados con una pena justa; aquéllos que las promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho”.

Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió una Declaración sobre las Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1.983, en la cual insiste en la condena y el rechazo a la masonería y prohibe a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1.985, ante el poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado “Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería”. Esta nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la Orden Masónica.

 

MASONERIA, OPUS DEI Y PODER


A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes con el fin de instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de ellos.

La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la participación de los masones en los hechos revolucionarios de 1.779 y 1.781 en América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la Masonería.

En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y América Latina.

Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para conseguirlo ha trabajado durante setenta años tanto dentro de la organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza dominante dentro de la Curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de Juán Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80.000 miembros en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2.000 son sacerdotes. Es la única diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una Iglesia dentro de la Iglesia.

De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países centro y sur americanos.

Superado el problema eminentemente religioso, que para la masonería no existe, se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza por peligrosa la apoliticidad propia de la masonería.


CONCLUSIONES

Podemos concluir esta breve charla afirmando que:
1. El Opus Dei es una congregación de carácter religioso, con características de secta, y, por ende, dogmática, al servicio del fundamentalismo y la ortodoxia de la Iglesia católica. La Masonería, por el contrario, es una filosofía, carente de etiquetas religiosas, filantrópica, ética y apolítica.

2. El Opus Dei es una Institución Religiosa Católica, con la cual tal vez la Curia Romana está experimentando la posibilidad de recuperar para la religión el poder político en los Estados.

3. Aunque el Opus Dei sea una organización que tiene iniciados y ritos iniciáticos para sus miembros, que comparte con la religión católica los llamados misterios de la Iglesia, no es en realidad una masonería, pues se aparta de muchos de los principios fundamentales de esta Institución.

4. El Opus Dei busca a través de la práctica religiosa el poder terrenal para la Iglesia católica. Lo cual significaría un retroceso histórico al volver a confundir el Trono y el Altar bajo una misma fe o credo. La masonería respeta toda creencia o práctica política que funcione lícitamente dentro de los Estados, si bien procura que los afiliados suyos que ejerzan poder político lo hagan con observancia de su enseñanza ética, moral y filosófica.

5. Si bien el acercamiento entre Masonería y Opus Dei es posible, dentro de los postulados de tolerancia y respeto, esa sola circunstancia no borrará las discrepancias y diferencias entre las dos Instituciones.


BIBLIOGRAFIA

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DE KEMPIS, Tomas: “Imitación de Cristo”. Editorial Tor, Buenos Aires.

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FERRER BENIMELI, José Antonio: “Cursos de Verano en el Escorial” –Masonería y Religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad?, Primera Edición. Editorial Complutense. España, 1.996.

GUERRY, Emile, Monseñor: “La Doctrina Social de La Iglesia”, Segunda Edición. Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1.961.

Historia del Opus Dei. Publicada por la Oficina de Información del Opus Dei en España, 1.998.

LE VAILLANT, Yvon: “La Santa Mafia”. Editores asociados, S. de R. L. México, 1.971.

MONCADA, Alberto: “Historia Oral del Opus Dei. Editorial Plaza & Janés, 1.987.

VACA DE OSMA, José Antonio: “La Masonería y el Poder”. Editorial Planeta. Barcelona España, 1.992.


Charla leída por el Ven:. H:. Jorge Eliécer Salazar Avenia en la Ten:. Ord;, y de calendario de la Resp:. Log:. Unión No. 9, Jurisdiccionada a la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con Sede en Cartagena el día 1 de agosto de 1.999

Fuente : http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/2313/Masoneria_y_Opus_Dei.html

 

REFLEXIONES SOBRE EL G:. A:. D:. U:.

REFLEXIONES SOBRE EL G:. A:. D:. U:.

JOSÉ DAVID BELMONTES BELTRÁN M? M?

CULIACÁN, SINALOA. 02 DE JULIO DEL 2005

Un requisito ineludible para entrar en la masonería, es creer en la existencia de un ser supremo ó dios, y dentro del ritual de todos los grados se eleva una pequeña oración a dios para que dirija é inspire los trabajos de ese momento, también esta prohibido hablar de política como de religión, esto tiene el propósito de no entrar en polémicas conflictivas con los diferentes credos ó tendencias políticas que existen entre la pluralidad de los hermanos. Pero algunos equivocadamente piensan que religión y dios son una misma cosa.

Probable es que dios y la conciencia del hombre hayan nacido al mismo tiempo, ver las fuerzas naturaleza en todo su poder debió aterrorizar a nuestros ancestros, y ante su incapacidad para comprender personifico estas fuerzas en dioses, grabando en su subconsciente este poderoso arquetipo (1) que aun hoy sobrevive como reminiscencias raciales en el subconsciente colectivo.

Todo hombre incluyendo al ateo, tiene su concepto de dios, y para la mayoría, dios es el todo, origen y final de cuanto existe, pero la existencia de dios no puede sustentarse por razones concretas y lógicas, por ello quizás sea una pulsión psicológica que nos impulsa mas a sentir que a comprender (gran parte de nuestros actos y decisiones tienen su origen en el inconsciente)...... Sin embargo, todo lo que existe en la conciencia del hombre.... Existe.....y es que lejos de ser el hombre brazos, piernas y cuerpo, es conciencia en expansión ó evolución.

Alguien comentó que el hombre plasma su propio ideal en “su” dios, ó sea que “su” dios es el súper-hombre que él desea ser, mas al evolucionar el hombre y alcanzar su ideal-dios, debe dar nacimiento a  nuevos dioses con nuevos y más altos ideales a alcanzar, por ello el hombre a tenido múltiples dioses, la única formula que concibo para que “su” dios no muera, es que evolucione en la misma medida que el hombre.

El hombre es finito y de mente relativa, por ello no puede comprender la mente absoluta e infinita de dios, y ante este impedimento el hombre dentro de sus limitaciones y capacidades crea “sus” propios dioses, sacando los arquetipos que dormitan en el subconsciente racial, antromorfeando las fuerzas de la naturaleza ó tomando como base a un hombre que fue ejemplar en virtudes y sabiduría,  y es así  como el hombre a través de sus propias creaciones percibe y se pone en contacto con las santas jerarquías y con el dios único y verdadero  que esta mas allá de la forma, tiempo y espacio.

El concepto no es la realidad, sin embargo nos acerca a ella, el concepto de dios a evolucionado junto con el hombre, mas el avance a través de la historia y las razas a sido arduo y doloroso, la intolerancia de algunos y la indolencia de otros nos a echo lento nuestro andar, para no extraviarse en su búsqueda, el hombre debe ser libre y dejar en libertad a sus semejantes, libre de dogmas, supersticiones, sofismas é ideas preconcebidas, libre de prohibiciones y anatemas, libre de infiernos y cielos, ángeles ó demonios.

Lo anterior incluye sin revelar el secreto, el propósito de los 33 grados de la masonería y en forma especial el misterio del maestro masón, la búsqueda del príncipe rosacruz, y el secreto profundo de Hiram Habiff, busca con celo la tumba del maestro con su corazón embalsamado, y vuélvelo a la vida como a Osiris, y él té dará un nuevo mallete en forma de cruz junto con una piedrecilla blanca con una rosa grabada y un nuevo nombre.

Las dos grandes columnas “B” y “J” a la entrada de nuestro templo nos recuerda la ley de la polaridad ó los opuestos, el masculino y femenino, el activo y el pasivo, y es que sin estos principios ¿cómo comprender ó explicar el proceso de la generación?, la tesis lleva implícita la antitesis, así el hombre al crear a “sus” dioses crea en forma simultanea sus opuestos ó complementos, después dé todo la diversidad  es aparente y el todo solo es uno; cuando el candidato esta apunto de ser iniciado en el grado de aprendiz, el venerable maestro pregunta “que pedís para el hermano (el candidato a iniciarse) todos responden “la luz” y en ese momento quien porta y otorga la luz es el venerable maestro, quien en ese momento esta representando a: ¿Hiram Habif?, ¿prometeo?, ó  ¿Lux Fero?...... Al final de toda reflexión, todo se resume en una personalidad......Dios.

“HOMBRE CONÓCETE A TI MISMO Y ASÍ, ALGÚN DIA CONOCERÁS AL UNIVERSO Y A LOS DIOSES”.

BIBLIOGRAFÍA:
No hay, solo son reflexiones.

 

GLOSARIO:
·         ARQUETIPO.- Formas primordiales que sobreviven en las conciencias colectivas, elementos estructurales numinosos de la psique y poseen cierta autonomía y energía especifica en virtud de lo cual pueden atraerse los contenidos de la conciencia que les convenga (diccionario de símbolos - J Eduardo Cirlot).
·         TESIS.- Obras destinadas a demostrar la verdad de una teoría.
·         ANTITESIS.- El no ser-
·         SÍNTESIS.- Llegar a ser (Diccionario Larouse)

Fuente:  http://www.glrbv.org.ve/trabajos%20y%20trazados%20masonicos/Trazados%20de%20Otras%20Logias/Reflexiones%20sobre%20el%20GADU.htm

 

Un Libro En Las Logias

Lo que fue un préstamo se torna en una usurpación que empobrece nuestra augusta orden.

Sergio Casanova Díaz
Arquitectos De La Amistad  No10
Gran Logia Central De Colombia

Un librepensador profano, con sus ojos cubiertos por una venda protectora, es  introducido en  un templo Mas  No teme nada por que confía en quien lo conduce y  ha accedido a lo que parece un juego por su talante curioso. Él y su guía caminan muy lentamente en especial cuando suben unas gradas que no cuenta. Escucha que se abre una puerta o que alguien la abre y cree entrar a un recinto en donde intuye mas de una respiración. Adivina que junto a él permanece su amigo que ya le ha soltado las manos.

La voz va aumentando su intensidad al punto que lo que dice lo entiende con claridad. El tono quiere ser solemne y el contenido lo sorprende y lo confunde.
Defraudado inicia un ejercicio mental en el que construye varios escenarios que coinciden con su conductor y en especial con él.

¿En dónde están?

Los olores que el lugar despide no parecen los olidos en las varias iglesias en donde ejerció su tedio. Allí muchas veces como en los entierros, tuvo que controlar las irresistibles ganas de reír que le producía el ambiente falso.

Aquí no quiere reír y no es por la venda.

Lo que oye es un versículo de la Biblia, que repite el que escuchó en los labios de un adicto converso, en el bus de la mañana. Recuerda sí que no lo recompensó con alguna moneda.

Está seguro que su guía no es esclavo de sustancias.

Se tranquiliza arguyéndose que mucha gente va en la calle con el libro en la mano y que algunos lo usan como misil certero.

Y de nuevo se pregunta ¿en dónde están?

Se imagina que quienes sean los que están al otro lado de la venda, también están vendados. Su conductor debió ponerse la suya una vez le autorizó  vendarlo.

La escena se esfuma.

Nos encontramos ahora leyendo a Borges.

Ciego e incrédulo nos dice que el libro es una extensión de la memoria y la imaginación y que el concepto de libro sagrado nos llegó del Oriente, en la mente de la religión de los  musulmanes: "estos piensan que el Corán es anterior a la creación, anterior a la lengua árabe; es uno de los atributos de Dios, no una obra de Dios; es como su misericordia o su justicia. En el Corán se habla en forma asaz misteriosa de la madre del libro. La madre del libro es un ejemplar del Corán escrito en el cielo".

Es el Corán de la Religión musulmana como la Biblia del Cristianismo y ellos son sus legítimos propietarios.

¿En que momento, quién  y con qué propósito la Masonería le tomó prestado su libro sagrado al cristianismo?

No fue el predicador profano Anderson, abrumado por su empeño de re-inventar las antiguas constituciones para hacerlas corresponder  con el contenido de sus creencias,  pero es posible que algún aporte exista de Albert Mackey, religioso y acucioso historiador.

No hay respuesta cierta pero no debemos los Mas prolongar por más tiempo el uso de un libro y un concepto que no nos pertenece .Lo que fue un préstamo se torna en una usurpación que empobrece nuestra Augusta Orden.

En el libro "Liturgias de los treinta y tres grados de la Verdadera Masonería o Rito Antiguo aceptado escocés" escrito por Viriato Alfonso de Covadonga, Gr. 33, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Cuba y de las Antillas, séptima edición publicada en Caracas en  1877,  recopilada y arreglada por J:S:M: "Ataulfo", Soberano gran inspector General, Gr. 33,  se lee en el pie de la página 89, un llamado  escrito por este  que dice: "En muchas LL  tienen una Biblia sobre el altar para jurar por ella, esto es una ignorancia y los mas  escoc que respetan todas las creencias, no imponen ninguna religión determinada; por consiguiente, o deberían tenerse  sobre el altar todos los libros fundamentales de las sectas, para que cada iniciado jure por la religión que profesa, lo que no es posible, o jurar por el honor, pues con cualquier  religión que se siga, el que no tiene honor no es digno de ser Masón".

Hoy devolvemos lo prestado.

FIDES, RATIO ET MASONERÍA

Iván Herrera Michel

Fe es creer en lo que uno no ve.  Creer es dar por cierto algo que no se puede comprobar que lo es.  De ahí, el eterno conflicto entre fe y razón, entre dogma y ciencia.  Entre más antigua es una concepción, más pobre es el contexto de conocimientos que rodea su nacimiento, y lógicamente más débil se torna su veracidad.  Nunca antes el hombre supo lo que hoy sabe.  Al fin y al cabo la ciencia que nos ha llegado no tiene más de cuatrocientos años de edad y los desarrollos racionales que se dieron en la antigüedad no acumularon tantos conocimientos como los que se producen desde hace tan solo 100 años.  Especialmente desde hace 40. 

Esto hace que el hombre de ciencia hoy este mejor capacitado para calificar lo que se encuentra ante sus ojos como objeto de estudio, y para "revisar los grandes relatos de nuestra historia", como dice G. Vatimo.

La percepción de la historia puede ser cíclica o lineal pero siempre debe apoyarse en hechos ciertos y verificables para ser racionalmente aceptada, ya que lo contrario ubica al pensador en el terreno resbaladizo y poco fiable de lo especulativo. 

El mostrar seguridad en la posesión personal de una VERDAD es una herramienta óptima para ubicarnos en un punto de prominencia ante aquellos que queremos que nos "respeten".  Para sostener una VERDAD que no corresponda a un pensamiento lógico se necesita enunciarla como un dogma.  En realidad, el saber - o dar a entender que se sabe - algo que otro no conoce, pero que en alguna medida le interesa, nos da un cierto poder sobre esa persona (Con esto solemos especular y posisionarnos en nuestras relaciones personales).  Cuando el pensamiento lógico no nos alcanza solemos apelar al pensamiento no racional.  La fe tiene la insólita capacidad de brindarnos todas las respuestas y regalarnos una superestructura ideológica "toda talla". 

Ampliar la escala de este mecanismo para ponerlo al servicio de nuestros intereses de poder, económicos, políticos, éticos, religiosos, etc., o para lidiar con conflictos surgidos alrededor de nuestra propia conciencia moral, es una actitud eficiente.  Y si tenemos talento para ello, cierto liderazgo, capacidad organizativa, pocos escrúpulos y solucionamos el problema del dinero, la iniciativa puede llegar lejos.  Con un poco de tiempo, de pronto hasta a Washington.  Al fin y al cabo, a los obispos les costó menos de 4 siglos partir de Galilea para tomarse el poder en Roma; y de allí no han salido en 16. 

En el camino de liberar a los hombres de los viejos dogmas que atan la conciencia, el teísmo y el agnosticismo fueron fenómenos europeos que, pretendiendo separarse del confecionalismo, influyeron el despegue del positivismo científico y social de los siglos XVIII y XIX. Con un poco de retrazo llegarían estas inquietudes a Latinoamérica, el continente de la esperanza de la Religión Católica Romana (¿De la esperanza de que?).

La Masonería no escaparía de la influencia confesional y en ella vemos como amplios sectores de la Orden exigen el preconcepto de la existencia en un dios (ser supremo, principio creador, etc.) para la admisión de nuevos miembros. Recientemente el Gran Maestro de la Gran Logia de Guatemala en una entrevista del 7 de abril de 2006, al periódico DE FRENTE, de amplia circulación en su país, en el marco de una reunión de la C.M.I., afirmaba olímpicamente en términos absolutos que los Masones deben creer en Dios, en la inmortalidad del alma y no en el evolucionismo.  Y aquí nos topamos con otro fenómeno: la Masonería se parece al país en donde está.

Al contrario, otro gran sector de la Orden deja estas creencias a la esfera particular del Masón y ni las exige ni las promueve.  A un creyente lo consideran igual a un ateo, siempre que sea una persona de buenas costumbres.    

Es difícil identificar en uno mismo los obstáculos que impiden el libre desarrollo del pensamiento.  Aún hoy, existen muchas personas que encuentran en la opción no racional una salida para las angustias generadas por la dinámica alienante de sus circunstancias personales y sociales; en lo que, indiscutiblemente, tienen mucho que ver los esquemas de pecado, culpa, expiación y salvación, en que se formaron nuestras infancias religiosas.  Sin embargo, no existe duda de que algunos predicamentos metafísicos ofrecen estabilidad emocional, y esto podría ser una aptitud eficiente que, por adaptación o azar, ha adquirido el cerebro humano en la búsqueda de la supervivencia de la especie.

Por otra parte, y ya en el campo del deber ser, ¿Es correcto que se siga llenando de ansiedades a los niños para luego justificar en los adultos la existencia de una doctrina que prometa aliviar la sin razón mientras se viva, y el paraíso (o el infierno) después de la muerte?    

Para citar solo un ejemplo cercano, acerca de lo irracional del pensamiento religioso, y sus consecuencias activas, podemos recordar la polémica surgida hace tres años alrededor de la "llegada del siglo XXI", y la histeria que la acompañó.  Aunque toda datación es arbitraria y convencional (¿Cuando realmente comienza el año? ¿En que punto de la elíptica?), el tema es tan sensible que a partir de la convención más exitosa del último par de milenios se han creado los "milenarismos".  No solo en el fanático año 1000, sino también en el postmoderno 2000, en el que también se dieron peregrinaciones gratificantes, jubileos indulgentes y suicidios colectivos. 

Hoy, es posible rastrear en el tiempo y en el camino de la evolución humana, la aparición y el desarrollo de las nociones de vida después de la muerte, y de la posterior concepción de un dios controlador / regulador.  Los registros antropológicos más antiguos con que cuenta la comunidad científica datan de hace 90.000 y 30.000 años, respectivamente.  De esta antigüedad no se puede hacer derivar racionalmente que exista o no esa "otra vida" o ese dios controlador / regulador.  Pero sí se puede reparar en que la explicación cosmológica del hombre primitivo, azaroso frente a una naturaleza que teme, aún sigue vigente para la mayoría de la humanidad.  Y si esta explicación sobrevivió, es por que de alguna manera ha sido funcional.

Frente a esto, Sigmun Freud planteó la hipótesis que sostiene que la idea de un dios personal que brinda regazo y protección, no es, ni más ni menos, que la sublimación de la figura paterna.  Y por otra parte, Nietche afirmaba que el pensamiento religioso es un pensamiento neurótico.

De todos modos, nadie tiene como valioso algo que no necesita.  Si alguien tiene fe, es por que ella realmente satisface una carestía personal, así se esté obedeciendo a una opción cultural inducida.  La concepción y la justificación de "su" dios, y las esperanzas frente a una vida posterior, indican la dimensión exacta de su necesidad.

Como hombres tolerantes, se nos impone un profundo respeto sobre la materia.  Pero... ¿Es ético que guardemos silencio frente al tema que más odio, intolerancia y sufrimiento ha generado en la historia humana?

¿Cómo conciliar la prédica de que las religiones son pacifistas y conciliadoras, y llevan implícitas un mensaje de amor, con las Cruzadas, la Inquisición, la Noche de San Bartolomé, los Borgias, el asesinato de Juan Pablo I, la defensa institucional de la pederastia, la agresión a la cultura islámica, la matanza de niños inocentes que Dios ordenó para ayudar a Moisés, las limpiezas étnicas y los "ataques biológicos" contenidos en la Biblia, la oposición sistemática al avance del conocimiento humano durante los últimos 1.500 años, la legitimación de la muerte de 90 millones de indígenas americanos en el siglo XVI, la ofensiva contra la República y la democracia, la salida de grandes capitales de los países pobres obtenidos por concepto de diezmos y ofrendas, las hogueras, el fanatismo, los flagelantes, la venta de indulgencias, los hijos de sacerdotes obligados a "vivir sin padres", la subestimación de la mujer, y un largo etcétera de iniquidades?

¿Cómo entender con sensatez la prédica de un Dios amoroso, paternal, omnipresente, justo, equitativo, que todo lo puede, poseedor de una infinita misericordia, que permanece sin actuar cuando ve que un niño va a pisar una mina quiebrapatas, que permite el nacimiento de infantes enfermos de SIDA, la mutilación de genitales en su nombre a recién nacidos de religión judía, que deja que 1.800 millones de personas nazcan, vivan y mueran en la más cruel miseria, que observa sin brindar solución real a las enfermedades, el hambre y el sufrimiento de la mayoría de los más 6.500 millones de seres humanos, y que ve como sus representantes recaudan dinero en su nombre?.

Definitivamente, como afirma Javier Otaola en su libro "La Metáfora Masónica, Razón y Sentido", el tema de la existencia de un dios y el de las cosas en que entretendría su tiempo es demasiado serio como para dejárselo a los curas y a los pastores.

MI RELIGION

Entré a la iglesia: espiral de humo
que despedía el oloroso incienso,
la mística expresión de las imágenes,
del sacerdote el reposado acento;
los imponentes cánticos sagrados
y de los fieles el ferviente rezo,
lograron despertar mi alma dormida
y conmover mi espíritu un momento.
 
Luego observe la cúpula gigante,
las naves majestuosas en el centro,
las altas columnatas, las volutas,
archivolutas, calados, arabescos;
los cincelados cálices de oro,
los altares de mármol y azulejos. . .
y ante aquel deslumbrante panorama,
dejé callado y pensativo el templo.
 
Salí a la calle, multitud de seres
de miserable y repugnante aspecto,
la piedad de los fieles imploraban
con frases y quejidos lastimeros.
Al ver sus vestiduras haraposas,
ojos vítreos y rostros macilentos,
sentí frío en el alma y negras dudas
surgieron al instante en mi cerebro.
 
¡Cómo!, pense, tanta miseria en torno
y tanto lujo, tal riqueza adentro . . .
¿Esta es la religión de Jesucristo,
aquel divino y sin igual maestro?
Abrí la historia, en sus brillantes páginas
quise a mis dudas encontrar remedio,
mi razón ilustrar, buscar ansioso
la religión, el culto verdadero.
 
Mas, ¡ah! que al ver las numerosas guerras
producto de fanáticos empeños;
la expulsión de los Moros y Judíos,
la horrible abjuración de Galileo,
el suplicio de Bruno y las matanzas,
la vista con horror quite del libro
y ya no pude seguir leyendo.
¡No! no es así como hasta Dios se llega,
¡No! no es así como se gana el cielo.
 
Leí el Corán, su sensualismo impuro,
su ciega fe, su fatalismo necio,
su peregrinación, su guerra santa,
mi desdén solamente merecieron.
Compadecí al muecín sensual y rudo
y en los Vedas busque culto más serio;
tampoco allí pudo saciar sus ansias
mi corazón de la verdad sediento.
 
¿Que culto es ese que al Brahman adora
y al Sudra trata como esclavo abyecto?
de Vishnu las victorias celebradas
por dulces Bardos en hermosos versos,
de Zaquiamuní la moral sublime
y de Manu los regios preceptos
si pueden alargar la fantasía
no inspiran religiosos sentimientos.
 
Vi el Zend-Avesta, su moral augusta
consuelos dulces infiltro en mi pecho;
pero ni Ormuz me parecio adorable,
ni en Ariman hallar puede consuelo,
y así las horas sin cesar pasaban,
así volaba sin cesar el tiempo;
siempre la duda en mi interior, sombría,
siempre en mis labios el desdén eterno,
pues ni la ciencia del sapiente Focio,
ni las reformas del audaz Lutero,
ni las doctrinas de Valccio y Zwinglio
lograron despertar mi sentimiento.
¿Cómo se adora a dios?, me preguntaba,
y hallaba la respuesta en el silencio.
 
Estudie, medite, pero una noche
al pórtico llegue de un nuevo templo,
erigido a la Gloria del Grandioso
Artífice Creador de Universo.
Dos hermosas columnas se elevaban
por encima del mosaico pavimento,
y sobre las paredes encendidas
como rico dosel se alzaba el cielo;
la luna hacia la izquierda iba surgiendo,
y entre las nubes de nácar se entreveía
de mil estrellas el fulgor misterio.
 
Tres estatuas de pie simbolizaban
la fuerza, la belleza y el talento
y en medio del salón, se alzaba humilde
un reducido Altar de pobre aspecto;
sobre el Altar un libro y sobre el libro
un Compás y una Escuadra sobrepuestos.
 
En nutridas hileras apilados
a un lado y otro multitud de obreros,
que hermanos se llamaban en el nombre
del supremo hacedor del universo.
Y lo que más impresiono mi alma
fue ver al blanco, al mongol y al negro
juntos allí sin distinción alguna,
sin mas blasón que el de sus propios méritos.
 
¿A quién se adora aquí ?, pregunte ansioso,
y una voz respondiome de allá dentro,
"Aquí se adora la virtud, El vicio
proscrito esta de nuestro augusto templo".
"Aquí se enseña al ignorante humilde
y al ambicioso se le humilla presto".
"Aquí a los pobres se socorre al punto,
aquí a los tristes se les da consuelo
y espadas mil a defender se aprestan,
la Razón, la Justicia, el Derecho".
 
"La religión aquí no es fuerte valla,
la política aquí no es duro freno.
Vamos a Dios por la Razón augusta
y hacia la Libertad con el ejemplo".
Calló la voz. Un resplandor sublime
las sombras disipo de mi cerebro,
y di gracias a Dios, que al fin hallaba
La Religión: El Culto Verdadero.

  (Autor anonimo)

PROHIBICIONES DE LA BIBLIA

Lo que a continuación trascribo es una carta anonima hecha pública en Internet, y que clasifico en el tema 'Humor'.

Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono.
Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta) cuando la presentadora atacó a los homosexuales.
Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18:22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.

Querida Dra. Laura:
Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible.
Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22,establece claramente que la homosexualidad es una abominación.
De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo Cumplirlas:
a) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como sanciona el Éxodo, 21:17. En los tiempos que vivimos, ¿Qué precio piensa que sería el más adecuado?
b) El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses.¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?
c) Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente:¿Cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.
d) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sábado. El Éxodo 35:2,claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?
e) En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?
f) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?
g) Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?
h) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando.¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16) ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos?(Lev 20:14). Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna es inmutable.