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Pensamiento Masonico

Masoneria y Politica

GODF ante la moderna esclavitud

Encuentros Humanistas y Fraternales Africanos y Malgaches (REHFRAM)
Discurso de Jean-Michel QUILLARDET,
Gran Maestro, Presidente del Consejo de la Orden del Gran Oriente de Francia el 3 Febrero de 2007 en Yaoundé (Camerún)

Somos todos africanos,

Jamás olvidaremos los sufrimientos de esta tierra y de este pueblo, los horrores, las atrocidades, porque esta vieja tierra es indiscutiblemente la cuna primera de la civilización, sabemos también, a pesar de los obstáculos y las dificultades, porque en lo sucesivo es para todos nosotros una tierra de esperanza.

Al visitar Picasso por primera vez el Museo del Hombre y en particular el departamento de las artes africanas, quiso, en sus años jóvenes dejar el Museo, decía, no interesándole.

No obstante, su entonces esposa le obligó a quedarse y se esforzó entonces por examinar estas máscaras, estos objetos que aquellos hombres se habían esforzado por ejecutar en una intención sagrada o mágica, para que sirva de intermediario entre ellos y las fuerzas desconocidas y hostiles que les rodeaban con el fin de superar su espanto, su molestia, su inquietud y consagrándoseles así formas y colores.

Y Picasso entonces dijo: " pasando de estas figuras negras del Museo del Hombre a la pintura universal, comprendí lo que era el mismo sentido del arte. No es un proceso estético: es una forma simbólica y mágica que se interpone entre el universo y nosotros, un modo de cogerlo fijando una forma a nuestros miedos, como a nuestros deseos … "

También, hoy, siento a África que se inscribe en nuestro camino masónico.

El continente africano nos parece ser el mismo lugar de esta reconciliación entre método y símbolo, entre razón y espiritualidad, entra singularidad y universal.

El paso simbólico y racional de los francmasones es la de hombres que no sólo se hablan, sino que además se hablan para decir y que tienen algo que decirse así. En el trabajo iniciático, procuran, como los poetas, dar un sentido más puro a las palabras, a las cosas y a las ideas.

Sobre esta vieja tierra de luz, de magia, de baile, de rituales y de fiestas, el masón que viene del Norte se reencuentra en su casa que está más cerca del corazón del hombre, más cerca del sentido de las cosas, más cerca de la grandeza de lo humano.

Sí, todos somos africanos.

Y esta luz, este sol que nos viene del desierto y su pureza, nos da entonces una gran capacidad de esperanza.

Sabemos que somos capaces de lo peor, por otra parte en el momento de la iniciación, nos muestran un espejo en el cual se refleja nuestra cara y nos dicen: " tu peor enemigo, eres tu mismo".

El peor enemigo de la humanidad es el hombre, el peor enemigo de la humanidad es la humanidad.

Y cuando nos informamos de la historia de África y de los africanos, para parafrasear la bella frase de Alfred de Vigny que se dirige a las mujeres, "cuando se encuentra un Africano, no debemos decirle buenos días, sino perdón".

Cómo no olvidar a estos hombres, a estas mujeres, estos niños que, hasta lo más profundo del siglo XIX no han sido considerados como seres humanos, sino como animales, como bestias y negociados así, sopesados, palpados, aforados, comprados, vendidos, heridos, martirizados.

La trata de negros quedará para siempre como un crimen contra la humanidad que deberá siempre y perpetuamente ser recordada, por lo que la memoria deberá siempre estar unida a nuestros corazones entre tantas memorias de horrores, pero ésta es un horror particular, un crimen de genocidio, un crimen de masa, sí, crimen contra la humanidad.

¿Pero todavía hoy, la esclavitud ha finalizado? Desgraciadamente no, y en muchos de estos países de África todavía podríamos encontrar a esclavos de los tiempos modernos, niños, mujeres, entre los que la libertad y la dignidad no son respetadas.

Homicidios, crímenes contra la humanidad, siempre perpetuados por Occidente y alguna vez también, desgraciadamente, por algunos africanos, o estados africanos que reconstituyen en cierto modo un neocolonialismo moderno.

Debemos recordar aquí el genocidio ruandés, debemos recordar aquí el genocidio en la indiferencia internacional y general, que ocurre a algunos kilómetros de aquí, en Darfour.

Industrias occidentales con la complicidad de los estados de Occidente y ciertos estados africanos, vienen para saquear, para empobrecer, para desecar el continente y el pueblo de África.

Sí, este gran lago explotado de Tanzania de manera desvergonzada por conserveras industriales internacionales llevándose todos los peces en este lago, privando así de alimento a toda una población local y dejando en lo sucesivo como único alimento cadáveres de peces y podemos así ver en esta comarca a los niños obligados a prostituirse para sobrevivir.

Es la realidad de nuestro mundo de hoy.

Hago un llamamiento a los africanos, a los francmasones africanos a no taparse los ojos, a denunciar las responsabilidades occidentales de las industrias multinacionales, de esta globalización que es contraria a la universal.

Pero hago el llamamiento también a abrir los ojos no sobre sus propias responsabilidades, sino sobre las responsabilidades de algunos africanos y de algunos estados africanos cómplices de esta tentativa sistemática de aumentar todavía más la pobreza y los mártires, y de aminorar así al hombre en su libertad, en sus capacidades creadoras y en su dignidad.

La Francmasonería no es simplemente valores enunciados y extendidos, palabras y discursos.

La Francmasonería es una postura en la existencia, es un proyecto de sociedad, es el humanismo en marcha.

El GODF de vuelta en África.

Es una acción.

Estamos en el mundo, en el foro, pero también en lo universal.

Neguémonos a abdicar y a ser espectadores resignados del tiempo de la insignificancia, del tiempo del derrotismo.

La masonería africana tiene este gran desafío delante de ella: saber reunir la laicidad universal, la democracia y el cosmopolitismo, la sociedad y las culturas, la identidad y el mestizaje.

Hago un llamamiento a la masonería africana a reencontrar las voces del combate humanista.

¿Qué es el humanismo?

Podríamos en el fondo entenderlo según tres direcciones.

El primero sería el que consiste en decir que los masones son unos internistas del humano, es decir que todo que concierne al hombre no puede hacerles indiferentes, les interroga, les interesa: tienen por vocación reflexionar a esta eterna y grave cuestión: ¿ qué es el hombre?

El segundo sentido de este proyecto se relaciona con una visión del hombre que no sería únicamente materialista pero sino que le daría al hombre toda su dimensión de misterio.

El hombre es un ser misterioso y es justamente el misterio del hombre y el misterio de la vida el que los masones deben buscar.

Citemos ahora esta bella frase de Goethe: " por muy grande que sea este misterio eterno cumplido en tu alma, si por este sentimiento eres feliz, nombralo como quieras: felicidad, corazón, amor, Dios. Yo no tengo ningún nombre. El sentimiento es todo, el nombre es sólo ruido y humo que ponen las velas al fuego del cielo "

Por fin, el tercer sentido es preservar en él su dignidad inmensa e incomparable.

El proyecto mismo de la masonería es hacer todo para preservar la dignidad del hombre, su libertad plena, sus capacidades plenas de creación y la posibilidad para él de vivir junto con otros, en la sabiduría y la serenidad.

La libertad del hombre en las instituciones, en la sociedad, pero a la vez su propia libertad. No simplemente las grandes libertades individuales y políticas, pero si las nuevas libertades que salen a la luz teniendo en cuenta la evolución de las sociedades y de los nuevos desafíos que ponen al hombre, es decir los derechos económicos y sociales.

Sí, el derecho al trabajo, pero en este derecho al trabajo, el derecho a ser respetado como hombre en el trabajo, el derecho a la vivienda, el derecho a una renta de existencia.

El proyecto humanista es un proyecto fundado sobre la defensa de los derechos del hombre, el ejercicio de la tolerancia, el respeto de los principios de la democracia y de la república, el desarrollo de los derechos sociales: este proyecto humanista es extremadamente importante en el mismo momento cuando se desarrollan el movimiento de las ideas, toda una filosofía antihumanista que querría reducir al hombre justamente en materia y esto, con todas las consecuencias políticas y sociales que se conocen.

En el fondo podríamos repetir la definición que Montaigne le daba al humanista: yo, tú, ellos.

Yo: mi propia reflexión personal, el ahondamiento de mis conocimientos, mi propio cumplimiento, mi presencia en el mundo, mi presencia entre otros, sí, " conócete a ti mismo ".

Tú: el proyecto altruista, ir hacia el otro, escuchar el otro, intentar acercársele, ver cuáles son los puntos comunes, los lugares de reunión, los puntos de divergencia y de tratar siempre de tender la mano para comprometerse en un proyecto en unificador: reunir lo que está disperso.

Ellos: es el universalismo del proyecto humanista, el universalismo del humanismo de los valores comunes, la conciencia clara que hay unos valores universales. Francés por casualidad, y necesariamente hombre.

No tengamos miedo de palabras y no evitemos la realidad de nuestro devenir, sino más allá la realidad del devenir de la humanidad.

En este mundo que, justamente, por todas partes, en Francia, en Europa y aquí, se deshumaniza de lo que se pudo llamar hoy el asalvajamiento del mundo, debemos llamar a los masones a hacer política.

Sí, política.

Las cuestiones de la sociedad y políticas son nuestro resorte.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades

De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades

La rebelión del Atlas ( Fragmento )
Ayn Rand

-En la fábrica donde trabajé veinte años ocurrió algo extraño. Fue cuando el viejo murió y se hicieron cargo sus herederos. Eran tres: dos hijos y una hija que pusieron en práctica un nuevo plan para dirigir la empresa. Nos dejaron votar y todo el mundo, o casi todo el mundo, lo hizo favorablemente, porque no sabíamos en realidad de qué se trataba. Creíamos que ese plan era bueno, o mejor dicho, pensamos que se esperaba de nosotros que lo creyésemos bueno. Consistía en que cada empleado en esa fábrica trabajaría según su habilidad o destreza, y sería recompensado de acuerdo a sus necesidades. Nosotros... pero ¿qué le ocurre, señora? ¿Por qué me mira de ese modo?

-¿Cómo se llamaba esa fábrica? – preguntó Dagny con voz apenas perceptible.

-Twentieth Century Motor Company, señora. En Starnesville, Wisconsin.

-Continúe.

-Votamos por el plan en una gran reunión a la que asistimos unos seis mil, es decir, todos los que trabajábamos allí. Los herederos de Starnes pronunciaron largos discursos, no demasiado claros, pero nadie hizo preguntas. Ninguno estaba seguro de cómo funcionaría ese plan, pero todos pensábamos que nuestros compañeros lo habían comprendido. Si alguien tenía dudas al respecto, se sentía culpable y debía mantener la boca cerrada, porque todo aquel que se opusiera al plan hubiese parecido un desalmado, al que no era justo considerar humano. Nos dijeron que aquel plan significaba la concreción de un ideal muy noble. ¿Cómo íbamos a pensar lo contrario? ¿No habíamos oído decir durante toda nuestra vida, a nuestros padres y maestros, y a los pastores religiosos, leído en todos los periódicos y visto en todas las películas, y escuchado en todos los discursos públicos que aquello era recto y justo? Quizá nuestra conducta en la reunión podía ser comprensible hasta cierto punto. Votamos por el plan, y conseguimos lo previsto. Usted sabe, señora, que quienes trabajamos durante los cuatro años del plan en la fábrica Twentieth Century somos hombres marcados. ¿Qué se supone que es el infierno? Maldad, pura y simple, ¿verdad? Pues bien, eso es lo que vimos allí y lo que ayudamos a construir. Creo que estamos condenados por eso y quizá no se nos perdone nunca...

"¿Sabe cómo funcionó aquel plan y cuáles fueron sus efectos en nosotros? – continuó explicando el vagabundo –. Es como verter agua en un depósito en cuya parte inferior hay un caño por el que se vacía con más rapidez de la que usted lo llena y cada balde que echa dentro ensancha ese desagüe cada vez más, entonces cuanto más uno duramente trabaja, más se le exige; primero trabaja cuarenta horas semanales, luego cuarenta y ocho, y, más tarde, cincuenta y seis, para pagar la cena del vecino, la operación de su mujer, el sarampión del niño, la silla de ruedas de su madre, la camisa de su tío, la educación de su sobrino, o para el niño que ha nacido en la casa de al lado, o el que va a nacer; en fin para cuantos lo rodean, y que han de recibirlo todo, desde pañales a dentaduras postizas, mientras uno trabaja desde el amanecer hasta la noche, un mes tras otro y un año tras otro, sin tener más para mostrarles a esas personas que el propio sudor, sin otra expectativa que la complacencia de los demás para el resto de su vida, sin descanso, sin esperanza, sin fin... De cada uno según sus capacidades, para cada uno de acuerdo con sus necesidades...

"Nos dijeron que formábamos una gran familia, que todos participábamos en la empresa juntos, pero no todos trabajábamos ante la luz de acetileno diez horas diarias, ni padecíamos a la vez un dolor de vientre. ¿Cómo establecer, de un modo exacto, la capacidad de unos y las necesidades de otros? Cuando todo se hace en común, no es posible permitir que cualquiera decida sobre sus propias necesidades, ¿verdad? Si lo hace, pronto acabará pidiendo un yate, y si sus sentimientos son los únicos valores en que podemos basarnos, nos demostrará que es cierto. ¿Por qué no? Si no tengo derecho a tener un auto, hasta que caiga en una sala de hospital por haber trabajado para proporcionarle un coche a cada holgazán y a cada salvaje del mundo, ¿por qué no puede exigirme también un yate, si aún sigo de pie, si no he colapsado? ¿No? ¿Por qué no? Y entonces, ¿por qué no exigirme también que prescinda de la crema de mi café, hasta que él haya podido pintar su habitación...? ¡Oh, bien!... Acabamos decidiendo que nadie tenía derecho a juzgar sus propias necesidades o sus propias convicciones, y que era mejor votar sobre ello. Sí, señora, votábamos en una reunión pública que se celebraba dos veces al año. ¿De qué otro modo podíamos hacerlo? ¿Imagina lo que sucedía en semejantes reuniones? Bastó una sola para descubrir que nos habíamos convertido en mendigos, en unos mendigos de mala muerte, gimientes y llorones, ya que nadie podía reclamar su salario como una ganancia lícita, nadie tenía derechos ni sueldos, su trabajo no le pertenecía sino que pertenecía a ‘la familia’, mientras que ésta nada le debía a cambio y lo único que podía reclamarle eran sus propias ‘necesidades’, es decir, suplicar en público un alivio a las mismas, como cualquier pobre cuando detalla sus preocupaciones y miserias, desde los pantalones remendados al resfriado de su mujer, esperando que ‘la familia’ le arrojara una limosna. Tenía que declarar sus miserias, porque eran las miserias y no el trabajo lo que se había convertido en la moneda de aquel reino, así que se convirtió en una competencia de seis mil pordioseros, en la que cada uno reclamaba que su necesidad eran peor que la de sus hermanos. ¿Qué otra cosa podíamos hacer? ¿Quiere saber lo que ocurrió? ¿Quiere saber quiénes mantuvieron la calma, sintiendo vergüenza y quiénes se aprovecharon de la situación?

"Pero eso no fue todo. En la misma reunión se descubrió otra cosa. La producción de la fábrica había disminuido en 40 por ciento en el primer semestre, y se llegó a la conclusión que alguien no había trabajado ‘de acuerdo con su destreza o capacidad’. ¿Quién era? ¿Cómo averiguarlo? La ‘familia’ votó también sobre eso. Así se determinó quiénes eran los más capacitados, y a éstos se los sentenció a trabajar horas extra cada noche durante los siguientes seis meses. Horas extras sin paga, porque no se pagaba por el tiempo trabajado, ni por la tarea realizada, sino tan sólo según las necesidades.

"¿Quiere que le cuente lo que sucedió después? ¿Y en qué clase de seres nos fuimos convirtiendo, los que alguna vez habíamos sido seres humanos? Empezamos a ocultar nuestras capacidades y conocimientos, a trabajar con lentitud y a procurar no hacer las cosas con más rapidez o mejor que un compañero. ¿Cómo actuar de otro modo, cuando sabíamos que rendir al máximo para ‘la familia’ no significaba que fueran a darnos las gracias ni a recompensarnos, sino que nos castigarían? Sabíamos que si un sinvergüenza arruinaba un grupo de motores, originando gastos a la compañía, ya fuese por descuido o por incompetencia, seríamos nosotros los que pagaríamos esos gastos con horas extra y trabajando hasta los domingos. Por eso, nos esforzamos en no sobresalir en ningún aspecto.

"Recuerdo a un joven que empezó lleno de entusiasmo por ese noble ideal, un muchacho brillante, sin estudios, pero con una inteligencia asombrosa. El primer año ideó un plan de trabajo que nos ahorró miles de horas-hombre y lo entregó a ‘la familia’, sin pedir nada a cambio, aunque tampoco hubiera podido hacerlo. Se portó como creía correcto, lo hacía por el ideal, según dijo. Pero cuando en una votación lo declararon el más inteligente de todos, y lo sentenciaron a trabajar de noche porque no habíamos conseguido extraerle aún lo suficiente, cerró la boca y el cerebro. Le aseguro que el segundo año no aportó ninguna idea nueva.

"¿Qué era eso que siempre nos habían dicho acerca de la competencia descarnada del sistema de ganancias, donde los hombres debían competir por ver quién realizaba mejor trabajo que sus colegas? ¿Cruel, no es así? Deberían haber visto lo que ocurría cuando todos competíamos por realizar el trabajo lo peor posible. No existe medio más seguro para destruir a un hombre, que ponerlo en una situación en la que no sólo desee no mejorar, sino que, además, día tras día se esfuerza en cumplir peor sus obligaciones. Dicho sistema acaba con él mucho antes que la bebida o el ocio, o el vivir haciendo malabares para tener una existencia digna. Pero no podíamos hacer otra cosa, estábamos condenados a la impotencia. La acusación que más temíamos era la de resultar sospechosos de capacidad o diligencia. La habilidad era como una hipoteca insalvable sobre uno mismo. ¿Para qué teníamos que trabajar? Sabíamos que el salario básico se nos entregaría del mismo modo, trabajáramos o no, recibiríamos la ‘asignación para casa y comida’, como se la llamaba, y más allá de eso no había chances de recibir nada, sin importar el esfuerzo. No podíamos planear la compra de un traje nuevo para el año siguiente porque quizá nos entregarían una ‘asignación para vestimenta’, o quizá no. Dependía de si alguien no se rompía una pierna, necesitaba una operación o traía al mundo más niños, y si no había dinero suficiente para adquirir ropas nuevas para todos, no lo habría para nadie.

"Recuerdo a cierto hombre que había trabajado duramente toda su vida porque siempre había querido que su hijo fuera a la universidad. Bueno, el muchacho terminó la secundaria durante el segundo año del plan, pero ‘la familia’ no quiso entregar al padre ninguna asignación para que siguiera sus estudios. Dijeron que su hijo no podía ir a la universidad hasta que hubiera suficiente dinero para que los hijos de todos pudieran hacerlo. El padre murió al año siguiente en una riña de bar. Una pelea sobre nada en particular, en la que salieron a relucir navajas. Ese tipo de altercados se estaban haciendo muy frecuentes entre nosotros.

"También, había un viejo viudo y sin familia que tenía una afición: los discos fonográficos. Creo que era todo cuanto pudo desear conseguir de la vida. En otros tiempos solía ahorrar en comida para poder comprar algún disco nuevo de música clásica. Pues bien: no le dieron "asignación" para discos por considerarlo ‘un lujo personal’ pero durante esa misma reunión, una niña fea y desagradable, de ocho años, llamada Millie Bush, que era la hija de alguno, consiguió que votaran para comprarle un par de aparatos de oro para sus dientes, porque se trataba de una ‘necesidad médica’ según el psicólogo que consideró que sino se enderezaban sus dientes, la niña tendría un complejo de inferioridad. El viejo amante de la música se dio a la bebida, hasta tal punto que rara vez lo veíamos sobrio. Pero había algo que no podía olvidar. Cierta noche, mientras se tambaleaba por una calle, vio a Millie Bush y empezó a darle puñetazos hasta dejarla sin un diente, ni uno solo.

"La bebida era lo único que nos proporcionaba algún consuelo y todos nos volcamos a ella en mayor o menor grado. No pregunte de dónde sacábamos el dinero. Cuando todos los placeres decentes quedan prohibidos, existen siempre medios para llegar a los vicios. No se entra a robar a un bar durante la noche ni se registran los bolsillos de un compañero para comprar sinfonías clásicas o adquirir accesorios de pesca, pero sí para emborracharse y olvidar. ¿Accesorios de pesca? ¿Escopetas de caza? ¿Cámaras fotográficas? No existían asignaciones para ese tipo de pasatiempos. La ‘diversión’ fue lo primero que quedó descartado.

"¿Es que acaso no se supone que uno debe avergonzarse por cuestionar cuando alguien nos pide que dejemos algo que nos da placer? Hasta nuestra ‘asignación para cigarrillos’ quedó reducida a dos paquetes mensuales, porque, según dijeron, el dinero debía usarse para comprar leche para los niños. La producción de niños fue la única que no disminuyó, sino que, por el contrario, se hizo cada vez mayor. La gente no tenía otra cosa que hacer y, por otra parte, no tenían por qué preocuparse, ya que los niños no eran una carga para ellos, sino para ‘la familia’. En realidad, la mejor posibilidad para obtener un respiro durante algún tiempo, era una ‘asignación infantil’, o una enfermedad grave.

"Pronto nos dimos cuenta de cómo funcionaba aquello. Quien quisiera jugar limpio, tenía que privarse de todo, perder el gusto por los placeres, aborrecer fumar o masticar chicle, preocupado de que hubiese alguien que necesitara más esas monedas. Sentía vergüenza de la comida que tragaba, preguntándose quién la habría pagado con sus horas extras, pues sabía que esa comida no era suya por derecho propio y prefería ser engañado antes que engañar. Podía aprovecharse, pero no hasta el punto de chupar la sangre de otro. No se casaba ni ayudaba en sus hogares para no ser una nueva carga para ‘la familia’. Además, si conservaba cierto sentido de la responsabilidad, no podía casarse y tener hijos, puesto que no le era posible planear, prometer, ni contar con nada. Pero los desorientados y los irresponsables se aprovecharon. Trajeron niños al mundo, se casaron, y trajeron consigo a todos los indignos parientes que tenían en todo el país, y a cada hermana soltera que quedaba embarazada y con el fin de obtener ‘asignaciones por incapacidad’, contrajeron más enfermedades de las que cualquier médico podía atender, arruinaron sus ropas, sus muebles y sus casas, pero ¡qué importaba!: ‘la familia’ pagaba todo. Así, encontraron más modos de tener ‘necesidades’ que los que nadie hubiera podido imaginar, desarrollaron una habilidad especial para eso, la única habilidad que mostraban.

"¡Por Dios, señora! ¿Se da cuenta de lo que sucedió? Se nos había dado una ley con la cual vivir y que llamaban ley moral, que castigaba a quienes la cumplían. Cuanto más tratábamos de vivir de acuerdo con esa ley, más sufríamos y cuando más la burlábamos, mayores recompensas obteníamos. La honestidad era una herramienta entregada a la deshonestidad ajena. Los honestos pagaban, mientras los deshonestos cobraban. El honesto perdía y el deshonesto ganaba. ¿Cuánto tiempo puede un ser humano permanecer bueno con semejante ley? Éramos un buen grupo de personas decentes al principio. No había demasiados oportunistas entre nosotros. Conocíamos bien nuestra tarea, nos sentíamos orgullosos de ella, y trabajábamos para la mejor fábrica del país, propiedad del viejo Starnes, que sólo admitía en su plantel a los más selectos obreros. Al cabo de un año del nuevo plan, no quedaba entre nosotros ni una sola persona decente. Aquello era maldad, la clase de maldad horrible e infernal con la que los predicadores solían asustarnos, pero que uno nunca imaginamos que existiera. No es que el plan haya incentivado a algunos cuantos bastardos, sino que transformó a la gente decente en cretinos, sin que se pudiera obrar de otra manera... ¡y a eso llamaban ideal moral!

"¿Para qué habríamos de desear trabajar? ¿Por amor a nuestros hermanos? ¿Qué hermanos? ¿Para los aprovechadores, los sinvergüenzas, los holgazanes que veíamos a nuestro alrededor? Si eran simuladores o incompetentes, si no querían trabajar o estaban incapacitados para hacerlo, ¿qué nos importaba a nosotros? Si quedábamos reducidos para toda la vida al nivel de su capacidad, fingida o real, ¿para qué preocuparnos? No teníamos manera de saber cuáles eran sus verdaderas condiciones, carecíamos de medios para controlar sus necesidades. Lo único que se sabía era que estábamos convertidos en bestias de carga, luchando ciegamente, en un lugar que era mitad hospital, mitad almacén, sin marchar hacia ningún objetivo, excepto la incompetencia, el desastre y las enfermedades. Éramos bestias colocadas allí como instrumentos de aquél que quisiera satisfacer las necesidades de otro.

"¿Amor fraternal? Fue allí cuando aprendimos a aborrecer a nuestros hermanos por primera vez en la vida. Los odiábamos por todas las comidas que ingerían, por los pequeños placeres que disfrutaban, por la nueva camisa de uno, el sombrero de la esposa de otro, una salida familiar, o la pintura de la casa, porque todo eso nos era quitado a nosotros, era pagado con nuestras privaciones, nuestras renuncias y nuestro hambre. Empezamos a espiarnos unos a otros, con la esperanza de sorprendernos en alguna mentira acerca de nuestras necesidades y disminuir las asignaciones en la próxima reunión. Y empezamos a servirnos de espías, que informaban acerca de los demás, revelando, por ejemplo, si alguien había comido pavo el domingo, posiblemente pagado con el producto de apuestas. Empezamos a meternos en las vidas ajenas, provocamos peleas familiares para lograr la expulsión de algún intruso. Cada vez que veíamos a alguno saliendo en serio con una chica, le hacíamos la vida imposible, y así arruinamos numerosos compromisos matrimoniales, porque no queríamos que nadie se casara, no queríamos más gente a la que alimentar.

"En los viejos tiempos, el nacimiento de un niño era celebrado con entusiasmo y generalmente ayudábamos a las familias a pagar sus facturas de la clínica si estaban apretadas. Pero luego, cuando nacía un niño, estábamos varias semanas sin dirigirle la palabra a sus padres. Para nosotros, los niños eran como las langostas para los agricultores. En otras épocas ayudábamos a quien tuviera enfermos en su casa, pero luego... Voy a contarle un solo caso. Se trataba de la madre de un hombre que llevaba con nosotros quince años. Era una anciana afable, alegre e inteligente, que nos llamaba por nuestros nombres de pila, y con la que todos solíamos simpatizar. Un día se cayó por la escalera del sótano, y se fracturó la cadera. Sabíamos lo que eso significaba, a su edad, y el médico dijo que tenía que ser internada en un hospital de la ciudad para someterla a un tratamiento costoso y prolongado. La anciana murió la noche antes de ser traslada a la ciudad para su internación. Nunca se pudo establecer la causa de su fallecimiento. No sé si fue asesinada, nadie lo dijo, nadie hablaba del tema. Todo cuanto sé es que... y esto es lo que no puedo olvidar... es que yo también deseé que muriera. ¡Que Dios nos perdone! Tal era la hermandad, la seguridad, la abundancia que se suponía que el famoso plan nos iba a brindar.

"¿Qué motivo había para que se predicara esta clase de horror? ¿Sacó alguien algún provecho de todo esto? Sí, los herederos de Starnes. No vaya usted a contestarme que sacrificaron una fortuna y que nos entregaron la fábrica como regalo, porque también en esto nos engañaron. Es verdad que entregaron la fábrica, pero los beneficios, señora, dependen de aquello que se quiere conseguir. Y no había dinero en el mundo que pudiese comprar lo que los herederos de Starnes buscaban porque el dinero es demasiado limpio e inocente para tal cosa.

"El más joven, Eric Starnes, era un sometido, sin valor ni energía para hacer nada en especial. Resultó electo director del departamento de Relaciones Públicas que no hacía nada y tenía a sus órdenes a un personal ocioso, por lo cual no tenía por qué quedarse en la oficina. Su paga, en realidad no debería llamarla así, porque no se ‘pagaba’ a nadie... la limosna que se votó para él, era muy modesta, algo así como diez veces mayor que la mía, pero a Eric no le importaba el dinero, porque no hubiera sabido qué hacer con él. Pasaba el tiempo entre nosotros, demostrándonos su compañerismo y su espíritu democrático. Le encantaba que la gente le demostrase afecto. Su mayor empeño consistía en recordarnos a cada instante que nos habían dado la fábrica. Ya no podíamos soportarlo.

"Gerald Starnes era nuestro director de producción. Nunca pudimos averiguar la medida de su rastrillaje de ganancias, pero hubiéramos necesitado todo un equipo de contadores y otro de ingenieros para saber de qué modo todo aquel dinero pasaba por una tubería directa o indirectamente a su despacho. Sin embargo, nada figuraba como beneficio particular, sino como medios con los que pagar los gastos de la compañía. Gerald tenía tres automóviles, cuatro secretarias y cinco teléfonos, y solía organizar fiestas con champán y caviar, que ningún gran magnate que pagara impuestos en el país podía permitirse. Gastó más dinero en un año que el que ganó su padre en los dos últimos de su vida. En su despacho encontramos unos cuarenta kilos de revistas, llenas de artículos sobre nuestra fábrica y nuestro noble plan, con grandes retratos de Gerald Starnes, en los que se lo mencionaba como un ‘gran paladín social’. Por la noche le gustaba entrar en las tiendas vestido de etiqueta, con gemelos de brillantes, del tamaño de monedas, desparramando la ceniza de su puro por doquier. Un bruto con plata que no tiene otra cosa que exhibir aparte de su dinero, ya es un tipo desagradable, pero al menos no necesita mostrar que el dinero es suyo y uno puede contemplarlo con la boca abierta si lo desea. Pero cuando un bastardo como Gerald Starnes se exhibe de ese modo y declara una y otra vez que no le preocupa la riqueza material y que sólo sirve a ‘la familia’, que todos aquellos lujos no son para él sino en beneficio del bien común porque es preciso mantener el prestigio de la firma y del noble plan de la misma... entonces es cuando uno aprende a aborrecer a esos seres como nunca se ha aborrecido a ningún ser humano.

"Pero su hermana Ivy era peor. A ella realmente no le importaba la riqueza material. La asignación que recibía no era mayor que la nuestra, y siempre iba con zapatos chatos y faldas simples y camisas, con el fin de demostrar su indiferencia. Era directora de Distribución, a cargo de nuestras necesidades, la que, en realidad, nos tenía agarrados del cuello. Se suponía que la distribución se realizaba por votación, por la voz de la gente, pero cuando la gente son seis mil voces roncas que tratan de decidir sin ningún criterio, medida o razón, cuando no existen reglas y cada uno puede pedir lo que quiera sin tener derecho a nada, cuando cada cual ejerce el derecho sobre la vida ajena pero no sobre la suya, todo acaba como efectivamente terminó: Ivy Starnes acabó siendo la voz del pueblo. Al finalizar el segundo año, abandonamos aquella farsa de las ‘reuniones de familia para proteger la eficacia productora y economizar tiempo’, que solían durar diez días, y todas las peticiones fueron enviadas directamente a la oficina de la señorita Starnes. No, no eran enviadas. Mejor dicho, cada peticionante en persona debía presentarse allí y ella elaboraba una lista de distribución que nos leía en una reunión que duraba tres cuartos de hora. Luego votábamos. Había diez minutos para la discusión y las objeciones, pero no formulábamos ninguna, para ese tiempo ya nos habíamos dado cuenta. Nadie puede dividir la renta de una fábrica entre miles de obreros, sin una norma con que medir el valor de la gente. La de la señorita Ivy era la adulación a su persona. ¿Desinteresada? En los tiempos de su padre todo su dinero no le hubiera permitido hablar al tipo más bajo de su empresa en el modo como ella solía hablarles a nuestros más hábiles obreros y a sus esposas. Tenía unos ojos pálidos, vidriosos, fríos y muertos. Si se quería conocer la maldad absoluta, bastaba con observar cómo resplandecían sus ojos cuando alguien le respondía a un cuestionamiento para entonces ya no recibir más que la "asignación básica". Al observar aquello, comprendíamos el motivo real de quienes fueran capaces de apreciar la consigna: ‘De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades’.

"Allí residía el secreto de todo. Al principio no dejaba de preguntarme cómo era posible que hombres educados, justos y famosos, pudieran cometer un error semejante y presentar como buena tal abominación, cuando cinco minutos de reflexión les hubieran indicado lo que sucedería en caso de que alguien pusiera en práctica semejante idea. Ahora comprendo que no obraron así por error, porque errores de este tamaño no se cometen nunca inocentemente. Cuando alguien se hunde en alguna forma de locura, imposible de llevar a la práctica con buenos resultados, sin que exista, además, razón que la explique, es porque tiene motivos que no quiere revelar. Y nosotros no éramos tampoco tan inocentes cuando votamos a favor del plan, en la primera reunión. No lo hicimos sólo porque creyéramos que la vieja y empalagosa farsa que nos presentaban fuera buena. Teníamos otro motivo, pero la farsa nos ayudó a ocultarlo de nuestros vecinos y de nosotros mismos. La farsa nos daba una posibilidad de hacer pasar como virtud algo de lo que nos hubiéramos avergonzado. Ninguno votó sin pensar que dentro de una organización de tal clase participaría en los beneficios de quienes eran más hábiles que él. Nadie se consideró lo bastante rico y listo para no creer que alguien lo sobrepasaría, y este plan lo participaría de la riqueza y la inteligencia ajenas. Pero pensando conseguir beneficios de quienes estaban por encima, olvidamos que había seres inferiores, que buscaban lo mismo de nosotros, olvidamos a los inferiores que tratarían de explotarnos del mismo modo que cada uno intentaría explotar a sus superiores. El obrero impulsado por la idea de que sus necesidades le daban derecho a un automóvil como el de su jefe, olvidó que todo pordiosero y vagabundo de la tierra empezaría a exigir un refrigerador como el del obrero. Ése fue nuestro motivo real cuando votamos. Tal es la verdad pero no nos gustaba reconocerlo y cuanto más lo lamentábamos, más alto gritábamos nuestro amor hacia el bien común.

"Conseguimos lo que nos habíamos propuesto, pero cuando nos dimos cuenta de lo que aquello representaba, ya era demasiado tarde. Estábamos atrapados, sin lugar adónde huir. Los mejores de entre nosotros abandonaron la fábrica en la primera semana del plan. Así perdimos a los mejores ingenieros, supervisores, capataces y obreros especializados. Todo el que se respete no quiere verse convertido en vaca lechera de la comunidad. Algunos intentaron impedir el proyecto, pero no lo consiguieron. Los hombres huían de la fábrica como de una zona infectada, hasta que no quedaron más que los necesitados, sin habilidad ni condiciones.

"Si algunos de nosotros, dotados de ciertas cualidades, optamos por quedarnos, fue porque llevábamos allí muchos años. En los viejos tiempos, nadie renunciaba a Twentieth Century y no podíamos hacernos a la idea de que aquellas condiciones ya no existieran más. Transcurrido algún tiempo, nos fue imposible marcharnos, porque ningún otro empresario nos habría admitido, y no se los puede culpar. Nadie, ninguna persona respetable, quería tratar con nosotros. Los dueños de las tiendas donde comprábamos empezaron a abandonar Starnesville a toda prisa, hasta que no nos quedaron más que los bares, las salas de juego y algunos comerciantes estafadores y aprovechadores, que nos vendían bazofia a precios exorbitantes. Nuestras asignaciones fueron perdiendo valor a medida que aumentaba el costo de vida. En la empresa, la lista de los necesitados se fue estirando, al tiempo que la de sus clientes se acortaba. Cada vez era menor la riqueza a dividir entre más y más gente. En los viejos tiempos solía decirse que Twentieth Century Motors era una marca tan buena como el oro. No sé qué pensarían los herederos de Starnes si es que pensaban algo, pero tengo la impresión de que, igual que todos los planificadores sociales y los salvajes insensatos, estaban convencidos de que aquella marca era en sí misma una especie de emblema mágico dotado de un poder sobrenatural que los mantendría ricos, igual que a su padre. Pero cuando nuestros clientes empezaron a notar que nunca lográbamos entregar un pedido a tiempo, y que siempre había algún defecto en los que entregábamos, el mágico emblema empezó a operar en sentido inverso: la gente no aceptaba un motor marca Twentieth Century ni regalado. Llegó un momento en que nuestros únicos clientes fueron los que nunca pagaban ni pensaban hacerlo, pero Gerald Starnes, embrutecido y engreído por su propia publicidad, empezó a ir de un lado a otro con aire de superioridad moral, exigiendo que los empresarios nos pasaran pedidos, no porque nuestros motores fueran buenos, sino porque necesitábamos esos pedidos urgentemente.

"Por aquel entonces, una ciudad fue testigo de lo que generaciones de profesores pretendieron no observar. ¿Qué beneficios podría reportar nuestra necesidad a una central eléctrica, por ejemplo, si sus generadores se paraban a causa de un defecto en nuestros motores? ¿Qué beneficio reportaría a un hombre tendido en una camilla de operaciones, si, de pronto, se le cortara la luz? ¿Qué bien haría a los pasajeros de un avión si el motor fallaba en pleno vuelo? Y si adquirían nuestros productos no por su calidad sino por nuestra necesidad, ¿la acción moral del propietario de la central eléctrica, del cirujano y del fabricante del avión sería buena, justa y noble?

"Sin embargo, tal era la ley moral que profesores, directivos y pensadores habían querido establecer. Si esto fue lo que ocurrió en una pequeña ciudad donde todos nos conocíamos, ¿imagina lo que hubiera sido a escala mundial? ¿Imagina lo que hubiera ocurrido si hubiéramos tenido que vivir y trabajar, sujetos a todos los desastres y a todos los inconvenientes del planeta? Trabajar pensando en que si alguien fallaba en cualquier lugar, era uno quien debería pagarlo. Trabajar sin posibilidad alguna de progreso, con la comida, la ropa, el hogar y las distracciones pendientes de una estafa, una crisis de hambre o una peste en cualquier lugar del mundo. Trabajar sin posibilidades de una ración extra, hasta que los camboyanos tuvieran alimento suficiente o hasta que todos los patagónicos hubieran ido a la universidad. Trabajar con un cheque en blanco, en poder de cada criatura nacida, hombres a los que nunca vería, cuyas necesidades no conocería, cuya laboriosidad, pereza o mala fe nunca podría llegar a aprender o cuestionar. Tan sólo trabajar, trabajar y trabajar, dejando que las Ivys o los Geralds del mundo decidieran qué estómagos habrían de consumir el esfuerzo, los sueños y los días de su vida. ¿Es ésta la ley moral a aceptar? ¿Es éste un ideal moral?

"Lo intentamos y aprendimos la lección. Nuestra agonía duró cuatro años, desde la primera reunión hasta la última, y todo terminó del único modo que podía terminar: en la quiebra. Durante la última reunión, Ivy Starnes fue la única que intentó forcejear un poco. Pronunció un corto, desagradable y agresivo discurso en el que dijo que el plan había fracasado porque el resto del país no lo había aceptado, que una sola comunidad no podía llevarlo a la práctica y triunfar en medio de un mundo egoísta y avaro; que el plan era un ideal noble, pero que la naturaleza humana no estaba a su altura. Un joven, el mismo que había sido castigado por habernos dado una idea útil durante el primer año, se puso de pie, mientras todos seguíamos sentados en silencio, y se dirigió a Ivy Starnes, que ocupaba el estrado. No dijo nada, sino que la escupió en la cara. Y ése fue el fin del noble plan de Twentieth Century.

Cosas que pasan, como en el Far west

Ricardo Polo 

Desde mi lejana lectura de las obras de Caryl Chessman, aquél recluso que pasó largo tiempo en la "Celda 2455, pabellón de la muerte" aguardando su ejecución, existe un dilema en mi conciencia. Es el de si corresponde o no la pena de muerte.

El dilema (1) se cifra en el interrogante sobre si el Hombre tiene derecho a quitar la vida de otro Hombre, por el hecho de que el otro hombre haya tomado la vida de uno o muchos otros hombres.

Una corte elegida por los invasores de Irak, previa destitución de un juez y el asesinato de abogados defensores, ha condenado a la pena capital a Sadam Husein y en pocas horas, denegada una apelación, la horca se llevó al dictador Iraquí que fue culpable de la muerte de 148 civiles, en ocasión de la lucha contra el comunismo que con la colaboración de la CIA, el Pentágono y hasta el Departamento de Estado de USA, llevó a cabo el mandatario.

Cabe mencionar la felicitación a Sadam, al asumir la presidencia tras un golpe de Estado, que le hizo el gobierno de Ronald Reagan a través de su vocero, nada menos que el señor Rumsfel, que lo representaba en Irak. E incluso, el gas "Sarín", suministrado por la CIA, mediante el cual se deshizo de los 148 habitantes de un pueblito Iraquì, considerado hábitado por salvajes comunistas...

Pero he aquí que cualquier ciudadano del planeta (naturalmente que tenga conciencia del significado del término ciudadano) tiene el derecho de "pensar", --si es que la "aldea global", el neoliberalismo, el consumismo, la desinformación, la manipulación y ese relente de estupidez que junto con la polución que contamina el ambiente, se lo permiten--, respecto de la sensatez en función de la cual, los "señores de la guerra" que la conducen mediante los eficientes servicios del "pentágono", aceleraron el tránsito de Sadam hacia su encuentro con la huríes del profeta.

Este suceso, que los medios de difusión han difundido con cierta palidez informativa y en momentos en que en todo el planeta se produce el tránsito de un año par hacia otro impar, --que termina con un 7 simbólico y hasta profético según el Evangelio de Nostradamus--, parece no haber conmovido más que a un limitado número de avisados pensadores, que sin duda alguna hacen irritantes comparaciones sobre las "variopintas responsabilidades" que pueden justificar tanto la horca como la guillotina.

Por caso, el enigma de los números. Porque a Sadam Hussein lo ahorcaron por genocida de al menos 148 victimas iraquíes (ese ha sido el motivo de la sentencia) y permanecen en libertad un sinnúmero de genocidas, que han hecho historia numerológica incrementando las estadísticas de muertos en vano y con mentira, como suelen confesarse católicos practicantes....

Y por caso, el "autoproclamado y permanentemente" responsable de la guerra en Irak, Afganistán e inmediaciones, con un sugestivo olor a petróleo...

Por caso, los 3.000 soldados fallecidos a consecuencia de las balas terroristas y los hasta ahora 650.000 muertos civiles por las contundentes, efectivas y tecnológicamente guiadas represalias defensivas norteamericanas...(O daños colaterales....)  Lo que ocurre, en este caso, es que el "conductor" de esta guerra absurda, falaz y criminal, lo hace a fin de liberar de la esclavitud a los iraquíes e instalar en esos vastos territorios desérticos, la necesaria "democracia"... que inspira a los EE.UU. invadir cualquier parte del planeta que terroríficamente no permita los beneficios del libre comercio, la protección del imperio y el desarrollo de las individualidades que, con exaltación de la Libertad, imperarán en los territorios liberados...

Bien, seria inútil tratar de convencer a nadie de la honestidad con la que pudiéramos referirnos al tema.

Por consiguiente, he decidido renunciar a opinar al respecto, circunscribiéndome a un interesantísimo articulo publicado en el diario LA NACIÓN, de Argentina, (muy conservador él), que ha logrado conmover mi aspecto de conciencia dedicado a la literatura.

Bush lee a Camus, un gran enigma del 2006

Por Mario Diament
La Nación - Buenos Airs, Argentina - 30-12-2006

Miami – Uno de los enigmas más insondables del 2006 es qué llevó al presidente George W. Bush, quien no tiene reparos en admitir su aversión por la lectura, a ponerse a leer la novela “El extranjero”, de Albert Camus.

La noticia la dejó caer el vocero presidencial, Tony Snow, apenas como un detalle trivial en el marco de las actividades no menos triviales del presidente norteamericano, durante sus vacaciones de agosto en su estancia de Crawford, Texas. Alguien le preguntó si el presidente había leído algún libro y Snow contestó que había leído “El extranjero” de Camus, que lo encontró “interesante y fácil de leer”, y hasta lo habían discutido brevemente.

                                                                 * * *

El primer interrogante que surge de esta insólita información es ¿cómo hizo Bush para graduarse de la secundaria, sin haber leído “El Extranjero”?, ya que el libro es de lectura obligatoria en casi todos los programas del país. Pero esta, ciertamente, no es la pregunta más relevante.

La que sin duda va al carozo del misterio es ¿por qué razón un auto-confeso “cristiano renacido” como George W. Bush, eligió sumergirse en un clásico del existencialismo y, para colmo, de un francés ateo, cuando todo el mundo sabe lo que Bush piensa de los franceses y de los ateos.

La primera respuesta que viene a la mente es: porque se trata de un libro bastante corto, apenas 154 páginas en la versión de bolsillo. Pero, obviamente, esta respuesta es insuficiente. Hay otros libros tanto o más breves que “El Extranjero”, que sin duda sientan mejor a la personalidad, las convicciones y los intereses del presidente de los norteamericanos.

Durante la misma estancia en Texas y con la guía de Laura, su mujer, quien antes de ser primera dama era bibliotecaria, Bush leyó Macbeth y Hamlet, de William Shakespeare, lo cual tiene más sentido, ya que el primero era un asesino torturado por la culpa y el segundo un vengador torturado por las dudas. ¿Pero “El extranjero”?

Camus escribió “El Extranjero” en 1942, en medio de la ocupación alemana de Francia. La acción transcurre en Argelia, su país natal. La trama se centra en un tal Mersault, un hombre sumido en la más profunda indiferencia hacia su entorno y desprovisto de los más elementales sentimientos humanos, quien asesina a un árabe, sin otro motivo que el hecho de que el sol le obnubilaba los ojos, y es condenado a morir en la guillotina y desde su celda reflexiona acerca del absurdo de la existencia.

Todo el mundo sabe que las actividades de un presidente (y más si se trata del líder de la mayor potencia mundial), desde la lectura a los análisis de orina, son hechos políticos y deben ser interpretados como tales. De modo que si Bush se pasa parte de sus vacaciones en Texas leyendo acerca de un hombre que mata a un árabe sin razón, pero también sin remordimientos, no puede esperarse que la noticia pase sin arquear algunas cejas.

¿Fue la indiferencia, el absurdo de la existencia o la falta de remordimiento de Mersault lo que más atrajo la atención de Bush, mientras sus ojos inquietos y desorientados recorrían las páginas de “El Extranjero”?

Si lo que buscaba era justificar su propia parsimonia ante la profusión de cadáveres que hacen el saldo de la vida cotidiana en Irak, lo más probable es que hubiera recurrido a cualquiera de las numerosas fuentes de absolución espiritual que uno encuentra en cualquier librería y no a un pied-noir incapaz de conmoverse ante la muerte de su madre.

O quizás lo que lo motivó fue, precisamente, lo contrario: la necesidad de comprender la irracionalidad de la violencia terrorista a través de un personaje que comete un acto irracional de violencia y es capaz de explicarlo con la elocuencia que caracteriza la prosa de Camus.

Pero si Bush buscaba una explicación a la violencia irracional, ¿no debió haber recurrido, antes que a Camus, a las evaluaciones del Pentágono y de la CIA, que sirvieron de base a la concesión, el planeamiento y la ejecución y la invasión de Irak…?

Allí queda expuesta, como en una radiografía, la más transparente combinación de irracionalidad y violencia que el presidente necesitaba para interpretar su propio dilema.

Tal vez la verdadera solución del misterio se encuentre en una breve escena, cuando Mersault es llevado ante el Juez. “En el mismo tono aburrido que había venido usando –relata Mersault- me hizo la última pregunta: ¿Me arrepentía de lo que había hecho?. Después de pensarlo un poco le dije que más que arrepentimiento, sentía una suerte de irritación. Pero él no pareció entenderlo…”

 

Enviado por Ricardo Polo

ESTADO, MORAL Y CORRUPCIÓN

ESTADO, MORAL Y CORRUPCIÓN

Elmer Olivo Jiménez A:. M:.

"Simón Bolívar, Libertador Presidente; teniendo presente:

1- Que una de las principales causas de los desastres en que se ha visto envuelta la
República ha sido la escandalosa dilapidación de sus fondos por algunos
funcionarios que han intervenido en ellos.
2-Que el único medio de extirpar radicalmente este desorden, es dictar medidas fuertes y extraordinarias, he venido a decretar y

DECRETO
ARTICULO PRIMERO: Todo funcionario público a quien se le convenciera en juicio sumario de haber malversado o tomado para si los fondos públicos $ 10.000 arriba, queda sujeto a la pena capital.

ARTICULO SEGUNDO: Los jueces a quienes según la ley competa este juicio, que en su caso no procedieren conforme a este Decreto, serán condenados a la misma pena.

ARTICULO TERCERO: Todo individuo puede acusar a los funcionarios públicos del delito que indica el Artículo Primero.

ARTICULO CUARTO: Se fijará este Decreto en todas la Oficinas de la República, y se tomarán en razón de él en todos los despachos que se libraren a los funcionarios que de cualquier modo intervengan en el manejo de los fondos públicos.

IMPRIMASE, PUBLIQUESE Y CIRCULESE

Dado en el Palacio Dictatorial de Lima, al 12 de enero de 1824, IV de la República".
SIMON BOLIVAR

"En cuanto a dinero ya he dicho a usted que ha de hacer para pagar deudas y ahora añadiré: que suprima todos los empleos que no sean necesarios, además se va a mandar un reglamento de Hacienda que dará bastante dinero, de suerte que quitando pícaros, ahorrando gastos y aumentando la renta, iremos para adelante y tendremos con que pagar todo"
SIMON BOLIVAR

Esa corruptela oficial que se describe al comienzo de la república ha sido una constante en todos los largos años de su historia, siempre funcionarios públicos cuyas funciones eran guardar, administrar y aplicar correcta y eficientemente los recursos de la nación, han actuado apropiándose o haciendo mal uso de ellos, para beneficio propio o ajeno.

Las arcas de la nación fueron convertidas, y se han manejado durante dos siglos, como una bolsa permisiva y complaciente en la que todos aquellos funcionarios en quienes se encuentran ausentes los principios morales de la honradez y la responsabilidad, metieron sus manos para sacar el mayor puñado de dinero.

La consecuencia de dos siglos de rapiña de los dineros públicos por funcionarios oficiales inescrupulosos y sus secuaces está a la vista: deficiencia y mal estado de las vías; deficiencia, insuficiencia y mal estado de los servicios públicos de salud; deficiencia, insuficiencia y mal estado de los servicios públicos de educación; deficiencia, insuficiencias y mal estado de los servicios de alumbrado, agua potable y comunicaciones; endeudamiento creciente del Estado y carga insoportable de impuestos para tapar los huecos de la corrupción; carencia de verdadero desarrollo socioeconómico y en general detrimento creciente de la calidad de vida de la población.

El congreso y demás cuerpos colegiados, la presidencia de la república, los ministerios, los mandatarios seccionales, las instituciones oficiales de salud, las instituciones oficiales de educación, la rama judicial, unos y otros departamentos, unos y otros distritos y municipios, los entes de control, todas, absolutamente todas las entidades territoriales e instituciones del Estado han sido tocadas por el virus infatigable de la apropiación y malversación de los dineros públicos.

Aspectos otros de la vida nacional en donde no necesariamente se manejan dineros oficiales, también han sido afectados por prácticas indecorosas que igualmente quebrantan las buenas costumbres: las campañas políticas (compra de votos, forzamiento a subalternos para votar por determinado candidato, promesa de puestos o prebendas, el voto cautivo ( "amorralamiento de votantes" ) , etc.

No sería desatinado afirmar que el mayor mal que aqueja la nación y es fuente de la mayor parte de sus pesares es la corrupción, a tal punto que puede incluso encontrarse en ella un generador de la "subversión", la cual algunas voces indican ser el mayor mal del país; estimo que la segunda va unida a la primera como un subproducto de ella por su incidencia en la creciente inconformidad de la población al enfrentar su miseria y desatención oficial con la opulencia de quienes muchas veces han logrado esta, precisamente por la corrupción que llevó a sus bolsillos los dineros que debieron beneficiar en obras de justicia social a todos.

Nuestra Colombia recibió la deshonra de ser calificada en 1997 como uno de los cinco países más corruptos del mundo, sin embargo toda calificación debe partir de datos conocidos: a cuanto asciendera entonces la corrupción no conocida en Colombia? Es sabido que en nuestro medio muchos actos de corrupción, muchos desfalcos al presupuesto del Estado quedan en la más completa impunidad, nunca se abre investigación sobre ellas porque las mismas garras de la corrupción se encargan de evitarlas o desviar su camino para que no lleguen a término de castigar a los culpables.

"En 2002. la Contraloría General de la República (CGR) señaló que de los 26 billones de pesos destinados a la contratación pública 2.2 billones se perdieron por cuenta de la corrupción" (Gamarra José); nótese que aquí se trata de datos oficiales. ¡A cuánto ascenderá la realidad de esa pérdida!

" Según el boletín de responsables fiscales número 41, al Estado se le deben más de 160 mil millones de pesos. En promedio, en cada departamento hay cinco mil millones de pesos que aún no se le han restituido al Estado por cuenta de detrimentos a su patrimonio." (Gamarra J.) De ellos más de 32 mil millones corresponden solamente a reporte de la Contraloría Distrital de Bogotá. Sobresale en el boletín el caso del departamento de Bolívar ya que "Al comparar el tamaño de sus desfalcos con los de Antioquia, se nota que tienen una cantidad muy similar; sin embargo, los entes territoriales de Antioquia (Gobernación y Municipios) ejecutan 3.6 veces más los recursos de Bolívar. Para mirarlo de otra forma, a pesar de ejecutar menos de la tercera parte de lo que se ejecuta en Antioquia, Bolívar presenta unos desfalcos mayores a los de este departamento." (Gamarra J.)

Por su parte el informe de la "Comisión de la Verdad", (citado por Santiago/Gómez) comisión temporal instalada por el Congreso de la República, integrado por el Fiscal General de la Nación, el Superintendente Bancario, el Contralor General de la República, el Superintendente de Valores y el Procurador General de la Nación, al analizar el fenómeno de la corrupción, integrado con la acción del narcotráfico y de los grupos paramilitares (hijas por clonación de la corrupción) y la ineficiencia del sistema judicial, concluye que en detrimento del crecimiento y desarrollo económico del país, entre los años 1989 y 1999, la corrupción generó desfalcos por 7.2 billones de pesos, es decir, cerca de 900 millones de pesos diarios.

En general la corrupción al nivel nacional ha sido feroz en las ultimas décadas donde a pesar de los controles parece disparada la voracidad de los caciques políticos sus secuaces y otros: Colpuertos, El Guavió, el Seguro Social, Dragacol, Cajanal, Inurbe, Caprecon, Empresas Municipales de Cali, Caja de Vivienda Familiar, Caja Agraria, Banco Central Hipotecario, Carbocol, Cámara de Representantes y en toda la frondosa división político-administrativa del país, han sido saqueados sus presupuestos.

En Barranquilla causan gran horror los casos de las Empresas Públicas Municipales y la Empresa Municipal de Teléfonos, entidades otrora orgullo de los Barranquilleros que sucumbieron a la rapacidad de la clase política autóctona. La feria de contratos de las administraciones locales generalmente vistos con recelo en cuanto a la moralidad en su otorgamiento y ejecución, en recientes años nos muestra casos tan deplorables como la adquisición del antiguo edificio del Banco de la República para funcionamiento de la alcaldía local, en el que se estiman sobrecostos al rededor de seis mil millones de pesos por lo que varios mandatarios y funcionarios de sus administraciones se encuentran judicializados en razón de su participación. Y ni que hablar de las "costumbres políticas" mediante las cuales se hacen elegir gran parte de los miembros de nuestros cuerpos colegiados: compra de votos, retensión ilegal de cédulas, tejas, ladrillos, bloques, bolsas de cemento, licor, canasta de alimentos, promesa de puestos públicos, arreglo de vías, presiones de empresarios para mantener el puesto de trabajo, etc. Todas estas son escandalosas formas de corrupción mediante las cuales la clase política no sólo cultiva y fortalece su propia corrupción sino que además propicia la corrupción del pueblo y le predispone a la participación en su sucio juego.

¿Pero que efecto trae todo esto sobre la moral ciudadana?

¡ Es demoledor ¡

El ciudadano se informa y acoge una regla moral que le indica que el trabajo responsable, eficiente y honesto, es la forma correcta para alcanzar el éxito; pero él se ve a sí mismo desempleado, subempleado, o trabajando de manera responsable honesta y eficiente, sin lograr ese éxito; mientras, quienes participan de los actos de corrupción obtienen el éxito económico fácil y rápido y además posición social.

Recibe una información que le dice que el que viola la regla moral es apartado de la sociedad, pero encuentra que con frecuencia ese grupo social acepta, aplaude y elogia al infractor de la regla.

Conoce la existencia de una norma legal que promete el castigo para quien la viole, pero encuentra que las normas también son con frecuencia violadas y los infractores no pagan con frecuencia su infracción a la ley, quedando su infracción en la impunidad.

Percibe que al funcionario público corrupto se le premia con otro cargo público que igualmente será objeto de su voracidad.

Todo esto le trae al ciudadano frustración, escepticismo, conformismo; muchos se hacen a la idea de que la corrupción es tan grande que nada puede cambiar ese flagelo y llegan a verlo como algo a lo que hay que amoldarse, que no hay más alternativa que aceptar, predisponiéndose a aprovechar la primera oportunidad que se le presente para hacer lo mismo. ¡Es el triunfo de la corrupción que crea los mecanismos de su propia reproducción!

¿Y el profesional que emerge de las universidades?

Este percibe, recibe y adopta en cuanto a moral, la misma moral general que percibe el común de los ciudadanos, pero adicional a ello, reglas sobre moral profesional.

Encuentra que él y sus padres hicieron un gran esfuerzo para su profesionalización, pero no halla puestos de trabajo y donde los encuentra es con salarios que no están a la altura de su formación y esfuerzos de educación superior.

Encuentra que cuanta mayor experiencia y formación de postgrado posee menos lo tienen en cuenta en la generalidad de entidades donde presenta su hoja de vida: "Ese Man es un peligro va a andar descontento con el sueldo, nos va a estar exigiendo permanentemente que lo mejoremos y va a trabajar con desgano"

Encuentra que buen número de sus compañeros de estudio viven igual o similar situación y que apreciable cantidad de ellos, para jugar la alternativa de trabajo al servicio del mayor empleador del país, el Estado, se vinculan a las campañas polítiqueras de quienes generalmente se han conocido como abanderados de la corrupción y traficantes de puestos públicos.

Encuentra que sus compañeros y/o colegas que se acercan y se han alineado en las hordas politiqueras y puestos públicos, frecuentemente resultan involucrados en casos de corrupción o deben retirarse para salvaguardar su integridad personal, familiar, moral y profesional.

La aspiración de la población es diáfana, nuestros jóvenes han realizado ingentes esfuerzos en prepararse para tener en su edad adulta un oficio calificado mediante el cual prestar un servicio a la sociedad, satisfacer sus propias necesidades y las de su familia y desarrollarse como ser social, sin embargo se estrella contra una compleja realidad que él no ha creado pero lo devora entre sus fauces, le pulveriza sus sueños le aleja la aspiración de crear su propia familia, le obliga a permanecer bajo el amparo de sus padres y mientras se hunde en la agonía en que permanece sumergido el desempleado o subempleado, se cuestiona acerca de su acierto al momento de elegir profesión y acerca de la utilidad de sus esfuerzos; es el desencanto que llega ante la realidad de un mercado de trabajo deprimido que le ofrece muy pocas posibilidades de ejercer su profesión dentro de estándares de dignidad humana y profesional. Esa realidad asfixiante también es motivada en significativa medida por las heces de la corrupción que tapona los canales del desarrollo económico y social.

¿Qué ha impedido la cristalización de esos esfuerzos?

Evidentemente aquí sobresalen (es la que nos interesa destacar en este trabajo) las orejas del lobo de la corrupción (sin desconocer que ella se origina por factores diversos como la burocracia clientelista, los bajos salarios públicos, la ineficiencia y la escasa sanción social y legal para mencionar algunos); ella hiede y espanta al inversionista honrado, otorga títulos y posición a quien no es digno de ellos; impide, aleja o propicia obras de infraestructura precarias que socavan las posibilidades de desarrollo; estrangula la seguridad social; permite que altos funcionarios cuya responsabilidad es cuidar y administrar con eficiencia la explotación de los grandes recursos naturales con que la naturaleza ha dotado a nuestro país, hayan entregado tradicionalmente esos recursos a la voracidad de intereses foráneos en condiciones desventajosas que sumen al país en la pobreza, mientras ellos obtienen grandes beneficios patrimoniales; merma la confianza en nuestras capacidades y en las instituciones. Y esa corrupción es no solamente uno de los factores principalísimos para que el país no se haya desarrollado adecuadamente, es además uno de los mayores dinamizadores de la violencia en todas su modalidades, aún la llamada "subversión", originando una simbiosis causa/efecto, que pasa a ser un inmenso tronco más en la rueda del desarrollo; es causante en gran medida del descontento de la población con el Estado; del desengaño y escepticismo del ciudadano común; del desánimo al estrellarse el ciudadano con la realidad de que sus esfuerzos honrados no son suficientemente valorados y compensados y el grupo social lisonja al degenerado y es a quien mayormente le abre oportunidades. ¿Puede un país así, con una población en las circunstancias descritas, alcanzar las metas del desarrollo social y económico? Lo estimo poco probable; mientras no controlemos y extirpemos ese cáncer que ha corroído por siglos las entrañas y la conciencia de la nación, no podremos alcanzar el desarrollo deseado.

"Da mucha rabia y mucho dolor constatar cómo se roban a este país. La forma persistente y cada vez más descarada como las tenazas conformadas por corruptos funcionarios, tramitadores, abogados y políticos entran a zarpazo limpio en el tesoro público y se alzan con el patrimonio de los contribuyentes colombianos.

Sucede a lo largo y ancho del territorio nacional y en las más diversas esferas de la actividad estatal: contrataciones, liquidación de pensiones, recursos de la salud, manejo de regalías...

En recientes intervenciones en el Congreso y entrevistas de prensa, Hernández Gamarra (Contralor General) ha señalado casos impresionantes, que constituyen auténticos microcosmos de la corrupción. Para comenzar, los que generan las multimillonarias regalías destinadas a municipios pobres por concepto de exportaciones de petróleo o carbón y que nunca benefician a sus habitantes. Tolú (Sucre) y la Jagua de Ibirico (Cesar) son ejemplos difíciles de superar. Durante muchos años, por concepto de regalías del petróleo, Tolú ha recibido 10 veces más ingresos que cualquier municipio de la región y no ha resuelto ninguna de sus necesidades básicas. Ni de acueducto o alcantarillado. Ni siquiera ha reducido su mortalidad infantil.

Tan o más escandaloso es el del municipio carbonífero de la Jagua de Ibirico, que

en los últimos cuatro años ha recibido 100.000 millones de pesos sin que haya mejorado para nada la calidad de vida de sus 40 mil habitantes.

Un pueblo cuyos dirigentes políticos canalizan millonarios recursos sigue desnutrido, sin agua potable, ni colegios y hospitales, pero votando por los mismos con las mismas. En la Costa y en todas las regiones. Porque la corrupción es consustancial al atraso y la pobreza de este país. Se alimentan mutuamente.

Hay que romper este indignante círculo vicioso, si la democracia colombiana algún día ha de tener bases sólidas. Y ejercer mayor control fiscal, y ciudadano, y periodístico, sobre el uso de los dineros públicos. La lucha contra la corrupción es tan importante como la lucha contra la subversión, porque ambas atentan contra la esencia de nuestras instituciones. Y en ese crucial frente de batalla, el Gobierno está en mora de mostrar más resultados." (Editorial de El Tiempo)

¿PERO DE QUE MEDIOS DISPONEMOS O DEBEMOS DISPONER PARA CORREGIR TODO ESO?

Lo primero debe ser reconocer la magnitud del problema y segundo tener la voluntad y decisión inquebrantable de cambia esa situación.

La voluntad y decisión de cambio a su vez, requiere el cimiento de otros elementos; uno de ellos deberá ser contar con una legislación fuerte que castigue drásticamente la corrupción.

La constitución de 1991 es un buen intento de ambos factores: la revocatoria del mandato (art. 40 n4), las acciones populares para defensa del interés colectivo (art. 88), la responsabilidad de los militares y de los funcionarios civiles (art. 91), la sanción a las autoridades por conducta irregular (art. 92), la consulta popular y el cabildo abierto (art. 103), las causales de inelegibilidad al congreso (art. 179), las incompatibilidades de los congresistas (art. 180), la pérdida de la investidura de congresista (art. 182), la participación ciudadana en el control fiscal (art. 270), la adjudicación de licitaciones en audiencia pública (art. 273). Esas disposiciones constitucionales y otras normas tales como la participación comunitaria en la vigilancia y control de la contratación estatal (art. 66 L.80/93) y la Ley 190/95 sobre normas tendientes a preservar la moralidad en la administración pública y disposiciones con el fin de erradicar la corrupción, constituyen un buen intento.

Ahora falta tomar conciencia de la eficiencia y oportunidad de aplicación de esas herramientas y adicionarles mayor drasticidad, ya que la experiencia cotidiana nos enseña que no han sido suficientes; como los esclavos en su momento aceptaron y convalidaron la esclavitud admitiéndola como una ley natural e irremediable y fueron "felices" con sus cadenas, así nosotros parecemos optar por aceptar y convivir con la corrupción como algo que ya hace parte de nosotros.

Aquí toma vida el otro factor vital para el cambio: solo una educación radical centrada en valores podrá favorecer el cambio de la mentalidad conformista y paralizante que nos convierte en esclavos de la corrupción, y ella deberá comenzar por formar en la materia a quienes hoy tienen la noble misión de enseñar en cualesquiera de los campos y etapas del saber; ellos no fueron preparados para esa trascendental tarea adicional que debe estar fusionada a toda enseñanza de cualquier ciencia.

De igual manera se debe prestar especial atención a los entes de control para que cumplan efectivamente con su misión, separando y castigando ejemplarmente a los funcionarios que cohonestan con la corrupción que deben combatir. "¿ Que sucede si la sal se corrompe?. Qué pasa si las instituciones encargadas del control fiscal caen presas de la corrupción a su interior? Como afectaría ese riesgo el resultado de su gestión y, por esa vía, la del resto de la administración ....?" (Gamarra J.). Informes de Transparencia por Colombia dan cuenta de que más de la mitad de las contralorías departamentales se ubican en la escala de alto o muy alto riesgo de corrupción y ninguna en la de bajo riesgo. Qué podemos esperar de eso? Definitivamente hay que meter la mano fuerte, muy fuerte, en esto de las entidades de control para que cumplan realmente con su misión, en lugar de estar dedicada a expedir patentes de corso para que nuestra variada fauna de ratas humanoides y piratas sigan depredando el tesoro público.

Se requiere pues, en primera instancia, unos entes de control transparentes, debidamente protegidos, y medidas verdaderamente severas tanto contra la sal corrompida como contra la putrefacción personificada que ella debería extirpar. Las otras medidas son complementarias, dirigido todo a alcanzar el fin.

Los Masones debemos condenar y combatir la corrupción por cuanto ella atenta contra la libertad, la igualdad, la fraternidad y la tolerancia, principios insignes de la Masonería; no es admisible que un Masón, en ejercicio de un cargo público o privado, por su propia voluntad se vea involucrado y beneficiado malsanamente en actos de corrupción; todo lo contrario, la presencia de un Masón en el ejercicio de cualesquiera de esos cargos debe ser prenda de garantía de que el mismo se ejercerá con pulcritud, con la mayor honradez y decoro.

Si una persona que se ha iniciado en nuestros templos resulta conscientemente involucrada y beneficiada con actos de corrupción, debería entonces renunciar al mandil ya que no sería digna de llevarlo.

REFERENCIAS
-EL TIEMPO.- El Saqueo de un País. Editorial, agosto 17 de 2005
-FRANCO RAFAEL.- Reflexiones Contables-Teoría Educación y Moral. Tipografía Atenas 1985
-GALLON SANTIAGO - GOMEZ KAROL.- El Fenómeno de la Corrupción y su Influencia en la Economía Colombiana entre 1960 y 1999. Trabajo Segundo lugar en XV Congreso Nacional y IV Latinoamericano de Estudiantes de Economía
-GAMARRA JOSE.- Documentos de Trabajo Sobre la Economía Regional. Banco de la República
-RODRIGUEZ KAUTH ANGEL.- Corrupción e Impunidad: Dos estilos de cultura política latinoamericana. Revista Investigación & Desarrollo. Universidad del Norte, Vol. 8, N° 3, diciembre 2000
-SANCHEZ V. ADOLFO.- Ética. Edit. Grijalbo 1995

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DEMOCRACIA, JERARQUÍA Y MASONERÍA

DEMOCRACIA, JERARQUÍA Y MASONERÍA

Anna María COLL

Vamos a ver como se enfocan estos conceptos atendiendo a la organización social de la Masonería.

La dimensión social del ser humano

Las diferentes repuestas que se dan a la cuestión de si el ser humano es un ser esencialmente social genera otras por vía de consecución lógica que afectan a los aspectos de nuestra vida social: la organización más adecuada del estado, los límites en el ejercicio de su poder…lo que dará lugar a diferentes posiciones.

La sociedad familiar en cualquiera de sus formas está basada en el carácter instintivo que la tendencia sexual y procreadora - protectora de la prole tiene en el ser humano como lo tiene en los animales. Se trata de la supervivencia de la especie, al fin y al cabo.

La sociedad civil es de tipo supra-familiar, basada en la colaboración.  Es en su seno donde el hombre aspira a encontrar lo que necesita para su realización. La sociedad civil, una vez institucionalizada, se convierte en un estado. Respecto a la sociedad civil y al estado, (tome este la forma que sea), considerados como provenientes de un origen natural o de una convención, se plantea un problema filosófico y ha habido a través del tiempo teorías de todos los gustos.  Teniendo en cuenta que la experiencia nos indica una tendencia natural a la formación de grupos humanos más amplios que el mero clan familiar, otra cuestión que se plantea es como se conjugan los diferentes intereses del individuo y del grupo social y las filosofías de los partidos políticos le dan diferentes respuestas.

Ahora bien, hay sociedades o grupos sociales cuyo origen es voluntario y convencional, como puede serlo un club de fútbol, una coral o un partido político.

La Masonería como sociedad voluntaria

En el seno de un grupo social se forman subgrupos compuestos por personas con objetivos comunes. Estas sociedades voluntarias tienen una organización interna conforme al objetivo de la sociedad así como al modo que los fundadores del grupo deciden que debe regirse.  Los sistemas organizativos suelen ser reflejo del sistema regulador de poder imperante en una sociedad civil dada.

La Masonería, como toda sociedad voluntaria, tiene unos reglamentos que definen su sistema organizativo cuyos miembros aceptan al entrar en ella.

Teniendo en cuenta la historia de la Masonería veremos que su organigrama es fruto natural de la concepción de la sociedad civil europea, básicamente cristiana y burguesa, de su tiempo. En el momento de su institucionalización, la del s. XVIII, aunque venga de sociedades precedentes y haya heredado el sistema organizativo de los gremios de constructores.

Origen, funciones y límites de la autoridad en las sociedades

Al igual de lo que sucede en los grupos animales, en todo grupo social humano existe una estructuración que comporta un reparto de papeles, uno de los cuales es el de encauzar a todos los miembros del grupo hacia la consecución de los fines, más o menos concretos, que el propio grupo pretende alcanzar. Este papel directivo reviste un carácter autoritario, imperativo.

A través del tiempo se ha cuestionado la esencialidad de una autoridad en un grupo y la pregunta clave, suponiendo una respuesta afirmativa, es: ¿A quien le corresponde designar al o los individuos que deben ejercerla? ¿Quién debe detentarla? ¿Cuáles pueden ser los mecanismos correctivos o los límites de esa autoridad?

Poder y autoridad

Antes de seguir considerando los roles directivos de una sociedad,  analizaremos algunos conceptos relacionados con ellos. Citaré para ello a Raimon Pannikar cuando dice en su libro EL ESPÍRITU DE LA POLÍTICA:

"La diferencia entre poder y autoridad viene expresada por las mismas palabras. Poder quiere decir capacidad de hacer algo. El poder reside en mí, soy más poderoso que otro si puedo hacer más cosas que él, si tengo más fuerza o capacidades; soy el sujeto del poder. El poder es el "nosotros": el individuo, el grupo, el estado…en relación al "vosotros" sobre quien ejercemos nuestro poder.

Por el contrario, la palabra autoridad viene de auctus, augeo, (lo que hace crecer); la autoridad me es dada, conferida, reconocida. Siendo simplemente lo que soy, los demás reconocen en mí algo que hace que mi persona, mis acciones, mis palabras, tengan para ellos un valor especial. La edad, el valor espiritual, el mérito, son otros tantos factores que fundan una autoridad. Pero siempre es conferida por los demás. Se está revestido de autoridad por los demás; inspira respeto, confianza: es lo que permite al que se le ha reconocido, aconsejar con la autoridad del mando.

El otro capta, en aquel en quien se reconoce la autoridad, la existencia de una fuerza capaz de ayudarle a crecer. Se ordena un sacerdote, se corona un rey, se confiere el título de doctor a un sabio. Se les reviste de autoridad. Pero todos estos investidos de autoridad pueden perderla si no se muestran dignos de ella. Pueden retener cierto poder pero no disfrutan, de cara a los demás, de la misma autoridad. La gran tentación en todos los ámbitos, religioso, científico, político, familiar, es abusar de la autoridad por el poder acumulado, o concentrarse en el poder."

Ha habido diferentes concepciones relativas a las preguntas antes formuladas,  y para quedarnos en el margen temporal correspondiente a los principios de la organización Masónica, podemos recordar las teorías individualistas, que priman el individuo ante la sociedad, y las socialistas, que propugnan lo contrario. Como ejemplo de individualistas, Hobbes, (s. XVII), considerando que homo homini lupus quiere paliar el egoísmo salvaje de los humanos haciendo que renuncien al deseo-derecho que todos tienen sobre todo pactando una renuncia de ello en un poder absoluto que otorgan voluntariamente a un individuo cuya voluntad suplirá a la de todos. Rousseau, (s. XVIII), defiende otra clase de individualismo contractualista en la que cada individuo renuncia a sus privilegios tradicionales pero no a sus derechos naturales constituyendo entre todos una autoridad no personificada sino ideal: la voluntad general.

Representando a las teorías socialistas, Hegel, (s.XVIII-XIX), atribuye al Estado una entidad superior a la del individuo. El Estado es una manifestación del espíritu universal de un pueblo representado por un tutor, un guía, (no un servidor del pueblo) a quien Hegel le  reconoce un poder legislativo  y ejecutivo sin límites. Con eso, Hegel abre las puertas a los totalitarismos estatales.
Marx, por otra parte, considera que el ser humano es básicamente un ser social supeditado a la colectividad que con el tiempo desarrolló la conciencia de individualidad y el egoísmo en algunos de sus individuos. Lo principal debe ser el bien del colectivo, del cual y en función del cual brotan todos los derechos y deberes individuales.

Democracia

De entre todas las formas de adjudicación de los roles de poder en la sociedad, la más ampliamente aceptada en el mundo occidental de donde surge la Masonería es la democracia, (el poder del pueblo). Ésta es una doctrina política que defiende la intervención del pueblo en el gobierno y en la elección de los gobernantes. El término apareció en la Grecia antigua y aunque hubo largos períodos de la historia europea en los que era impensable como forma de gobierno, siempre fueron surgiendo brotes revolucionarios intentando generalizar la igualdad entre los humanos. Desde la Carta Magna inglesa del 1215 pasando por las revueltas urbanas de los ss. XIV y XV que posibilitaron una cierta participación política de la pequeña burguesía y las personas de oficios,  hasta el Renacimiento y la Reforma, que aportaron nuevas bases jurídicas que justificaron el humanismo. La promulgación de The Bill of Rights en 1689 en Inglaterra puso las bases definitivas a la democracia moderna que se aceleraron con las profundas transformaciones económicas del s. XVIII. Por primera vez se definió el principio de separación de poderes: el legislativo, ejecutivo y judicial. Estas nuevas ideas se concretaron en la Constitución francesa de 1791 y en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.  Durante los ss. XIX y XX  la idea de democracia ha estado asociada al respeto de la norma escrita, al constitucionalismo liberal y al parlamentarismo, definiéndose la igualdad de los ciudadanos ante la ley, el sufragio universal con elecciones periódicas, el sistema de partidos políticos y el reconocimiento de una serie de libertades civiles como las de expresión, de asociación y de reunión, de prensa, de religión, etc…

La autoridad civil queda limitada en la democracia porque no es vitalicia ni hereditaria sino que se decide con votaciones periódicas.  Por otra parte, el poder no es absoluto y concentrado en una sola persona sino que está repartido en tres facetas que deben ser independientes para ejercer su función: la legislativa,  confeccionando leyes justas, la ejecutiva, para hacerlas cumplir y la judicial, para castigar sus infracciones.

La jerarquía

La jerarquía es un orden de preeminencia establecido y en cadena de personas, hechos o ideas, según nos define el diccionario.  Es una relación de primacía y de subordinación que liga a las diversas personas o grupos de personas que constituyen una organización. Queda claro que de todos modos y en todas las concepciones de organizaciones sociales hay una jerarquía con más o menos gradaciones hasta llegar al ciudadano, por tamizados y repartidos que queden los roles en una determinada sociedad.

La Masonería, sociedad voluntaria, y su jerarquía.

La Masonería es una sociedad voluntaria, con sus normas establecidas desde hace siglos. Es una sociedad iniciática que tiene por objetivo el mejoramiento de la humanidad pasando por el mejoramiento de cada uno mediante las vías del conocimiento, tratando de alcanzar la sabiduría. 

Un club de fútbol tiene como objetivo el mejorar el estado del equipo y de los individuos que lo componen para ganar a equipos rivales. Un club tiene unos directivos que llevan las cuestiones técnicas y administrativas para poder cumplir con los objetivos y los socios tienen el voto para poder decidir quienes son los directivos y cambiarlos en caso de ineficacia en las próximas elecciones. Un club de fútbol es una sociedad voluntaria con sus normas establecidas y los socios tienen a su alcance los reglamentos de modo que voluntariamente los aceptan cuando se hacen miembros del club.

La Masonería tiene también su equipo directivo, sus reglamentos, su modo de funcionar. La Masonería es un sistema jerárquico, con diferentes niveles, ya que por su peculiaridad se hace heredera de los antiguos consejos de ancianos, donde los que tenían más sabiduría y experiencia tenían un poder decisorio por encima de los jóvenes. De hecho, aunque todos los HH.´. tengan derecho al voto, se considera que solo se es un masón completo cuando se llega a la Maestría.

La organización masónica aparece dibujada en los reglamentos que se entregan a todo Hermano iniciado desde el primer día. Y en algunos rituales de algunas Oob.´. aparece más especificado el concepto que la Masonería tiene sobre la jerarquía y el poder:

- Separación de poderes, en la forma democrática.
- El pueblo es soberano y elige representantes a los que nombra pare ejercer los distintos poderes, por elección directa.
- Las leyes son necesarias así como su cumplimiento.
- Los miembros a quienes se les ha conferido el poder deben someterse también a la ley.

Queda claro y expreso que "el poder ejecutivo ha de ser el agente y no el director del pueblo. Toda autoridad que se arrogue, la envilece y, si puede corromperle, no le es dado mejorarla".

Concepto masónico del poder

En Masonería, especialmente, el poder que se le confiere a alguien es para hacer que se cumplan las finalidades de la Orden, para trabajar en servicio de la Masonería y de la humanidad.

La prerrogativa especial que tiene el poder,  según fuentes masónicas, es " el derecho de gracia y el poder de hacer bien siempre que la justicia y la equidad se hallen en oposición". El jefe del poder ejecutivo debe poseer el derecho de gracia porque "como la ley ha de ser inviolable y se ven casos en que su aplicación fuera inútil y tal vez dañosa, pues no es posible preveerlo todo, conviene que alguno esté autorizado para detener su curso y nadie se considera más a propósito que aquel que ha merecido la confianza de la nación…"

Precisamente éste es el punto que trata W. A. Mozart en su poco conocida ópera: La clemencia de Tito. Esta ópera la compuso al tiempo que trabajaba en La Flauta Mágica y trata del debate interno que sostiene el emperador Tito entre la justicia y la clemencia. Encargada para la coronación del emperador germánico Leopoldo II, se adaptó de un libreto escrito por Metastasio para celebrar el cumpleaños de Carlos IV, abuelo de Leopoldo. Caterino Mazzolà adaptó el libreto para la ópera pero se sabe que Mozart hizo también sus aportaciones. Es una obra sobre el poder y sobre la clemencia como prerrogativa suma del poder. Cuando el emperador podría dar rienda suelta a su justa ira contra los sublevados, sólo su clemencia le define como poderoso. Entre varios monólogos, resalto el siguiente:
TITO -
"Si el imperio, dioses
amigos, necesita un
corazón severo, quitadme
el Imperio o dadme
otro corazón. Si la devoción
de mi reino con el amor
no aseguro, desprecio
la devoción que es fruto
del miedo".

De hecho, La Flauta Mágica  se refiere a lo que el hombre se debe a sí mismo, La Clemenza di Tito a lo que el hombre debe a sus semejantes, a la vertiente social y el Requiem está dedicado a ubicar al hombre con respecto a lo transcendente, en una visión cosmogónica.

La Masonería, una institución jerárquica, y la democracia

En una institución formada por personas que buscan la sabiduría y la equidad, que es una escuela en la que el individuo puede y debe perfeccionarse,  es de lógica que no solo los más capacitados, sino aquellos a los que se les reconoce su sentido del honor y su conciencia, el consejo de ancianos, sean los que organizan la estructura de esta sociedad y velan porque los objetivos se cumplan. Con el estudio del pasado, con una mayor información de la situación general y con su  experiencia en el perfeccionamiento individual, son los más indicados para tener una visión global y para que sus decisiones sean tomadas una vez dejados los metales en la puerta del templo.

Ahora bien: teniendo en cuenta que la Masonería, como sociedad humana que es, no está compuesta por seres angélicos dotados de perfección,  en algún momento, algún Hermano puede fallar. Por ello, si la elección del pueblo hubiera sido inadecuada, si alguno de los miembros a los que se les ha conferido el poder hubiera permitido que los metales influyeran excesivamente en sus decisiones, si hubiera caído en la tentación del poder por el poder, el buen juicio de la mayoría podrá restablecer el equilibrio debido en próximas elecciones. Mientras tanto,  otros miembros del consejo pueden equilibrar los desvíos ocasionales.

La Masonería es una sociedad voluntaria que admite en su seno a personas de diferentes visiones y posturas políticas. Uno puede estar en contra de la autoridad y el poder de una manera radical, otro ser socialista, otro individualista. ¿Qué tienen en común personajes como Bakunin, Churchill, Sandino, Voltaire o Franklin? Eran masones y fuera cual fuere su visión política, acataban las reglas de funcionamiento de la sociedad a la que voluntariamente se habían adherido.

No hay gurus en la masonería y se prohibe con más o menos contundencia el debate político precisamente para evitar enfrentamientos. Por supuesto,  una vez dentro de la Masonería, cada uno debe respetar sus reglas y su organigrama y no tratar de aplicar en ella su visión personal de lo que debe ser y como debe organizarse la sociedad civil. Ésta es una sociedad, como hemos dicho, voluntaria, como lo puede ser una sociedad deportiva. Esta sociedad nuestra tiene su sistema organizativo que está pensado para el bien de todos. Hay que confiar en los que nos han precedido y no pretender cambiarla y menos desde la limitada óptica de la base. Con el tiempo y con una perspectiva más amplia, los miembros de esta sociedad podrán adaptar algunas opciones, sabiendo discriminar lo que es esencial de nuestra Orden con lo que son detalles adicionales fruto de una visión específica de un tiempo y un lugar.

He dicho.

MASONERÍA Y POLÍTICA

La Masonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada.
 
LOGIA MIGUEL SERVET
GLSE
 
Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la .humanidad para hacer su vida más fraternal.
La Masonería es una sociedad de hombres libres y de buenas costumbres, con libertad de opción política, mas identificados y comprometidos en la prosecución de los ideales de libertad, igualdad, fraternidad y justicia.  Éstos, inequívocamente fines políticos, y como tales socialmente trascendentes, conforman el ideario Masónico: un conjunto de referentes que la Masonería y los Masones tienen, en cada momento y circunstancia, la obligación de defender e impulsar.
Es tan cierto que en las logias no se hace cuestión de política, en su aspecto concreto, como que la Masonería no es, ni puede ser una institución apolítica, porque su campo de acción es el hombre en su entorno vital. Se denota, así, una agrupación plural que actúa mediante la unión en la diversidad, donde el respeto a las libérrimas opiniones individuales se sublima por la asunción colectiva de un elenco de principios, los objetivos últimos, que constituyen el núcleo de la ideología Masónica.  Por tanto,’ los objetivos de la Francmasonería presuponen de sus miembros convicciones democráticas y sensibilidad social, como exigen que la Masonería deba actuar, cada tiempo y lugar, en el contexto político - social en que desarrolle su actividad. No mediante la lucha partidaria, opción legítima de cada Masón, sino en el ámbito moral e intelectual de la reflexión y del análisis, de las ideas y el pensamiento crítico. Es en este terreno donde el trabajo de la Masonería debe ser, además, política y socialmente influyente, ya que se trata, al fin, de transformar la realidad.  Una institución en cuyo frontispicio figuran la libertad, la igualdad y la justicia sabe que esos ideales precisan de un esfuerzo secular y, en cada momento, de un compromiso con la realidad, de un compromiso con la acción, pues día a día detecta que no es completa la democracia, que no es bastante la libertad, que es insuficiente el progreso. La Masonería sólo puede vivir en libertad, pero la libertad es una lucha inacabada que demanda participación. La Masonería la asumió hasta el triunfo de la revolución burguesa y lo seguirá haciendo mientras no reinen la paz y la fraternidad en el planeta.
La Francmasonería es una sociedad de consenso, de respeto y tolerancia. Su triple postulado, de fraternidad, libertad y justicia - el corazón de la Masonería especulativa -, puede resumir el nuevo código ético universal que los modernos pensadores desde Ortega a Huxley, desde Galbraith a Russell, desde Spengler a Eliot, Fromm o Steiner, requieren para evitar que nuestra civilización se resquebraje, incapaz de sostenerse ante la crisis de valores, la moderna tecnología y el poder del dinero, como ha escrito Luis Racionero.
Esta preocupación de los modernos pensadores es la preocupación y debe ser la ocupación de la Masonería M siglo XXI. Sabemos que los valores de la razón y del amor no han arraigado en el cerebro ni en el corazón de los hombres y que la humanidad no podrá afrontar los conflictos venideros sin una nueva escala de valores que puedan ser asumidos por miembros de todas las razas, religiones, culturas y costumbres.
Como una vía para el progreso de los hombres y de la humanidad, como una sociedad que destaca el valor supremo de la libertad y la vida, la democracia como forma superior de convivencia, la tolerancia, el respeto y la paz, la Masonería debe hacer oír su voz, aportar su afán por la comunión universal de culturas y sensibilidades, reafirmando su compromiso con la razón y con el amor, únicas palancas capaces de mover el mundo.  Esta sensibilidad - nada de lo humano le es ajeno- es la primera y última razón de la Francmasonería, su ideología y el campo irrenunciable de su acción intelectual, moral, política y social.
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LA MASONERÍA DEL TERCER MUNDO

Felipe Royett González 33°
Gran Maestro de la Gran Logia Nacional de Colombia
Oriente de Barranquilla

Resulta paradójico que siendo la Masonería una Institución Universal, a sus miembros les resulte complicado observar una conducta homogénea para enfrentar las realidades sociales de cada país, por el desarrollo económico desigual que se ha operado en los llamados  "mundos" en que nos han dividido los economistas.

Ello parecería un contrasentido pues el Masón debería ser lo más parecido a lo que en ocasiones oímos denominar como "ciudadano del mundo".  Una persona cosmopolita, que se siente cómodo tanto en un país del mundo más desarrollado como en cualquiera de los países del tercer mundo.  ¿Será verdad tanta belleza? Todo ello es posible, pero se dificulta ser un Masón cosmopolita cuando se tienen graves problemas en casa.  No se está tranquilo, no se come tranquilo.

¿Será posible vivir con tranquilidad cuando tenemos la certeza de que millones de niños se acuestan con hambre en  los países del tercer mundo?

El tema da para largo.  Resulta que nuestra filosofía Masónica está cimentada en la construcción de ese Templo que llamamos "hombre", para proyectarlo a la sociedad en que vive; en la  formación de su personalidad para guiarlo por medio de un largo aprendizaje a una nueva realidad interior que le permita desenvolverse en su ambiente social con el ejemplo de nuestra ética Masónica, vale decir, que esté en capacidad de comportarse como un hombre de bien y de buenas costumbres, conforme a las exigencias de nuestros cánones litúrgicos.

Una cosa es el trabajo en nuestros Talleres, en donde nos encontramos rodeados de hermanos dispuestos a aprender y enseñar, en un ambiente de confraternidad y desprendimiento como no se conoce en otras organizaciones y otra el trabajo dentro de la comunidad donde el Masón cotidianamente entra en contacto directo con "el mundo" que lo vio nacer, crecer y formarse.  Ese "mundo"  tarde o temprano tendrá que enterarse de la condición de Masón del hermano que en él convive con los demás, y ahí es donde su comportamiento habrá de compararse con el de los demás.  En ese ambiente social encontrará toda suerte de presiones para que tome posiciones en uno u otro sentido, no habrá lugar a indefiniciones en determinados momentos, cuando se le ponga a escoger opciones de tipo económico, político, académico, filosófico o científico.

Yo diría que las cosas se le facilitan al Masón cuando adquiere una aceptable cultura Masónica que lo oriente dentro del mundo profano, entendiéndose por tal, el conocimiento de nuestros más sagrados principios, con plena capacidad para ponerlos en práctica, sea cual fuere el compromiso que adquiere en la vida social.  Y se le complican cuando habla con la verdad, o su verdad, y entra en conflictos con "ciertas verdades" preestablecidas, al tener  que mantener posiciones contrarias a las que pongan en peligro su libertad de expresión.

El título de este trabajo es muy ambicioso, pero vamos a tratar con pocas palabras de desarrollar la idea que tenemos en mente para que el debate lo enriquezca.  El tercer mundo ha sido víctima de la más cruel explotación durante varios siglos y la situación actual de nuestros pueblos tiende a empeorar.  Colombia es un típico ejemplo de cómo sus clases dirigentes han sido inferiores a la misión de llevarlo al nivel de los pueblos civilizados.  Casi nadie duda que los regímenes que han gobernado a Colombia desde la independencia muestran  un balance lamentable.  Un verdadero fracaso.  Al lado de las modernas ciudades capitales de los departamentos más desarrollados, existen cordones de miseria tan espeluznantes, que uno se pregunta cómo este país ha soportado tanto atropello a la dignidad de sus gestos.  No podemos mostrar con orgullo un país como pueden hacerlo los hermanos norteamericanos, ni el de los hermanos ingleses o el de los italianos o franceses.  Esos son país que llaman del primer mundo, que hoy se encuentran históricamente ubicados en sitios de privilegio, cuyos habitantes difícilmente podrán entender nuestras desgracias.

El fracaso de nuestras naciones va íntimamente ligado a la explotación que han sufrido por parte de las grandes  potencias económicas, que nos llevan siglos de adelanto social, tecnológico y científico.  Lo peor es que ni siquiera hemos sabido copiar modelos de desarrollo de afuera, y me atrevo a pensar  que si hubiéramos imitado de las grandes potencias, por ejemplo, así sea en mínima proporción, la obligación de asignar partidas importantes de nuestros presupuestos para la investigación científica, otra hubiera sido nuestra suerte, por lo menos estaríamos mejor ubicados en ese campo tan importante para el desarrollo social.  Si hubiéramos sostenido la tarea adelantada con notable visión futurista por el general Santander, en materia de instrucción pública, Colombia hubiera sido un país modelo en política educativa.  Todos los intentos de separación de la Iglesia y el Estado, promovidos especialmente por la Masonería, fueron mal entendidos por nuestras clases dirigentes, cuyos intereses mezquinos generalmente eran fieramente defendidos desde las altas esferas del poder.

Nuestros pueblos son supermercados gigantes del consumismo creado por los economistas de las grandes potencias.  Nos han hecho olvidar que el desarrollo depende de la forma como se organiza la tenencia de la tierra, con verdaderas reformas agrarias que contribuyan a darle impulso a nuestras incipientes industrias.  Nos han hecho olvidar que el proteccionismo es conveniente cuando se trata de evitar que nuestras industrias participen en el canibalismo competitivo de la economía globalizada.  Los medios de comunicación nos invaden las veinticuatro horas del día con la propaganda nociva de la globalización, de la libre competencia y todas esas teorías que lo único que nos han demostrado es la quiebra generalizada de nuestras empresas con el consiguiente desempleo, que hoy en Colombia supera el índice escandaloso del 20%

Entonces contemplamos con tristeza qué tan distintos y alejados son los intereses de los hermanos Masones de esas potencias económicas de los intereses de los hermanos Masones de estos países  explotados.  Mientras aquellos ya han resuelto el problema de la educación  pública, garantizándola con eficacia hasta la escuela secundaria, por lo menos, acá la hemos privatizado, como cualquier mercancía, sujeta a la ley de la oferta y la demanda, lo que ha dado como resultado el más bajo nivel académico, la proletarización del magisterio y un analfabetismo igual o peor que hace 50 años.

Cuando allá el fenómeno del latifundismo pasó a la historia y se le asocia con los tiempos del feudalismo, en nuestros países hablar de reforma agraria es la ofensa mayor que se le puede hacer a un terrateniente.

Cuando un obrero allá gana lo suficiente para vivir decentemente y distraerse, el salario mínimo en nuestros pueblos es una vergüenza, a tal punto que uno no se imagina cómo puede una persona vivir con su familia con escaso trescientos mil pesos mensuales.  Entonces vemos que vivimos en universos distintos, a pesar de ser Masones allá y acá, hablamos un lenguaje diferente.  Por ejemplo, los Estados unidos, el Masón como buen altruista, práctica la caridad de una manera muy activa, ha organizado sistemas de ayuda admirables porque cuentan con grandes recursos.  En cambio el Masón nuestro está más

bien para que lo ayuden, con formidables tareas aún para emprender, a tal punto que nos parece un sueño que llegue el día en que alcancemos esos niveles de desarrollo.

Son dos mundos diferentes, con intereses tan contrapuestos que para conseguir un trato justo y respetuoso, no hay otro camino que adoptar posiciones dignas y nacionalistas.  Ahora quieren hacernos creer que el nacionalismo está mandado a recoger, que el mundo tiende a la eliminación de las fronteras y que lo que conviene a la humanidad es el reino de la libre competencia.  Es la teoría darwiniana de la selección natural llevada al plano de las relaciones económicas entre las naciones.

Todo conduce a pensar que estamos abocados a depender per secula seculorum de una tecnología que nos lleva muchos años de ventaja, si no actuamos por cuenta propia, lo cual, por supuesto implicará asumir grandes riesgos.  Es aquí donde los Masones debemos examinar cuidadosamente la situación en que se encuentran nuestros países y el papel que nos tocará desempeñar para contribuir con nuestras propuestas en las soluciones que mejor convengan.  Nuestra Institución  no tiene permitido en su seno  la discusión política de orden partidista, pero no prohibe que se examine y se analicen los grandes problemas que tengan que ver con los altos intereses de la patria y de los demás pueblos con intereses afines.  La Masonería colombiana en el país desempeñó un papel muy importante en la formación de nuestra nacionalidad, pero fue un papel de avanzad, siempre en pos de impulsar las ideas más progresistas para el logro de los ideales democráticos.  En los momentos de crisis, allí estuvieron nuestros hermanos interviniendo activamente, aportando con su ideario Masónico todo lo que pudiera hacer progresar a la patria.

Personalmente  pienso que nuestros pueblos  latinoamericanos deben buscar prioritariamente la unidad de propósitos, tanto en lo político como en lo económico, para intentar la búsqueda de una identidad que hoy no se tiene.  A nosotros nos han desunido para que las grandes potencias hagan lo que se les venga en gana con nuestros recursos.  Nosotros no tenemos autonomía  para fijar los precios de nuestros productos básicos, esos precios no los imponen desde afuera.  Entonces si existe una tarea a desarrollar que tenga verdadera importancia en los momentos actuales es la lucha por la integración latinoamericana.  La Masonería tiene herramientas muy eficaces para el intercambio de ideas con nuestros hermanos  latinoamericanos y créanme  que estas ideas que hoy les expongo son motivo de preocupación en muchas otras grandes logias de nuestro hemisferio.  La Masonería latinoamericana todavía puede rescatar la práctica del humanismo para contraponerlo al frío pragmatismo que nos quieren imponer los textos de mercadotecnia.

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